Las familias de los niños no acompañados que han ingresado a este país en las últimas semanas no solo tienen que luchar contra la impotencia de no poder reunificarse con sus hijos de manera pronta, sino que también deben enfrentarse a las redes de extorsionadores.

Estas bandas delictivas, que también operan en Estados Unidos, se la han ingeniado para obtener números de teléfonos de los familiares en aquel país y Honduras, para llamarlos y exigirles dinero a cambio de una falsa promesa de retornarles a sus hijos.

Los representantes consulares de Honduras en McAllen y Phoenix confiaron a El Heraldo, único medio de comunicación hondureño que da cobertura desde el lugar de los hechos a esta tragedia migratoria, que las bandas del crimen organizado y de trata de personas operan de diversas formas.

De alguna u otra forma, aún no determinada de manera oficial por los familiares ni por las autoridades consulares, estas redes han tenido acceso a varios nombres de niños, números de teléfono de sus familiares y los llaman para exigirles dinero. Se cree que estos delincuentes han logrado establecer una “base de datos” de todos los niños y madres con niños que transitan por Tamaulipas.

Al parecer los delincuentes asaltan a los niños y a las madres o sus acompañantes. Les quitan los papeles que traen consigo y generalmente en esos documentos están los números de teléfono de contacto tanto en Estados Unidos como en Honduras.

De allí, Los Zetas en México, comparten esa base de datos con sus células en Estados Unidos para que llamen y amedrenten a los familiares de los migrantes. “Me querían sacar dinero” Vilma Hernández, madre de dos niños hondureños, Cesia y Emerson, que entraron el pasado 5 de junio a Estados Unidos y que hoy están detenidos de manera temporal en uno de los centros migratorios de la Patrulla Fronteriza, cuenta que ella recibió una llamada de un extorsionador pidiéndole dinero.

“Me llamó una persona y me preguntó que por cuántas personas iba a responder, yo le respondí que no respondía por nadie y me insistió que si no respondía por nadie entonces que me olvidara de ellos”, detalló. Doña Vilma no se explica cómo obtuvieron su número de teléfono.

“Él no era la persona que me los traía desde Honduras, yo le conozco la voz y él no era... Me quería sacar dinero”. Esta hondureña, radicada en Baton Rouge, Luisiana, tenía la ventaja que había recibido una llamada de la Patrulla Fronteriza, tres días antes que la llamara el extorsionador, en la que le informaron que sus hijos estaban de manera temporal en el albergue para infantes y que pronto se reuniría con ellos.

Pero muchas otras familias, cuyos niños se encuentran desaparecidos, son presa fácil de estas bandas. Usan a los consulados Los delincuentes a veces desconocen si los menores o migrantes, a quienes asaltaron en el lado mexicano, llegaron a su destino o si en su defecto fueron capturados por la Patrulla Fronteriza.

Para salir de esa duda y llamar a los familiares para hacer la extorsión, los delincuentes se comunican con el consulado para pedir información de los niños.

Ellos dan el nombre del niño o del migrante con el fin de que el consulado les confirme o no que se encuentran detenidos. Esto, considerando que los detenidos no pueden hacer muchas llamadas desde los centros de migración estadounidenses, les permite a los extorsionadores llamar a los parientes para amedrentarlos.

“Todos los días recibimos llamadas sospechosas, que creemos que son de redes de trata de personas que han traficado con niños o madres migrantes, llaman preguntando si nosotros tenemos información de equis persona y si no tenemos cuidado podríamos estar dando información que después sea usada para extorsionar a los hondureños en Honduras o en Estados Unidos”, dijo Lilian Gómez, vicecónsul de Honduras en McAllen.

Es por eso que cuando una persona llama al consulado se les hace un riguroso cuestionario que de una u otra forma logre dar garantía que en efecto se trata de un familiar y no de un miembro de una banda organizada, explicó la vicecónsul. “Si consideramos que su historia es real, y que se trata de un familiar, entonces accedemos a buscar a sus familiares en las listas de detenidos de la Patrulla Fronteriza”, explicó.

En primer lugar se le pide el nombre de la persona que llama, información general del migrante al que están buscando, lugar por donde cruzó la frontera, quién lo acompañaba y por último se le solicita un número celular y la dirección donde actualmente vive la persona que llama.

Cuando se trata de un coyote o de una banda de trata de personas generalmente cuelga el teléfono cuando se les pide el número celular y su dirección.

Son Zetas en EE.UU. Las autoridades sospechan que se tratan de células que operan en Estados Unidos, y que dependen de Los Zetas. Hay que recordar que al otro lado de la frontera de McAllen y Brownsville, es decir en el lado mexicano, está Tamaulipas, centro de operaciones de Los Zetas.

Tamaulipas es una región del territorio mexicano que, en la práctica, es manejado por esta banda, que también es catalogada como un cartel que trafica con drogas y armas. En agosto de 2010 fueron encontrados 72 migrantes asesinados en el Rancho de San Bernardo, en Tamaulipas, a manos de Los Zetas. De esos se logró identificar a 21 hondureños, 14 salvadoreños, 10 guatemaltecos, un ecuatoriano y 4 brasileños.

Los restantes no portaban documentos y no se supo de qué nacionalidad eran. Desde entonces Los Zetas salieron a la luz pública como una banda organizada que amenaza, asesina y secuestra a indocumentados.

Los migrantes centroamericanos, incluyendo los hondureños, optan por movilizarse por Tamaulipas por ser la ruta más corta para llegar a la frontera con Estados Unidos, sin embargo es la ruta más peligrosa, porque se exponen a ser secuestrados, e incluso reclutados por Los Zetas.

Refuerzan medidas. La amenaza que enfrentan los familiares de los migrantes radicados en Estados Unidos o en Centroamérica ha sido compartida con los albergues que ha habilitado la Iglesia Católica tanto en McAllen como en Brownsville, Texas.

Debido a eso ahora estos albergues han limitado el ingreso hasta de los medios de comunicación a sus instalaciones, a fin de ofrecer mayor protección y privacidad a los migrantes. En estos albergues también es constante la presencia del sheriff del condado y la policía local para evitar que los miembros de estas bandas se aproximen a los migrantes. “Estamos actuando de manera responsable a manera de no exponer a los niños ni a sus familiares y que no sean extorsionados”, dijo el padre Roberto Cano, del albergue Inmaculada Concepción de la ciudad de Brownsville.