En junio de 2006, en pleno proceso de desmovilización de los paramilitares y cuando el comisionado de Paz, Luis Carlos Restrepo, se quejaba de la lentitud de reacción de la Fiscalía General de la Nación y el Ministerio del Interior frente al proceso, la Embajada de Estados Unidos en Colombia demandaba un mayor compromiso del gobierno sobre un problema igualmente grave que veía venir: la creación de las inicialmente denominadas bandas emergentes y hoy bautizadas por las autoridades como bandas criminales (bacrim).

En un cable fechado el cinco de junio de 2006 y en el cual se analiza los problemas de coordinación entre las tres instancias del Gobierno, el entonces embajador William B. Wood advierte que el Gobierno debe hacer un mejor trabajo en el monitoreo de los paramilitares desmovilizados con el fin de frenar los grupos recién creados.

"Este proceso no puede ser voluntario", advirtió Wood, al tiempo que enfatizó en que el Estado debía ir detrás de las personas que no estaban dispuestas a colaborar en el proceso de paz con los paramilitares.

Wood dijo a su contacto en el Departamento de Estado en Washington que si el problema era de recursos, pues el gobierno colombiano debía reenfocar sus esfuerzos; pero aún así el embajador Wood recordó que el gobierno norteamericano había autorizado ayudar a la administración Uribe. El cable no termina sin antes advertir que "el dinero no se le puede entregar si el gobierno colombiano no demuestra un compromiso frente al proceso".

Preocupación por vulneralidad de la zona Pacífico. En el mismo cable Wood hace un breve comentario sobre una visita que hizo al Pacífico colombiano y muestra su preocupación por la "vulnerabilidad de esta región" en donde los problemas de sobrepoblación, pobreza, drogas, falta de infraestructura, y la presión del ELN y las Farc había ido creciendo.

En sus visita dialogó con habitantes de la región, quienes le habrían dicho que el ELN se había ido involucrando en el tráfico de drogas, especialmente los frentes afincados en el departamento de Nariño, que a su juicio parecían estar operando independientemente del Comando Central (Coce).

Como dato curioso en el cable cabe señalar que el embajador Wood menciona una conversación que tuvo Luis Carlos Restrepo con el asesinado jefe paramilitar Carlos Castaño en 2003, en la cual éste le advirtió que temía por la creación de nuevos grupos criminales que incluyeran miembros de la mafia, las autodefensas y las Farc.

A juicio de Castaño, según la mención de Wood, serían muy peligrosas y difíciles de detectar ya que sabrían cómo operar, tendrían la experiencia de las tres organizaciones y operarían en grupos pequeños de entre ocho y diez hombres.

Ocho años después los hechos le dan la razón al líder paramilitar, quien estuvo al frente del proceso de desmovilización y habló de negociar con Estados Unidos; en lo que no atinó fue en la organización de estas bandas, pues según los reportes de las autoridades son grandes bandas bien organizadas y con presencia en diferentes zonas del país.