Cuando el presidente José Mujica logró que Argentina –cumpliendo un fallo de la Corte Internacional de la Haya– levantara el piquete al puente que une Gualeguaychú y Fray Bentos en 2010, el gobierno uruguayo pensó que de esa manera se empezaba a “descongelar” la agenda bilateral, trancada durante todo el período de gobierno anterior.

Se equivocó.

Pasaron más de dos años y el resto de los asuntos están todos tan trancados como cuando el expresidente Tabaré Vázquez (2005-2010) no tenía diálogo con el entonces mandatario argentino, Néstor Kirchner.

En muchos casos las trabas en la relación se dan por medidas proteccionistas que en general toma Argentina con todo el mundo. Pero también hay de las otras.

Siguen pendientes el dragado del canal Martín García, la habilitación para que Uruguay haga obras en el puerto de Nueva Palmira, el monitoreo de la fábrica de UPM (exBotnia), la construcción de una regasificadora conjunta (algo ya casi descartado y que por tanto el gobierno de Mujica hará en solitario). Además se suman problemas que se generaron en estos años: trabas argentinas al comercio y restricciones al acceso de dólares, lo que complicará el turismo el próximo verano.

Comercio y proteccionismo. La economía uruguaya depende mucho de las posibilidades de ingresar al mercado argentino. Quizás no tanto como en otros tiempos, pero un gran número de exportadores subsiste en función de que el grueso de su producción pueda ser colocado en Argentina.

Pero el éxito económico y el potencial desarrollo de Uruguay en el que Argentina juega un papel determinante no es solo el relacionado con la industria manufacturera, sino también con el turismo, los servicios logísticos y portuarios y la plaza financiera, entre otros.

En los últimos años, las medidas proteccionistas del gobierno de la presidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner, se han sumado a los incumplimientos de las normas del Mercosur aplicadas por el exmandatario, su marido ya fallecido, Néstor Kirchner.

En algunos casos no se trata de medidas de proteccionismo hacia el mundo, sino que son asuntos que atañen directamente a las posibilidades de desarrollo de los negocios en Uruguay que interfieren o compiten con los intereses argentinos.

Las trabas comerciales impuestas a las importaciones argentinas impiden el ingreso de los productos de todas partes del mundo y Uruguay no queda exento de ello. Y los problemas para retirar dólares que tienen los turistas argentinos que quieren salir de su país, no tienen distinción del lugar en el que se quiera vacacionar, pero claramente atenta contra el turismo uruguayo.