México DF. El partido que gobernó México durante casi todo el siglo pasado con mano dura, utilizando la compra de votos como práctica y haciendo de la corrupción un estilo de gobierno, podría regresar en el 2012 pero reformado, tras haber aprendido la lección que le dejó la derrota.

Aunque falta más de un año y medio para las elecciones presidenciales, varias encuestas mostraron días atrás al Partido Revolucionario Institucional (PRI), y a su más seguro candidato, el gobernador Enrique Peña Nieto, primeros en intención de voto y lejos de sus más firmes rivales.

A algunos les aterra el regreso del PRI, cuyos gobiernos fueron definidos en 1990 por el Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa como "la dictadura perfecta", porque logró perpetuarse en el poder mediante elecciones en las que el presidente de turno designaba a su sucesor.

"El regreso del PRI me provoca pesadillas", dijo Sergio Aguayo, investigador del respetado centro de estudios Colegio de México, para quien este resurgimiento "no es tanto mérito del PRI, sino fallo de los que antes eran partidos de oposición, porque ha sido un desastre la alternancia".

Desesperados por un cambio, los mexicanos eligieron en el 2000 a Vicente Fox, del conservador Partido Acción Nacional (PAN), quien terminó su mandato acusado de falta de liderazgo y sin lograr las reformas económicas que el país demandaba.

Ahora el presidente Felipe Calderón, del mismo partido, cumplió su cuarto año de gobierno desgastado por la guerra contra el narcotráfico, que ha dejado casi 33,000 muertos desde el 2006 y con una economía que no logra generar los empleos que el país necesita y fue golpeada por la recesión.

La percepción de los analistas es que el PRI -al que habitualmente se le caricaturiza como un dinosaurio- no ha pasado por una gran renovación, pero presenta rostros jóvenes como Peña Nieto, de 44 años, o el gobernador del rico estado de Nuevo León, Rodrigo Medina, de 38.

Estado de México, campo de batalla. Sin embargo, los mexicanos ya probaron la alternancia entre partidos, y entonces el PRI, surgido de la Revolución de 1910 que dirigieron Emiliano Zapata, Pancho Villa y Francisco Madero, no volvería a gobernar omnipotentemente como antes.

En sus distintos gobiernos así como en estados que gobierna actualmente, el partido ha sido acusado de presionar con regalos por el voto, así como de abusos de autoridad utilizando grupos paramilitares y clientelismo político.

"Suponer que el regreso del PRI al gobierno sería una regresión es no reconocer la realidad política de México (...) hay competencia, y cuando hay competencia los gobiernos se esmeran más", dijo meses atrás el propio Peña Nieto, un atildado abogado de aspecto juvenil a quien se le critica por un exceso de exposición en los medios.

No obstante su imagen de juventud, detrás de Peña Nieto está la vieja guardia del partido, un ala vista como autoritaria y de las más recalcitrantes.

El Estado de México, el más poblado del país con 15 millones de habitantes y donde gobierna Peña, será en julio del 2011 el escenario donde el PRI medirá fuerzas con una alianza formada por el PAN y su enemigo en las presidenciales del 2006, el izquierdista Partido de la Revolución Democrática (PRD).

Si esta alianza funciona para ganar la elección a gobernador -en el Estado de México nunca ha gobernado otro partido que el PRI- podría repetirse para las presidenciales del 2012, dijo el nuevo presidente del PAN, Gustavo Madero.

"No es sano (la hegemonía de un partido). Hasta el agua cuando no circula se pudre", señaló.

El analista y encuestador Roy Campos consideró que el PRI ha hecho su tarea en cuanto a superar sus divisiones y, de ganar las elecciones del 2012, gobernaría con pies de plomo.

"Yo creo que llegaría un PRI distinto al que sacaron. El PRI ya descubrió que no tiene su triunfo asegurado, que la alternancia existe y eso lo hará ser más cuidadoso", dijo.

Analistas económicos creen que el PRI impulsaría reformas para empujar la economía, como una nueva reforma fiscal que eleve la recaudación de la segunda economía latinoamericana, una de las más bajas de América.

"Ya sufrieron estar del lado de la oposición. Ahora hay una cancha más competida y saben que tienen que dar resultados contundentes en el aspecto social, de seguridad y económico", opinó Ernesto O'Farrill, especialista de la firma Bursamétrica Management.

El analista dijo que los priístas también podrían sacar adelante una reforma energética más profunda que la aprobada hace unos años que permita al país aumentar la participación del sector privado para frenar el grave que declive que sufre la producción de crudo.

Eso dependerá de las mayorías que el partido obtenga en el Congreso bicameral, donde en los últimos dos mandatos ninguna fuerza ha obtenido mayoría absoluta.