Ramos Mejía, Argentina. Tanto en los barrios ricos como en los asentamientos pobres, los argentinos viven con alarmas contra robos, ventanas con rejas de hierro y un creciente temor a los crímenes violentos en los suburbios de Buenos Aires.

Los argentinos solían estar orgullosos de que su país fuese una excepción a la regla en una región notoriamente violenta, pero las percepciones han cambiado, y el creciente temor a ser víctima de un crimen amenaza con dominar la campaña electoral para las elecciones presidenciales.

A siete meses de los comicios, las encuestas de opinión muestran que la inseguridad es la mayor preocupación de los votantes, aún más que la inflación de dos dígitos, y el tema podría ser un punto débil para la presidenta Cristina Fernández en caso de que se presente a la reelección, como se espera.

"Mirá lo que es mi casa. Rejas por todos lados, alarma, lo tenés a la vista. Estamos presos", dijo el comerciante Raúl Martino, cuyo hijo fue asesinado en un intento de robo el año pasado.

"La escuchás hablar a la presidenta y la inseguridad acá no existe. La inseguridad es total y la mentira es permanente", agregó.

El temor a ser víctima de un crimen violento está más presente en el densamente poblado cordón urbano que rodea la ciudad de Buenos Aires, donde conviven hogares de clase media y asentamientos precarios.

Opositores de derecha acusan a Fernández, de centro-izquierda, de tener una postura blanda contra el crimen, y de escuchar las demandas de una política de tolerancia cero.

Imagen positiva entre la ciudadanía. La mandataria tiene una imagen positiva del 50%, con mucha ventaja respecto de sus rivales más cercanos, pero opositores de derecha, como el ex presidente Eduardo Duhalde y el alcalde de Buenos Aires, Mauricio Macri, podrían utilizar el tema para erosionar su liderazgo.

En un discurso en el Congreso, pidió a rivales y a medios opositores que no usen la inseguridad para beneficio electoral o para golpear al Gobierno.

"(Mayor seguridad es) un valor que no puede estar sometido a discusiones y a tironeos infantiles de un lado o del otro, la seguridad es la seguridad y no debe tener ideología", señaló.

La encuesta más reciente realizada por Poliarquía, elaborada en febrero, mostró que el 40% de los argentinos considera al crimen como el principal problema del país, por encima del desempleo, citado por el 11%, y la pobreza, por el 8%.

El temor a ser víctima de un crimen violento está más presente en el densamente poblado cordón urbano que rodea la ciudad de Buenos Aires, donde conviven hogares de clase media y asentamientos precarios.

Ramos Mejía, el barrio donde vive Martino, está ubicado en La Matanza, el distrito electoral más grande de Argentina. El enorme suburbio en la provincia de Buenos Aires es un fortín del partido peronista con más de 1,3 millones de habitantes y fue clave en la victoria de Fernández en el 2007.

Pero Fernández sufrió una dura derrota electoral frente a Francisco de Narváez y su política de tolerancia cero con el crimen cuando su difunto marido perdió ante él en las elecciones legislativas del 2009 en la provincia de Buenos Aires.

Y muchos argentinos dicen que el Gobierno liberal de Fernández aún no está enfrentándose al crimen.

"Hoy el progresismo sostiene que uno se debe dejar robar, matar y violar", dijo Constanza Gugliemi, directora de la organización no gubernamental Mejor Seguridad.

Los crímenes de alto perfil, como el caso de la mujer embarazada a la que le dispararon mientras salía de un banco en La Plata y como consecuencia perdió su embarazo, están impulsando el debate para bajar la edad de imputabilidad a los 14 años, desde los actuales 16.

La policía tiene la orden de operar sin su arma de fuego reglamentaria, una demostración de cuánto busca el Gobierno de Fernández evitar acusaciones de mano dura en la antesala a las elecciones presidenciales.

"Blanda contra el crimen". Ciudadanos enojados han recurrido a la ya reconocida práctica de golpear cacerolas para atraer atención sobre el aumento en la tasa de crímenes, y muchos grupos civiles reclaman una mayor presencia policial.

"El gobierno ha perdido algunos puntos, justamente por la percepción generalizada de falta de control de la situación", dijo Graciela Romer, analista política. "Se le percibe al gobierno como mano blanda ante el crimen", agregó.

En un aparente esfuerzo de recuperar la iniciativa de la ley y el orden, Fernández creó un ministerio de Seguridad en diciembre y temporalmente aumentó la presencia de la policía de la provincia de Buenos Aires con efectivos de Gendarmería Nacional.

Pero los críticos dicen que medir el crimen en Argentina es difícil por la falta de datos y de un archivo centralizado.

El ampliamente desacreditado Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) desde 2007 reporta una inflación por debajo de la real, y algunos analistas acusan al Gobierno de manipular otros números también.

En el 2008, los robos reportados alcanzaron los 1.935 desde los 1.809 casos entre 100.000 personas del año anterior, de acuerdo con los datos más recientes del ministerio de Justicia. De todas formas, la cifra sigue muy por debajo del máximo de 2.497 casos cada 100.000 personas del 2002.

Mientras numerosos candidatos de la oposición luchan por posicionarse y crear alianzas lo suficientemente fuertes para enfrentar a Fernández, una postura fuerte contra el crimen podría dar buenos resultados en áreas clave como Ramos Mejía.