París. Mientras la euforia post-electoral desaparece, el presidente francés François Hollande vuelve de las vacaciones bajo presión para mostrar que más allá de desmantelar el legado de su predecesor, puede actuar con determinación en su país mientras lidia con una recesión en Europa.

A su regreso, lo espera una crisis que sigue asediando a la zona euro, frágiles relaciones con la canciller alemana Angela Merkel y sus opositores políticos, quienes lo acusan de broncearse en la playa mientras se desata el caos en Siria.

Hollande, cuya victoria electoral se debió en gran parte al malestar del electorado con Nicolas Sarkozy, evitó prometer una rápida recuperación económica, argumentando que los ricos deberían poner más de su parte para ayudar a restaurar las finanzas públicas de Francia.

Sin embargo, la economía francesa sigue en un persistente estancamiento y una serie de revueltas durante las vacaciones de Hollande destacaron el desafío que enfrenta para mejorar las vidas de quienes viven en las deprimentes urbanizaciones que rodean a varias ciudades francesas.

Cuando cumpla 100 días en el cargo esta semana, el socialista que se catalogó de "señor normal" y prometió acabar con el estilo llamativo del conservador Sarkozy ha cumplido con ese frente.

Elevó los impuestos a los más adinerados que Sarkozy bajó, retiró parcialmente una reforma que elevaba la edad de pensión a 62 desde 60 y eliminó los planes para aumentar el impuesto a las ventas, IVA.

Hollande redujo su propio salario (Sarkozy lo había elevado), viaja por tren en vez de avión cuando puede y le dice a su chofer que detenga el auto en las luces rojas, lo que posee una gran importancia simbólica.

El problema ahora es que tras cambiar el estilo presidencial, Hollande necesita probar que es un líder efectivo -o como se dijo a sí mismo antes de las elecciones del 6 de mayo, probar que "simple no significa mediocre".

No obstante, como reportó el fin de semana el influyente periódico Le Monde, hay un riesgo de que Hollande - quien regresó en tren el domingo por la noche a París tras dos tranquilas semanas en la fortaleza presidencial de Bregancon en la costa de la rivera francesa - quede atrapado en "una trampa de normalidad".

El mandatario necesita refutar las declaraciones electorales de Sarkozy de que "la normalidad (de Hollande) no cumple con las exigencias del cargo".

"Fue una gran idea para ganar una elección pero ¿es suficiente para gobernar?", dijo Jean-Luc Mano, un consultor de comunicaciones políticas, a Le Monde.

La popularidad de Hollande desciende. En un sondeo reciente, la agencia encuestadora Ifop dijo que el porcentaje de personas que decían estar satisfechas con él bajó a 56 por ciento en julio desde 59 el mes previo y desde 61 en mayo, el mes en que ganó las elecciones.

Las cifras son levemente más débiles que las de Sarkozy al inicio de su mandato, pero las encuestadoras dicen que Hollande llegó a mitad de una crisis y Sarkozy asumió el poder en momentos de mayor confianza y optimismo.