Una política caracterizada por el “hipernacionalismo” y una “obsesión por la soberanía nacional”, por parte del gobierno de Ecuador, así como la falta de propuestas claras y garantías efectivas para los donantes, entorpecieron la acogida que se esperaba para la iniciativa Yasuní-ITT, de acuerdo con los cables diplomáticos enviados por la embajada de Estados Unidos en Quito, y publicados por Wikileaks.

Esta iniciativa consiste en dejar bajo tierra el crudo del campo Ishpingo-Tiputini-Tambococha, ubicado en un extremo del Parque Nacional Yasuní (provincia de Francisco de Orellana) a cambio de una compensación económica de la comunidad internacional.

Los cables enviados a Washington hacen un relato desde el lanzamiento de la iniciativa Yasuní-ITT, el 5 de marzo de 2009, hasta enero de 2010, cuando el presidente Rafael Correa desmontó las negociaciones al no estar de acuerdo con las condiciones del fideicomiso que su equipo había definido como mecanismo para canalizar las contribuciones internacionales. En ese entonces les dijo a los donantes que podían “meterse su dinero en las orejas”. 

Las declaraciones de Correa provocaron la renuncia de los principales propulsores de la propuesta: el canciller Fánder Falconí; el director del equipo, Roque Sevilla; y el encargado de la promoción, Francisco Carrión (ahora es embajador de Ecuador ante la Organización de las Naciones Unidas). 

Inmediatamente, el gobierno armó un nuevo equipo que continúa buscando financiamiento.

Sin embargo, el rechazo del presidente Correa al fideicomiso en el que trabajó durante varios meses el primer equipo fue para la embajada “un ejemplo de su impulso para rechazar el control extranjero y preservar el derecho soberano del Ecuador para manejar sus asuntos”, según lo reporta el cable Nº 250564, de febrero del 2010.

Meses antes de este desenlace, en el cable Nº 198620, del 24 de marzo del 2009, la Embajada afirmaba que valía la pena conservar la reserva Yasuní. Sin embargo, ya señalaba aspectos que consideraba como problemáticos: la falta de claridad en las garantías, la continua presión para desarrollar las reservas petroleras y la resistencia a un fondo manejado internacionalmente, todo esto “en razón de preocupaciones sobre soberanía”.

Para el 30 de julio del 2009, en el cable Nº 218811, la Embajada detectó contradicciones entre el discurso de los funcionarios de gobierno y los posibles donantes.

Señaló que Francisco Carrión y Roque Sevilla le comentaron a la embajada que el gobierno alemán había comprometido cerca de US$1.000 millones que serían entregados durante los próximos trece años.

Los diplomáticos estadounidenses dijeron en el cable que el entusiasmo de ambos funcionarios era contagioso.

Pese a ello, el 13 de julio del 2009, un funcionario de la Embajada se reunió con el entonces embajador de Alemania en Ecuador, Christian Berger, quien “negó categóricamente, que el gobierno alemán haya hecho un compromiso financiero para la iniciativa más allá de la financiación de un estudio sobre viabilidad por US$300 mil”.

El embajador Berger expresó su frustración por la forma en que el gobierno ecuatoriano manejó el proyecto.

Dijo que el gobierno alemán presionó al ecuatoriano, durante varios meses, para que le proporcione mayores detalles acerca de la propuesta y, en realidad, estaba disgustado porque esta aún no estaba terminada.

En noviembre de 2009, en el cable Nº 233681, la Embajada manifestó el escepticismo de parte de los potenciales donantes europeos.

Así relató que mientras el 27 de octubre de ese año, el presidente Correa, en una conferencia en la Chatham House de Londres, anunciaba nuevamente que Alemania había acordado proporcionar US$50 millones al año, durante trece años, y se escuchaban menciones de funcionarios públicos sobre un supuesto apoyo de España, había funcionarios diplomáticos que desmentían tales afirmaciones.

Las embajadas de Alemania y España en Quito aclararon al funcionario de la Embajada de EE.UU. que la administración de Correa “ha exagerado groseramente el apoyo de sus gobiernos para la iniciativa”, según se recoge en el cable enviado a Washington.

Representantes diplomáticos explicaron, de acuerdo a los despachos, que si bien esos países tienen interés en la propuesta, Ecuador no ha proporcionado detalles suficientes y no ha podido explicar de manera creíble, por ejemplo, lo que ocurrirá si un futuro gobierno ecuatoriano comienza a extraer petróleo del Yasuní ITT.

Así, frente a los reiterados anuncios de la embajada de Ecuador en Berlín sobre el supuesto aporte de US$50 millones anuales, Raymond Dequin, funcionario económico de la embajada de Alemania en Quito, contó que Erich Stather, secretario de Estado en el ministerio de Cooperación Económica de Alemania, escribió una carta al entonces canciller Falconí aclarándole que él jamás había acordado ningún apoyo financiero.

De otro lado, el funcionario de la Embajada estadounidense le preguntó a Christopher Poole, primer secretario de la Embajada británica, si el presidente Correa había recibido alguna indicación de ayuda del gobierno británico. Poole aseguró que, tal como se les había manifestado a los ecuatorianos, el Reino Unido no apoyaría la iniciativa Yasuní ITT y expresó que había poca credibilidad en que el gobierno ecuatoriano encuentre suficiente soporte para la iniciativa. Además, especuló que era probable que el régimen de Correa se cansará de solicitar donantes y empiece a preparar la explotación del petróleo del Yasuní.

En este sentido, la embajada de EE.UU. comentaba que “la iniciativa Yasuní ITT parece sufrir por la falta de confianza que gobiernos extranjeros tienen en la administración de Correa y en la habilidad o voluntad de futuros gobiernos para cumplir con sus compromisos”.

El desenlace de la negociación fue calificada por Correa como “vergonzosa”. Esto a la Embajada le dejó la incógnita de hasta qué punto Correa realmente apoya la iniciativa de dejar el crudo bajo tierra.