Brasilia. La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, completa 100 días en el poder mostrando firmeza en sus decisiones, un compromiso de ajustar las cuentas públicas y una alta popularidad, al mismo tiempo que debe lidiar con una inflación mayor a lo deseado.

Analistas, políticos y miembros del gobierno consultados por Reuters ven más aciertos que errores en el período, pero señalan riesgos.

Si por un lado el diálogo más franco y duro con aliados y asesores deja claro lo que ella espera de ellos, por otro lado esa actitud puede acarrear un precio en el futuro.

"Nadie se queda con dudas sobre lo que ella piensa. Eso es bueno", dijo el líder del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) en la Cámara de Diputados, Henrique Eduardo Alves, responsable por la mayoría de las negociaciones del partido y protagonista de tensas reuniones con el ministro jefe de Gabinete, Antônio Palocci, garante político de casi todos los acuerdos.

Para el presidente del Senado, José Sarney, Rousseff "llegó al gobierno y mostró su autoridad personal (...) ella coloca la autoridad de la Presidencia por sobre otras cosas", agregó.

Sin embargo, un experimentado diputado del oficialista Partido de los Trabajadores (PT) que solicitó no ser identificado dice que ha oído muchos reclamos en los corredores de la Cámara de Diputados debido al nuevo estilo de Gobierno.

"Hay que cuidar que la postura dura de los primeros meses no tenga un efecto reverso en el futuro", alertó el parlamentario.

Hasta ahora, el único gran enfrentamiento en el Congreso fue positivo para el gobierno, con la aprobación, en forma holgada, de la política nacional de reajuste del salario mínimo en 545 reales (US$344) mensuales en 2011.

Y aunque algunos temas en espera prometan mucha discusión, como el nuevo Código Forestal o el tema de las regalías vinculadas al petróleo, la presidenta prefirió no usar el primer año de su gobierno, usualmente el de mayor capital político, para enviar propuestas de reformas amplias al Congreso.

Para el analista político de la Fundación Getulio Vargas (FGV) Cláudio Couto, Rousseff decidió no aumentar sus demanda al Congreso porque adoptó en los nombramientos políticos una práctica diferente a la de su antecesor y mentor, Luiz Inácio Lula da Silva, reduciendo los espacios negociables, lo que trae un costo.

Desconfianza del mercado. Pero el costo político no se restringe a la forma como se están dando las negociaciones en torno a los cargos.

La medida de mayor impacto divulgada durante el gobierno de Rousseff en estos primeros días fue el inédito recorte de US$30.000 millones del presupuesto, con un fuerte impacto en las enmiendas parlamentarias.

La medida se alinea con el gran foco del Gobierno este año, según un asesor del Palacio de Planalto que solicitó el anonimato, de equilibrar las cuentas públicas y el control de la inflación, cuyo cálculo de 12 meses está cerca del 6,5 por ciento, el techo de la meta del Gobierno.

El mercado financiero sigue aún bastante cauteloso en cuanto a la seriedad del compromiso fiscal del equipo económico de Rousseff, especialmente después de los últimos dos años con gastos crecientes en el gobierno de Lula.

"Primero los analistas decían que no creían que el Gobierno haría un gran corte, después que apareció el valor dijeron que no creían que será implementado", resumió el estratega jefe del banco de inversiones West LB, Roberto Padovani.

CAMBIOS MAS VISIBLES

Pero si persisten las incertidumbres en el cuadro fiscal y económico, en el escenario internacional Brasil ya da muestras más evidentes de cambios.

Rousseff hizo un cambio respecto a la postura adoptada por el Gobierno de Lula sobre el tema de los derechos humanos con un voto favorable en la ONU para que se investigue por derechos humanos a Irán.

Para el ex embajador de Brasil en Washington Roberto Abdenur, la cercanía del país con Irán durante el Gobierno de Lula fue un desvío cometido por la diplomacia brasileña y Rousseff "está dejando atrás esos desvíos".

En otro frente, el de las relaciones con Estados Unidos, Rousseff aprovechó la reciente visita del presidente estadounidense, Barack Obama, a Brasil para destrabar los canales de diálogo con ese país y mencionó claramente las reivindicaciones brasileñas.

Pero la mayor prueba hasta ahora está por venir. La mandataria viajará el viernes a China, donde participará en una reunión bilateral con el presidente chino, Hu Jintao, y en el encuentro del denominado grupo BRIC, integrado por Brasil, Rusia, India y China, con Sudáfrica invitada formalmente.

Sondeos de las encuestadoras Datafolha e Ibope muestran que Rousseff tiene niveles de popularidad similares a los de Lula en igual período de su primer mandato, y superior a sus predecesores.