Tras una intensa campaña de casi un año, desde el momento en que inscribió su comité promotor, Gustavo Petro se convirtió en el candidato de izquierda que ha estado más cerca de llegar a la Presidencia de la República. Perdió por más de 2.300.000 con el candidato del uribismo, Iván Duque, pero el exalcalde de Bogotá es a partir de ahora el líder de la oposición y tendrá una curul en el Senado de la República desde el 20 de julio, y su fórmula vicepresidencial, Ángela María Robledo, la tendrá en la Cámara de Representantes.

En su segundo intento por llegar a la Casa de Nariño lo acompañaron más de 8 millones de ciudadanos, el 41,33% de los electores, que es sin duda para Gustavo Petro un hito en su carrera política. Hoy ya no es el impopular exalcalde de Bogotá, es el dirigente más fuerte de la oposición política. Tiene una bancada propia de cinco senadores —incluyéndolo— y dos representantes a la Cámara, además, con las curules de la Alianza Verde, el Polo Democrático y la FARC serán el 25% del Senado.

Este escenario hace que la derrota no sea para Petro un escenario fatal, sino que, por el contrario, lo pone automáticamente como un aventajado en el futuro electoral de Colombia. Tiene 56 años y saltó al ruedo de la escena política hace 35 años como personero de Zipaquirá. Cuatro años después fue elegido por primera vez en un cargo popular. Tenía apenas 22 años y salió elegido concejal de ese mismo municipio. A partir de ese momento empezó su exitosa carrera política. 

Luego de participar en la Asamblea Nacional Constituyente en 1991, llegó a la Cámara de Representantes por Cundinamarca. Para las elecciones parlamentarias de 1994 sufrió su primera gran derrota electoral, buscaba reelegirse en la Cámara, pero los votos no le alcanzaron. Los cuatro años siguientes los pasó en Europa, pero lejos de la idea de abandonar su actividad política. Dos años después ya estaba de regreso como candidato de la Alianza M-19 a la Alcaldía de la capital, pero también fue derrotado, con tan sólo 7 mil votos.

Y aunque perdió, será el primer derrotado en la historia de Colombia en recibir el título de opositor, con una curul en el Senado, donde tendrá que verse con el propio expresidente Álvaro Uribe, su más enconado rival.

Pero Petro crece en la derrota, y en 1998 volvió a la Cámara de Representantes como segundo renglón de Antonio Navarro Wolff en una lista independiente que alcanzó cerca de 120 mil votos. Desde entonces su carrera ha ido en ascenso. En 2002, mientras Álvaro Uribe se eligió como presidente en primera vuelta, Petro se convirtió en el representante más votado, con más de 71 mil apoyos. Y en 2006, desde el Senado de la República, se convirtió en el congresista más destacado, por debates como el de la parapolítica. Además: El duque del uribismo: un salto a la Presidencia en tiempo récord

En 2010 dejó el Congreso para lanzarse a la Presidencia por el Polo Democrático, sin embargo, perdió con 1’331.000 votos. Un año después se lanzó a la Alcaldía de Bogotá. Ganó con 700 mil apoyos y enfrentó una criticada administración a raíz de la destitución que sufrió por parte del exprocurador Alejandro Ordóñez, pero finalmente una decisión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos le mantuvo los derechos políticos y terminó su mandato. Desde ese momento enfocó todos sus esfuerzos en la campaña presidencial que terminó ayer.

Oficialmente Petro empezó su campaña el 14 de julio de 2017, cuando inscribió ante la Registraduría su comité promotor para la recolección de firmas. El 11 de diciembre entregó 846 mil rúbricas de ciudadanos avalando su candidatura a la jefatura del Estado. En las elecciones legislativas, su lista, la de los llamados Decentes, logró cuatro escaños en el Senado y dos en la Cámara de Representantes, con poco más de 520 mil votos, pero además Petro se presentó a una consulta interpartidista con el exalcalde de Santa Marta Carlos Caicedo. En total, la consulta Inclusión Social por la Paz alcanzó la participación de 3.369.040 personas, de los cuales 2.800.000 fueron por el exalcalde.

Luego vino la primera vuelta, en la que logró el pasaje a la segunda vuelta, tras obtener 4.851.254, equivalentes al 25,08 %. En los casi 20 días después de ese primer round se concentró en confeccionar alianzas. Logró el apoyo de la mayoría del Polo Democrático, menos del senador Jorge Robledo, y de la Alianza Verde, incluyendo al senador Antanas Mockus y la exfórmula vicepresidencial de Sergio Fajardo, Claudia López. Con esos refuerzos llegó ayer a las urnas. Y ganó en Bogotá, en Atlántico, en Chocó, en Valle, en Cauca, en Nariño, en Putumayo y en Vaupés.

Y aunque perdió, será el primer derrotado en la historia de Colombia en recibir el título de opositor, con una curul en el Senado, donde tendrá que verse con el propio expresidente Álvaro Uribe, su más enconado rival. Falta ver qué decisión tomará respecto a este nuevo derecho, aunque ayer dejó entrever que irá a la batalla. Por eso, en su discurso de reconocimiento de la derrota hubo algarabía. En su campaña se sentían triunfantes a pesar del resultado, y es que hoy el pequeño movimiento Progresistas, que fundó para ser elegido alcalde de Bogotá, es un movimiento nacional que se llama Colombia Humana.

Petro lo ratificó manifestando que la suya ha sido una lucha de décadas y que lo que aprendió de sus maestros es convertirse en una alternativa de poder y no una simple oposición. El candidato de la Colombia Humana insistió en que le ganaron por las mentiras que se dijeron en su contra y porque hubo compra de votos. Pero resaltó que en toda Bogotá, en Cali, en Bucaramanga, en Santa Marta o en Barranquilla ganó su opción política y eso se convierte en un mandato que tendrá que escuchar el presidente electo.

“No estamos de acuerdo en ponerle trabas a la paz, ni tampoco a la rebaja de impuestos a los magnates”, enfatizó en su discurso, instando al nuevo presidente, Iván Duque, a romper con los anacronismos del pasado, incluyendo a Álvaro Uribe y a Alejandro Ordóñez. Por eso, enfatizó en que no habrá retroceso hacia la guerra y que los ocho millones de colombianos que lo acompañaron serán guardianes de esta defensa. Y finalmente notificó a su contrincante que la campaña no terminó, sino que empezó para la consulta anticorrupción y para las locales de 2019. Y concluyó: “Aplazamos cuatro años más este esfuerzo”.