Río de Janeiro. La contundente victoria en la segunda electoral de Jair Bolsonaro a la Presidencia de Brasil abre una nueva etapa en el mayor país del hemisferio sur del mundo, cuyos rumbos son ahora una incógnita por la dificultad que tendrá el nuevo mandatario en implementar varias de sus propuestas.

En su primer discurso tras conocer los resultados, Bolsonaro aseguró que "todos los compromisos asumidos (en su programa electoral) serán cumplidos, con las más variadas bancadas" en el Congreso, aunque para ello necesitará más apoyo del que contará a partir del 1 de enero en la Cámara de Diputados.

Bolsonaro, del Partido Social Liberal (PSL), obtuvo el 55,13% de los votos, lo que equivale a cerca de 58 millones de electores, y superó en más de diez puntos a su rival, Fernando Haddad, del Partido de los Trabajadores (PT), que logró el 44,87% de los sufragios, o 47 millones de votos.

Con un discurso de combate a la violencia y de mano dura contra la corrupción, Bolsonaro defiende, entre otras propuestas, rebajar la mayoría de edad penal de los 18 a los 16 años, y reducir el estatuto de desarme, para que las personas puedan estar armadas.

Para ello, necesitará el apoyo de tres quintas partes de la Cámara de Diputados, lo que equivale a 308 de los 513 diputados federales, algo que parece complicado viendo la composición que tendrá la Cámara en este nuevo mandato.

La victoria de Bolsonaro marca el fin de cuatro elecciones consecutivas con la victoria del PT: primero con Lula da Silva (2002 y 2006) y después con Dilma Rousseff (2010 y 2014).

Sin ir más lejos, el Partido de los Trabajadores (PT) será el partido con mayor representación (56 diputados), seguido del PSL, de Bolsonaro, con 52.

La victoria de Bolsonaro marca el fin de cuatro elecciones consecutivas con la victoria del PT: primero con Lula da Silva (2002 y 2006) y después con Dilma Rousseff (2010 y 2014).

Varios factores explican la caída de la formación de izquierdas que dominó Brasil en los últimos años, principalmente, la corrupción y el desgaste de la población con la clase política dirigente.

Bolsonaro, a pesar de sus 30 años de carrera política, ha sabido explotar como nadie este desgaste de la población, con un discurso de regeneración política, unido al patriotismo y la religión.

El líder del PSL logró el apoyo de la mayoría de iglesias evangélicas del país, que agrupan a más de 45 millones de personas, y desde el lanzamiento de su candidatura dos años atrás, el excapitán del Ejército construyó su base de apoyo a partir de una inserción cada vez más evidente en sectores organizados que defendían las mismas banderas que él.

Otro factor que ha tenido su peso decisivo en estas elecciones es la grave crisis económica que sacudió Brasil entre 2015 y 2016, la peor de su historia, y de la que el país todavía se recupera muy lentamente.

 

El alto desempleo, que el año pasado alcanzó un récord de más de 14 millones de personas, fue un lastre que castigó tanto al PT como al Movimiento Democrático Brasileño (MDB), la formación del actual presidente, Michel Temer.

Bolsonaro ha sabido explotar como nadie las redes sociales en esta campaña electoral. Con un presupuesto muy limitado en comparación con los otros partidos (su formación es prácticamente nueva) e impedido de participar en comicios y debates debido al atentado que sufrió el 6 de septiembre, cuando fue apuñalado en el abdomen, Bolsonaro hizo su campaña a través de las redes sociales, con decenas de mensajes que tuvieron rápida difusión entre sus seguidores.

En este apartado, hay que destacar las famosas 'fake news', las noticias falsas que se expandieron a lo largo de toda la campaña en contra de los candidatos pero que en el segundo turno afectaron negativamente la imagen de Fernando Haddad y del Partido de los Trabajadores, hasta el punto que la propia misión de observadores de la Organización de Estados Americanos (OEA) admitiera que "nunca se vio nada igual" y que "no hay precedentes" de tantas fakes news como se vio en esta campaña electoral.