Camp Adder, Irak. Durante una cena unas horas antes de dejar Irak, los soldados estadounidenses no tenían ilusiones en cuanto a los desafíos que le esperan al gobierno de Bagdad.

En general, esperan que la invasión encabezada por Estados Unidos para derrocar a Saddam Hussein y la misión de combate que termina el 31 de agosto no haya sido en vano y que Irak esté en el camino correcto hacia la estabilidad.

"Simplemente no quiero haber estado aquí por nada. Cuando vine aquí quería que fuera por algo", dijo el sargento Robert Vaught, un comandante del primer Batallón del regimiento de Infantería 116, en una base aérea del sur de Irak.

Los soldados estadounidenses que están por regresar a su país dijeron que es difícil para el público imaginar lo que pasaron y vieron en Irak desde la invasión del 2003.

Más de 4.400 soldados estadounidenses han muerto en Irak desde el 2003, además de unos 100.000 civiles iraquíes.

A fin de mes, el Ejército estadounidense traspasará control total de la seguridad a las fuerzas armadas iraquíes, luego de

una misión de combate de siete años y medio, bajando el número a 50.000 soldados que asistirán a sus pares pero que ya no encabezarán la lucha.

Vaught cree que las fuerzas iraquíes han mejorado lo suficiente como para lidiar con los constantes enfrentamientos, pero que aún se encaran una difícil tarea.

La violencia en general se redujo marcadamente desde el punto más álgido de las luchas sectarias en el 2006 y el 2007, pero los insurgentes liderados por islamistas sunitas todavía perpetran ataques e Irak sigue siendo un lugar frágil.

"Diría que los iraquíes han mejorado mucho", dijo Vaught, sentado con otros soldados en la cantina en Camp Adder, una gran base que funcionó como centro de logística para el retiro de decenas de miles de soldados y montañas de equipos militares.

"Obviamente todavía necesitan mucho trabajo pero la única forma de obtener esa experiencia es pasando por situaciones difíciles", expresó, antes de dejar Irak.

Sin arrepentimientos. El sargento James Bartels, que compró banderas estadounidenses como recuerdo para su familia, también cree que Irak está mejorando pese a la violencia.

"Una cosa que conozco es la opinión de los que han estado aquí la primera vez, la segunda vez, la tercera vez y es que los cambios son dramáticos", dijo Bartels.

Otros insisten en el hecho de que la violencia en Irak ha disminuido.

Las tensiones fueron avivadas por el fracaso de los líderes políticos en acordar un nuevo gobierno desde las elecciones de marzo, y por una serie de atentados suicidas y otros ataques por insurgentes que tratan de capitalizar el vacío político, de cara al fin de la misión estadounidense de combate.

Pero en términos generales, los enfrentamientos han menguado sustancialmente.

"Irak es muy distinto ahora", dijo el comandante del batallón, el teniente coronel Scott Smith.

"Parece que los iraquíes disfrutan de la esperanza de democracia. Ahora pueden decir lo que piensan cuando no están contentos con las decisiones del gobierno y no ir a la cárcel por ello", afirmó, tras pasar en Irak seis meses.

Los líderes de Irak todavía no han resuelto una serie de cuestiones políticamente sensibles, como las tensiones entre la mayoría de árabes y la minoría kurda, y la reconciliación entre sunitas y chiitas.

Tampoco han sido capaces de formar un nuevo gobierno, cinco meses después de que las elecciones nacionales que no arrojaran un ganador claro.

Pero el sargento Barry Curtis no tiene remordimientos.

"Creo que los pusimos de pie (...) Sólo espero que sean exitosos con su propia libertad", dijo Curtis, hablando luego de empacar sus pertenencias para el retiro de Irak.

"No me arrepiento de nada de lo que hice aquí en ninguno de mis tres despliegues. Creo que hemos hecho un buen trabajo", agregó Curtis.