En Charlottesville, una ciudad del Estado de Virgnia, una manifestante antirracista fue asesinada por un simpatizante neonazi y 19 personas resultaron heridas. Días después de lo sucedido, Donald Trump, el presidente de Estados Unidos, país que se siente orgulloso de sus libertades, aseguró que ambas partes eran responsables del horror.

Sus palabras, pronunciadas en un tono acusador desde la Torre Trump y elogiadas por un ex líder del Ku Klux Klan por su "coraje", dejaron mudos a varios legisladores. Y dio la muy clara impresión de que esas expresiones eran lo que Trump pensaba realmente, y no lo que dijo al día siguiente de los hechos cuando leyó en la Casa Blanca una declaración condenando la "violencia racista".

Sus declaraciones no han pasado desapercibidas dentro de quienes siempre han sido sus amigos. Los ejecutivos más importantes de las industrias del país lo han dejado solo, de acuerdo con una publicación el diario The New York Times.

Una oleada de críticas empezó a llover en su contra. Centenares de personas llegaron a las afueras de su torre, para protestar contra sus declaraciones.

Después del atentado en Charlottesville varias autoridades locales han ordenado la remoción de las estatuas confederadas, que datan de la Guerra Civil, por considerarlas símbolos del racismo. La gran mayoría de líderes políticos y republicanos están de acuerdo con la medida. Los hombres que inmortalizaron los monumentos eran los defensores de la esclavitud en Estados Unidos. Fue el conflicto interno más sangriento de la historia del país.

Donald Trump es la excepción a la regla. En primer lugar, se tardó varios días en pronunciarse sobre los hechos. En principio, condenó el odio y la violencia en una declaración oficial. Pero luego, a través de su cuenta de Twitter, ha dejado en evidencia el que, para muchos, es el verdadero Donald Trump. Es así como ha usado esa red social para equiparar ambos bandos. Según él, racistas y antiracistas son igual de culpables. Y ahora, escribió que le parece muy triste remover esas estatuas, que él considera importantes para la historia y la memoria del país. 

De inmediato, varios miembros de su partido se mostraron en desacuerdo. Incluso los expresidentes Bush emitieron ayer su propio comunicado.

Y es que no solo le pareció triste, le pareció tonto. 

Sus declaraciones no han pasado desapercibidas dentro de quienes siempre han sido sus amigos. Los ejecutivos más importantes de las industrias del país lo han dejado solo, de acuerdo con una publicación el diario The New York Times.

Una de las banderas de la administración de Trump, el motivo de su orgullo, era justamente su capacidad para atraer a los millonarios más destacados y ponerlos a su servicio. En efecto, los grandes industriales de su país conformaban un panel asesor, llamado "Foro de estrategias y políticas de la Casa Blanca". Incluía a ejecutivos de a ejecutivos de General Electric, Wal-Mart, General Motors, Boeing, IBM y JPMorgan Chase.

Juntos, preparon un comunicado titulado "intolerancia, racismo y violencia". "Una afrenta a los valores centrales del americano". Según The New York Times, el presidente quiso adelantarse a la publicación y escribió en Twitter que no quería poner presión en ellos y que por eso prefería acabar con el comité.

No obstante, de acuerdo con el diario, a pesar de su intento por darle la vuelta a lo sucedido, lo importante es que cada vez más, su propia gente lo está dejando solo.

Nunca fue bendecido por las mayorías de su partido, pero ahora, quienes lo consideraban un igual, los dueños del negocio y el dinero, han puesto distancia. Sí que debe estar triste el presidente Trump.