Buenos Aires. La participación de la presidenta de Argentina, Cristina Fernández, que tuvo en la cumbre del G-20 que se celebró en Washington en 2008, generó la molestia de los siete paises más poderosos (G-7), quienes evaluaron junto a España y Holanda, expulsar al país sudamericano del foro de los 20 países industrializados y emergentes, según cables filtrados por Wikileaks.

El foro de 2008 tenía como objetivo generar una “sensación de convicción compartida e ímpetu para levantar la confianza del consumo mundial”, pero la mandataria argentina se centró en una “reforma del FMI” y en el “acceso de los mercados emergentes a nuevos créditos del fondo sin condicionalidades o con bajas condicionales”, provocando el malestar de los participantes.

También causó el enojo de los miembros el que en el discurso hecho por la presidenta se haya extendido el doble de tiempo que el resto de los políticos, además de haber llegado tarde a la foto oficial, por lo que se tuvo que tomar una segunda toma.

Dicha situación fue analizada el 11 de marzo de 2009 en una cita convocada por el entonces embajador de EE.UU. en Buenos Aires, Earl Anthony Wayne, junto a los diplomaticos de Gran Bretaña, Shan Morgan; de Alemania, Gunter Kniess; de Japón, Hitohiro Ishida, y de Italia, Stefano Ronca. Además, se sumaron los número dos de las embajadas de Francia, Claudia Delmas-Scherer; Canadá, Rejean Tessier, y de la Unión Europea, Carlos Gimeno Verdejo, más dos invitados: los embajadores de España, Rafael Estrella, y de Holanda, Henk Soeters.

El cable, filtrado por Wikileaks y publicado por La Nación, muestra el resumen de la embajada de EE.UU. en Argentina envió a Washington: "el grupo estuvo de acuerdo en que el gobierno argentino parece consciente de que una Argentina percibida como políticamente conflictiva podría ser expulsada del G-20 o ver que las acciones vinculadas a paliar la crisis (mundial) se transfieran a otro foro que la excluya".

El representante de la Unión Europea, Carlos Gimeno Verdejo ,en esa reunión lamentó el “estilo mafioso” del gobierno kirchnerista y calificó el plan profesado por la mandataria como “exigencias indebidas a las exportaciones europeas”.

Por su parte, el embajador italiano, Stefano Ronca, de la misma manera que sus colegas británicos y españoles, coincidió en que la participación de la presidenta resultaba “impredecible en sus posiciones”.

Los embajadores también coincidieron en la "importancia" de un "contacto directo" de los líderes del G-7 con Cristina Fernández "para ayudar a asegurarse su rol constructivo" en la cumbre del G-20 que iba a celebrarse en Londres en abril de 2009 con jefes de Estado de los mayores veinte países industrializados y emergentes.

Por lo mismo, Wayne celebró la reacción del presidente estadounidense, Barack Obama, que llamó a la mandataria dos días después del encuentro de los embajadores en Buenos Aires, indicándolo como "el tipo de abordaje sugerido".

Los diplomáticos coincidieron en "el valor de la participación de la Argentina en la cumbre del G-20 como una manera de exponer a la parroquiana administración Kirchner a una visión del mundo más amplia sobre los vínculos de la economía global y la interdependencia".