Al gobierno de José Mujica le quedan nueve meses, que además se acortarán por la campaña electoral y el Mundial de fútbol. En su administración salieron mal o ya se descartaron varias iniciativas. Para que ello sucediera hay diferentes razones. Pero un factor común que explica esos fracasos es el carácter caótico y desorganizado que tuvo la gestión, marcado en muchos casos por la impronta anárquica e impulsiva del mandatario.

Tal vez es por eso que esta visita oficial a Estados Unidos contrasta tanto con el resto del gobierno. El éxito de la misión –que tuvo como eje central la reunión con Barack Obama, pero que incluyó también encuentros con organismos multilaterales y empresarios norteamericanos– estuvo basado en una planificación rigurosa de lo que sucedería. Salvo para la agenda de los empresarios uruguayos –que los invitaron tarde y no les dieron tiempo de planificar encuentros con sus pares norteamericanos– ese trabajo previo funcionó muy bien.

En este éxito jugó también un importante rol la embajadora estadounidense Julissa Reynoso que, conocedora de cómo se manejan los hilos de poder en Washington ayudó mucho al gobierno para que la nutrida delegación oficial vuelva hoy a Montevideo con una lista amplia de logros y otros tantos acuerdos y contactos encaminados (ver recuadro).

Durante el mes previo al viaje, Presidencia y cancillería tuvieron decenas de reuniones de planificación en las que acordaron la estrategia. Hicieron una larga lista de temas que parecía que no iban a poder entrar en el tiempo previsto. De hecho, en la reunión con Obama había tantos puntos que parecía que no iba a dar el tiempo para analizarlos todos.

Pero el otro gran factor que privilegió los éxitos fue la buena voluntad política de la administración estadounidense para solucionar las cosas con Uruguay.

El presidente Mujica comentó en Washington en tono de broma a su entorno que si hubiera sabido que había tanta disposición incluso hubiera agregado más pedidos a la lista.

La misión empezó una semana antes y en el hotel Capital Hilton, donde estuvo la delegación oficial, se quedaron decenas de ministros, jerarcas de la administración central y empresarios.

Al volver ayer rumbo a Montevideo los miembros del gobierno estaban tan eufóricos como exhaustos con los cuatro días de agenda cargada. En el cerno del gobierno ponían como ejemplo del éxito que “hasta” la prensa uruguaya –que está “toda en contra del gobierno”, según dijo Mujica en el Banco Mundial– “no tuvo otra opción” que contar lo histórico del encuentro.

La diplomacia nunca fue en este gobierno un asunto especialmente enfocado en concretar cosas, sino que sobre todo se ha implicado en generar prestigio para el país a expensas de la enorme popularidad (mucho mayor que la interna) que tiene Mujica en el exterior.
Por eso mirar aisladamente las cosas concretas que se trae el gobierno (ver recuadros con logros y promesas) puede implicar una mirada parcial sobre la importancia de la visita oficial. Y también por eso, tan o más importante que esa lista de cosas, son los gestos que recibió el presidente uruguayo en todos los lugares que recorrió en Washington.

Los más importantes fueron el lunes en el Salón Oval de la Casa Blanca, desde donde Obama lo consideró ante los medios como un “líder” de la región en asuntos de Derechos Humanos y democracia y luego le pidió un rol importante para mediar en países como Colombia, Cuba y Venezuela. El otro gesto del presidente estadounidense esa mañana fue decir que estaba “impresionado” por el “progreso” de Uruguay.

Al otro día, los gestos provinieron de los empresarios norteamericanos. El presidente fue recibido por la Cámara de Comercio de Estados Unidos, uno de los mayores lobbys empresariales que de hecho tiene la sede a la vuelta de la Casa Blanca.

“Su liderazgo personal y el de Uruguay nunca ha sido más importante para todos nosotros. Está definiendo una realidad nueva de crecimiento y prosperidad para el país”, dijo el presidente de la cámara Thomas J. Donohue. “El mundo necesita más Uruguay’s”, agregó. El presidente terminó ovacionado.

El miércoles fue el tiempo para la gestualidad de los organismos crediticios internacionales. En el Banco Mundial Mujica fue un rockstar. El vicepresidente Jorge Familiar lo elogió, pero lo más fuerte fue el enamoramiento del público que lo fue a escuchar. Se reían ante cualquier comentario y lo ovacionaron en más de una oportunidad. En el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) el público era sobre todo de uruguayos que viven en Washington, pero allí también recibió halagos. En una recepción que hizo luego en el mismo banco, a Mujica lo sentaron en una silla y dejaron otra vacía al lado por la que iban circulando los que se querían sacar fotos con él. “Parece el Papa Noel de los shopping”, comentó uno de los uruguayos que vive en EEUU mientras veía la escena.

Ayer en su última actividad en EEUU fue recibido por la Organización de Estados Americanos (OEA). “Si fuera más joven me creería todo lo que me dicen”, señaló el presidente luego de escuchar por enésima vez todos los elogios que recibió en la semana.