Roma. Italia estaba inmersa este viernes en un torbellino político después de que el primer ministro, Silvio Berlusconi, rompiera estrepitosamente con el que fue su aliado de centroderecha más poderoso, Gianfranco Fini, poniendo al país ante la posibilidad de unas elecciones anticipadas.

En una serie de tensos acontecimientos que alcanzaron su clímax el jueves por la noche, Berlusconi acusó a Fini, el poderoso presidente de la Cámara Baja, de ser un traidor y conspirador que está intentando administrar una "muerte lenta" a su partido.

Después de meses de tensión e incluso abierta hostilidad entre los enemistados políticos conservadores, el partido de Berlusconi publicó un duro comunicado censurando a Fini, diciendo que sus acciones y comentarios ya no reflejan las ideas de la formación que él mismo ayudó a fundar.

Berlusconi dijo que los acontecimientos no tendrán efecto en la estabilidad de su gobierno, incluso aunque se cree que Fini tiene el control de los votos de unos 50 diputados.

"No hay riesgo", dijo el primer ministro en rueda de prensa el jueves por la noche. "Tenemos una mayoría", agregó.

Sin embargo, podría arriesgarse o bien a perder su mayoría en una de las cámaras del parlamento o verla reducida a un peligroso puñado de votos dependiendo del número de diputados leales a Fini que formen un nuevo grupo parlamentario.

El diario de centroizquierda La Repubblica dijo que los dramáticos eventos habían puesto al Gobierno "al borde de la crisis".

Pero la situación causada por lo que los comentaristas llaman una implosión de facto de la centroderecha no tiene precedentes, sin ninguna guía institucional sobre la secuencia de pasos a seguir en las próximos días o semanas.

Varios comentaristas señalaron este viernes que Berlusconi dijo a sus ayudantes que si había suficientes desertores y "si hacían nuestra vida difícil", prefiere celebrar elecciones anticipadas porque está convencido de que el partido sacaría buenos resultados sin Fini.

Ruptura brutal. El diario Corriere della Sera dijo que el modo en que Berlusconi ha tratado a Fini ha sido tan brutal que la ruptura será "nefasta para todo el sistema (político)" y tendrá efectos a largo plazo en la unidad de la centroderecha.

Berlusconi lleva meses inmersos en un conflicto con Fini, considerado en el pasado como su heredero al frente de la centroderecha, lo que ha incrementado las especulaciones de que el Gobierno podría caer antes de que termine su mandato en 2013.

El documento crítico, firmado por todos excepto tres de los 36 miembros de la presidencia del partido Pueblo de la Libertad (PDL), reprende a Fini por posiciones y acciones que consideran incompatibles con la línea del partido.

En el documento se acusa a Fini, cofundador del PDL con Berlusconi hace dos años, de emprender una "oposición política" dentro de su propio partido y de intentar llevarlo a una "muerte lenta".

El documento no llega a expulsar a Fini del partido, aunque muchos diarios decían que Berlusconi "lo había echado".

El ex fascista Fini disolvió su propio partido, Alianza Nacional, para fusionarlo con el Forza Italia de Berlusconi tras casi 14 años respaldándolo en tres gobiernos anteriores.

El líder de la oposición, Pier Luigi Bersani, dijo que Berlusconi debería admitir que el Gobierno está inmerso en una profunda crisis y que el primer ministro debería hablar ante el Parlamento.

Fini ha enfurecido al primer ministro por dar importancia a la moralidad y la legalidad en el Gobierno, e insistir en que las autoridades implicadas en investigaciones judiciales deberían dimitir.

También ha contribuido a obligar a Berlusconi a suavizar un proyecto de ley que limitaba el uso de escuchas telefónicas por parte de los magistrados que también habría restringido mucho los artículos que publicaran transcripciones de las escuchas, una medida que los detractores dicen que perjudicaría a la lucha contra la corrupción.

Berlusconi dijo que dependía de los diputados decidir si Fini debería seguir como presidente de la Cámara Baja, aunque él ha dicho que no tenía intención de dimitir de su cargo, que le da un enorme poder para programar debates y marcar el ritmo del proceso legislativo.

Comentaristas dijeron que si la situación política se hace insostenible, el presidente de la República, Giorgio Napolitano podría nombrar un gobierno interino para llevar las riendas hasta la celebración de nuevas elecciones, como ocurrió en 1995 con una administración encabezada por el ex ministro Lamberto Dini tras el colapso del primer gobierno de Berlusconi.