Caracas. La detención de un grupo de colombianos en Venezuela acusados de espiar y sabotear el sistema eléctrico del país petrolero amenaza con crispar aún más las deterioradas relaciones entre los vecinos andinos, cuya relación comercial se hunde en picado por la tensión política.

El Gobierno venezolano calificó este viernes de "inaceptable" la acusación del presidente Álvaro Uribe sobre la violación de los derechos humanos de los ocho detenidos y advirtió que el conflicto podría continuar luego de que el mandatario colombiano deje el poder en agosto.

"No contento con haber destruido las relaciones políticas, diplomáticas y comerciales entre Venezuela y Colombia, (Uribe) ahora pretende forzar a quien le suceda en el cargo a adoptar ese triste legado", dijo el Ministerio de Relaciones Exteriores en un comunicado.

El presidente venezolano, Hugo Chávez, congeló el año pasado las relaciones diplomáticas y comerciales con el país cafetero como retaliación por la decisión de Bogotá de ampliar la cooperación militar con Estados Unidos, lo que Caracas considera una amenaza para su seguridad nacional.

La creciente tensión política se ha propagado al mercado, donde el peso colombiano bajó el viernes en parte por el nerviosismo que ha generado entre los inversores el caso de los "espías eléctricos", que podría dificultar una eventual recuperación de las relaciones comerciales.

Analistas creen que ambos mandatarios mantienen viva la tensión diplomática para jugar la baza nacionalista cuando enfrentan momentos de alta tensión política, pese a que el derrumbe del comercio binacional amenaza con complicar la recuperación económica a ambos lados de la frontera.

Chávez y su revolución socialista encaran unos meses difíciles antes de los comicios legislativos de septiembre, con su popularidad bajo presión por una severa crisis eléctrica que ha obligado a racionar el servicio en el país petrolero, una economía en recesión y una inflación disparada.

Por su parte, el conservador Uribe busca que su partido logre mantener el poder en las presidenciales de mayo, para las que su candidato Juan Manuel Santos, ex ministro de Defensa y un duro crítico de Chávez, tiene ventaja en los sondeos.

¿Espías o turistas?. Las autoridades venezolanas dijeron que los supuestos espías, dos de los cuáles trabajaron para el Ejército colombiano, portaban en el momento de su aprehensión fotos de instalaciones eléctricas e infraestructuras viales, así como documentos en inglés, cámaras, computadoras y equipos satelitales.

Uribe admitió que dos de los arrestados trabajaron para un dispensario de salud en el Ejército, uno como médico y una mujer como farmacéutica, pero aseguró que el grupo de colombianos estaba haciendo turismo y que están vinculados a una fábrica de helados en Venezuela.

"Constatamos que el material fotográfico que estaban en las cámaras que se les decomisaron (...) no hay ninguna foto de una playa o de un paisaje turístico", dijo la defensora del Pueblo de Venezuela, Gabriela Ramírez, quien también aseguró que han dado todas las garantías procesales a los detenidos.

Uribe insistió en un acto de Gobierno que a sus compatriotas se les respete el debido proceso y la presunción de inocencia, al tiempo que cuestionó que funcionarios de Caracas los hayan condenado por ser colombianos.

"Nosotros tenemos derecho a exigir, obligación de exigir que a esos colombianos se les respete el debido proceso, la presunción de inocencia", dijo el mandatario quien agregó que las pruebas contra los colombianos no son contundentes.

Este tipo de desencuentros son frecuentes entre ambos gobiernos, que pese a sus diferencias ideológicas habían construido un multimillonario comercio bilateral desde que Chávez llegó al poder hace más de una década, superando los 7.000 millones de dólares en el 2008.

En octubre del año pasado, Venezuela dijo que había capturado a varios efectivos de seguridad colombianos que supuestamente realizaban labores de inteligencia. Tres meses después, Colombia anunciaba la captura y expulsión de dos supuestos espías venezolanos.

Pese a que las recurrentes crisis políticas entre Chávez y Uribe, casi siempre con el conflicto interno colombiano como telón de fondo, fueron superadas en el pasado entre abrazos y sonrisas, el impasse por los acuerdos militares entre Bogotá y Washington no parece tener una solución en el corto plazo.

Chávez, principal crítico de Estados Unidos en la región, cree que bajo la excusa de combatir la guerrilla y el narcotráfico, el aumento de la presencia militar del "imperio" en el país cafetero es el preludio de una invasión para apropiarse del petróleo venezolano.

Bogotá y Washington lo niegan y por su parte expresan preocupación por las multimillonarias compras de armas rusas y chinas que ha realizado Caracas en los últimos años para modernizar sus fuerzas armadas ante un eventual conflicto bélico.