Brasilia. En momentos en que Dilma Rousseff parece dirigirse a una victoria segura en las elecciones presidenciales de Brasil, surgen dudas sobre cómo manejará a sus a menudo indisciplinados aliados, que ya compiten por cargos en un nuevo gobierno.

Los sondeos de opinión muestran que Rousseff, del oficialista Partido de los Trabajadores (PT), cuenta con una amplia ventaja de cara a los comicios del 3 de octubre de este año.

"Formar un Gabinete será una gran prueba (para Rousseff), hay mucha gente hambrienta de poder" dijo Ricardo Ribeiro, analista político de la consultoría MCM.

Un triunfo arrollador podría otorgarle un mandato sólido y una mayoría parlamentaria más amplia, que le ayudarían a conseguir la aprobación de reformas a los sistemas impositivo y previsional que ha propuesto para volver más competitivo a Brasil.

Pero Rousseff también enfrentará una temprana prueba a su capacidad de liderazgo en la medida en que sus aliados, envalentonados por su ventaja en los sondeos, mudan su enfoque desde las críticas al candidato opositor, José Serra, a asegurar influencias en una nueva coalición de Gobierno.

Además, la candidata oficialista tendrá que sopesar las exigencias de su propio partido, dividido entre izquierdistas que buscan un mayor rol del Estado en la economía y moderados que apoyan las políticas de mercado de presidente Luiz Inácio Lula da Silva, que en diciembre acabará su segundo mandato consecutivo.

Rousseff, una tecnócrata de 62 años que nunca ha logrado un cargo de elección popular, carece de la popularidad y del obvio carisma de Lula, elementos que lo han ayudado a manejar a la coalición integrada por 10 partidos.

"Formar un Gabinete será una gran prueba (para Rousseff), hay mucha gente hambrienta de poder" dijo Ricardo Ribeiro, analista político de la consultoría MCM en Sao Paulo. "Si no se hace bien, podría arruinar su luna de miel", agregó.

Rousseff, que con el apoyo de Lula ha logrado sacar una formidable ventaja de 20 puntos o más en los sondeos de opinión, ya enfrenta exigencias de cargos de liderazgo en el Gobierno y en el Congreso de parte del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), el principal aliado de la coalición.

Exigencias partidistas. El PMDB, un partido de centro sin una ideología firme y propenso a protagonizar escándalos de corrupción, ha sido clave para la votación de leyes durante el Gobierno de Lula en su calidad de mayor grupo en el Congreso y ahora busca más poder.

El partido quiere aumentar sustancialmente sus cargos en empresas estatales, además de incrementar el número de carteras que tiene en el Gabinete, actualmente seis, dijeron líderes del PMDB a Reuters y a medios locales.

El riesgo es que el PMDB pueda dictar la agenda de Rousseff e insistir en designaciones políticas en vez de técnicas para entidades estatales, como la gigante petrolera Petrobras.

Eso podría minar el objetivo de la ex jefa de Gabinete de mejorar la eficiencia del Gobierno, además de aumentar el riesgo de escándalos de corrupción que le costaron a Lula varios asesores en los últimos ocho años y por momentos amenazaron con paralizar su Gobierno.

"Si cede, parecerá vulnerable; si no, tendrá algunos aliados descontentos. Es un riesgo", dijo desde Brasilia el consultor político José Luciano Dias.

Rousseff también enfrenta presiones de la izquierda de su partido, que busca una mayor influencia en el nuevo Gobierno.

"La izquierda tratará de recuperar el terreno que perdió durante el Gobierno de Lula. Rousseff intentará marginarlos, pero creará mucho ruido desagradable", sostuvo Dias.

La enorme popularidad e influencia de Lula ayudaron a sumergir esas diferencias, pero éstas podrían volverse más evidentes a menos que Rousseff actúe rápidamente para estampar su autoridad en un nuevo Gobierno.

"Si Dilma no puede salir de la sombra de Lula a comienzos de su administración, las posibilidades de que su presidencia termine en fracaso serán bastante altas, especialmente si Brasil encuentra cualquier tipo de contratiempo económico serio", dijo la semana pasada Tony Volpon, analista de Nomura Securities, en una nota a sus clientes.

Ante ese panorama, algunos analistas sospechan que Rousseff mantendrá a Lula cerca para que la ayude a formar un nuevo Gobierno, y quizás más.

"No tendrá un título de trabajo formal, pero estará ahí", vaticinó Ricardo Ribeiro, de la consultoría MCM.