Sana. Miembros de tribus yemeníes dijeron que tomaron el control de un complejo militar a cargo de tropas de elite leales al presidente Ali Abdullah Saleh el viernes afuera de la capital Saná, mientras los crecientes combates amenazaban con sumir al país en una guerra civil.

Aviones yemeníes sobrevolaron la capital, escenario de los choques entre las fuerzas leales a Saleh y la tribu rival Hashed liderada por Sadeq al-Ahmar, cercana al partido opositor islamista Islah.

Tribus afuera de la capital dijeron que también estaban luchando contra tropas del Gobierno en otras dos bases militares.

En Saná, decenas de miles de personas se reunieron luego de las oraciones del viernes para lo que llamaron un "Viernes de Revolución Pacífica" contra Saleh, lanzando palomas blancas y transportando los cajones de alrededor de 30 personas muertas en enfrentamientos esta semana.

Pero la convocatoria, inspirada en las revoluciones en Egipto y Túnez, fue menor a la de semanas anteriores, con muchas personas huyendo de Saná y el Gobierno cerrando las rutas alrededor de la capital para contener a las tribus que intentaban apoyar a los Ahmar.

Fuego de ametralladoras se escuchó en toda la ciudad el jueves y también se oyeron explosiones esporádicas cerca del lugar de las protestas donde miles de personas que demandan la salida de Saleh siguen acampadas.

Los combates en la capital se apagaron el viernes más tarde luego de los esfuerzos de mediación mediante los cuales la tribu al-Ahmar evacuó los edificios de ministerios del Gobierno que habían tomado esta semana a cambio de un cese al fuego y el retiro de las tropas de su área.

"Ahora estamos en mediación y ha habido un cese al fuego entre ambas partes (...) Pero si Ali Abdullah Saleh vuelve (al combate) estamos listos. Estamos decididos y victoriosos", dijo Sadeq al-Ahmar a los manifestantes en la "Plaza del Cambio".

La lucha entre las fuerzas del Gobierno y la tribu Hashed fue la más sangrienta en Yemen desde que comenzaron las protestas en enero.

Los partidarios de Saleh realizaron su propio acto a unos kilómetros de distancia, ondeando banderas yemeníes e imágenes del presidente que ha gobernado el Estado de la Península Arábiga durante casi 33 años.

Existen crecientes temores de que Yemen, que ya está al borde de la quiebra financiera, pudiera convertirse en un estado fallido que minara la seguridad regional y supusiera un grave riesgo para su vecina Arabia Saudí, el mayor exportador de petróleo del mundo.

Estados Unidos y Arabia Saudí, ambos objetivos de ataques frustrados por parte de la rama de Al Qaeda en Yemen, temen que una extensión de la anarquía podría dar a la red más terreno para operar.

Batalla en complejo militar. El líder tribal Sheikh Hamid Asim dijo a Reuters que los combatientes mataron al comandante del complejo militar y una fuente tribal separada indicó que la fuerza aérea yemení arrojó bombas para evitar que los miembros de la tribu tomaran un depósito de armas en el lugar.

Si se confirma, la pérdida de una base militar de la Guardia Republicana en manos de hombres tribales armados con ametralladoras y granadas sería un revés vergonzoso para Saleh, cuyas fuerzas de seguridad se han involucrado en enfrentamientos en las calles de la capital esta semana que han dejado casi 100 muertos.

En Ginebra, la comisión de derechos humanos de la ONU dijo que el peligroso aumento de la violencia en Yemen era extremadamente alarmante, sobre todo cuando el Gobierno y la oposición estaban tan cerca de un acuerdo para la transición del poder.

"Estamos profundamente preocupados de que el Gobierno pueda estar llevando al país al borde de una guerra civil", dijo el portavoz de la comisión Rupert Colville.

Líderes de las naciones industrializadas del G8 pidieron a Saleh que renuncie durante una cumbre de dos días en Francia, pero analistas dijeron que las potencias mundiales tenían poca influencia en la conflictiva y aislada nación yemení.

Al menos 100 yemeníes murieron en Saná en cuatro días de combates desde que fracasó un acuerdo mediado por los países del Golfo Pérsico para que Saleh abandonara el poder y pusiera fin a cuatro meses de disturbios.