Quito. El próximo jueves, el australiano Julian Assange, fundador del portal WikiLeaks, cumplirá su segundo aniversario en la misión diplomática y dice desconocer cuándo saldrá.

“Físicamente lo más difícil es la falta de luz del día. La luz solar solo la vi 20 minutos, hace dos años, cuando salí al balcón para hacer una declaración (pública)”, relató Assange a la televisión francesa Canal+, el pasado miércoles.

Vestía jean, camisa a cuadros y zapatos deportivos, y lucía una barba, que al ser del mismo color del cabello, entre rubio platinado y blanco, le daba un aspecto mayor a sus 42 años.

Assange confesó al medio que era un “alivio” disponer de internet para seguir trabajando.

El experto en informática se refugió en la embajada el 19 de junio del 2012, alegando una persecución política por parte de Estados Unidos.

Denunció que su vida corría peligro porque Washington podría solicitar a Suecia su extradición y condenarlo a muerte por la divulgación de miles de documentos reservados con la web WikiLeaks, desde el 2010.

Assange es requerido por la justicia sueca acusado de violación sexual a dos mujeres, lo cual él ha negado.

El gobierno de Rafael Correa señaló que compartía su temor ante la posible decisión norteamericana y le otorgó asilo político el 16 de agosto del 2012.

Argumentó que lo hacía en atención a los tratados internacionales sobre refugio y derechos humanos, toda vez que las potencias involucradas “no daban las garantías necesarias” para la protección de Assange.

Durante este tiempo, el también activista en internet se ha mantenido ocupado, al punto de incursionar en la política.

Siempre confinado a la oficina convertida en habitación; y que, según un reportaje de enero pasado del británico The Daily Mail, mide 5x4 m².

Allí trabaja, se ejercita (en una caminadora, según el referido periódico), se prepara la comida (tiene una cocineta) y atiende visitas.

Pese a su condición de asilado, ha formulado declaraciones políticas y participado en actividades de esta índole.

En junio del 2013 actuó como vocero del estadounidense Edward Snowden, ex técnico de la CIA, cuando buscaba un país que lo refugiara por haber filtrado información clasificada.

Assange indicó que el carné que le habría permitido viajar desde Hong Kong hasta Rusia, que finalmente lo protegió, fue concedido en la misión en Londres.

Asimismo, ese año creó el Partido WikiLeaks y se postuló como candidato al Legislativo en Australia (que perdió). Desde su cuarto hizo campaña vía internet y hasta grabó un video parodia de sus contrincantes.

Ambos episodios molestaron al presidente Correa, quien en el primer caso le pidió a Assange no referirse a situaciones de Ecuador y en el otro, no burlarse de otros políticos.

Pese a estas actividades, Assange confesó al canal francés que a sus dos años de encierro se sentía como en una “tierra de nadie jurídica”, a la espera de que una de las partes ceda.

Dos analistas coinciden en que Ecuador no debería insistir en que Inglaterra dé un salvoconducto para la salida de Assange, sino en convencer a Suecia para que le tome el testimonio en la Embajada, lo cual permitiría que la investigación avance.

El ex diplomático Francisco Martínez explica que la mayoría de países europeos no reconoce la figura del asilo, como sí lo hacen los de América.

Íñigo Salvador, profesor universitario en derecho internacional, cree que el régimen debería dirigir sus esfuerzos diplomáticas hacia Suecia.