La extremada ola de violencia que azota a Río de Janeiro, la ciudad más importante y poblada de Brasil después de San Pablo, se cobró la vida de 60 policías durante este año, por lo que el gobierno federal decidió enviar unos 40.000 militares para respaldar a las fuerzas de seguridad que no pueden dar cuenta de los ataques lanzados por el narcotráfico, a escasos días del inicio de los Juegos Olímpicos.

El subteniente Carlos Magno Sacramento fue ejecutado este lunes en un bar de la localidad de Itaborai, en la periferia de Río, por un hombre que descendió de un vehículo y le disparó a quemarropa, tras lo cual le quitó el arma reglamentaria y se dio a la fuga.

Según informaciones del diario carioca Extra, recogidas por ANSA, no se descarta que la ejecución del subteniente retirado haya sido un ajuste de cuentas.

A raíz de la escalada de violencia contra agentes de seguridad, la policía carioca realizó una serie de actos de repudio en el aeropuerto internacional Tom Jobim, por donde ingresarán miles de turistas para los Juegos Olímpicos.

"Bienvenidos al infierno" decía uno de los pasacalles extendidos por los policías disconformes en el hall de la aeroestación carioca.

Unos 40.000 efectivos federales serán enviados por el presidente interino Michel Temer a Río durante las Olimpíadas que se iniciarán el 5 de agosto.

Según trascendió, esos militares permanecerán velando por la seguridad ante las elecciones municipales de octubre próximo.

No se descarta, por otra parte, que las Fuerzas Armadas permanezcan indefinidamente en las favelas donde el narcotráfico parece haber arrinconado a la policía carioca.