Despachos diplomáticos de la embajada de EE.UU. en Managua dibujaron al presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, como un político que se apropió, en el pasado, de miles de millones de dólares y que prefiere defender a Irán ante la ONU que pedir ayuda para su país.

Esas afirmaciones las hizo en mayo de 2006 el entonces embajador en Managua, Paul Trivelli, quien además comparó a Ortega con el ex presidente nicaragüense Arnoldo Alemán, quien fue condenado –y luego sobreseído en el gobierno de Ortega– por corrupción y lavado de dinero.

Trivelli asegura que después de la victoria de la revolución, en 1979, Ortega confiscó la residencia del entonces diputado Jaime Morales Carazo, luego donó otras casas y propiedades que rodean la de Morales y creó su complejo privado en Managua.

El mismo despacho indica que, después de que el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) perdió las elecciones en 1990, pero antes de entregar el poder a Violeta Chamorro, Ortega "supervisó" la apropiación de miles de millones de dólares en tierras y empresas estatales que fueron a su familia inmediata, Humberto Ortega (su hermano) y otros sandinistas prominentes.

En 2007, tras el paso del huracán Félix, esperaban que el presidente nicaragüense solicitara asistencia internacional durante su disertación ante la Asamblea General de la ONU, el 25 de setiembre de ese año. En su lugar, Ortega describió los males del "capitalismo global" y promovió el derecho de Irán a desarrollar tecnología nuclear en cualquier forma que el gobierno iraní considere oportuno.

"Otras compañías involucradas en transporte, madera, fábricas de azúcar y mataderos nominalmente fueron al FSLN pero, efectivamente terminaron en manos de Ortega, su familia y sus más cercanos colaboradores", afirma el cable.

Trivelli agregó: "Ortega aún vive en la casa de Morales y ocupa la cuadra entera, hasta la fecha. Están ampliamente disponibles los testimonios de aquellas personas cuya propiedad fue confiscada y cientos están registrados con la embajada", precisa el mensaje.

Otro despacho, de abril de 2007, describió el estilo de gobierno de Ortega como una indefinición entre partido y Estado; autocracia y secreto, dependencia al presidente venezolano y "desprecio por el estado de derecho y los derechos humanos".

La embajada también reprodujo críticas de diplomáticos de otros países en Managua, quienes lamentaron la forma en que Ortega interpreta el concepto de ayuda humanitaria.

Los comentarios surgieron de una reunión en octubre de 2007, cuando Ortega planteó sus necesidades de ayuda para enfrentar la emergencia causada por el huracán Félix.

Según el despacho, el gobernante demandó recibir la ayuda sin condiciones, lo cual dejó la impresión a los diplomáticos de que "Ortega y otros miembros de su administración no entienden cómo trabajan los gobiernos, y en particular sus programas de asistencia humanitaria". El cable concluye que "los países donantes no pueden y no entregarán dinero en efectivo".

Este diario (La Nación) intentó conocer la versión de Ortega sobre las afirmaciones contenidas en los cables. Para ello se enviaron el viernes dos correos a su esposa y encargada de comunicaciones, Rosario Murillo, pero no hubo respuesta.

Impredecible. Para Estados Unidos, Ortega ha sido también un hombre de sorpresas.

En 2007, tras el paso del huracán Félix, esperaban que el presidente nicaragüense solicitara asistencia internacional durante su disertación ante la Asamblea General de la ONU, el 25 de setiembre de ese año. En su lugar, Ortega describió los males del "capitalismo global" y promovió el derecho de Irán a desarrollar tecnología nuclear en cualquier forma que el gobierno iraní considere oportuno.

"De vuelta a casa, la gente estaba atónita. Para las comunidades en la Región Autónoma del Atlántico Norte (ya enojadas por la respuesta del gobierno a Félix y con profundas sospechas de Ortega por las atrocidades cometidas durante la década de 1980 ) su discurso fue visto como otro insulto a los pueblos indígenas de Nicaragua", señala el despacho.