El Cairo. Los egipcios celebraron este martes una de sus mayores manifestaciones hasta ahora pidiendo la marcha del presidente Hosni Mubarak, sin que su cólera haya disminuido por el anuncio del vicepresidente de un plan de traspaso de poder.

Mientras el gobierno se niega a ceder a las principales demandas de los manifestantes, el vicepresidente Omar Suleiman prometió que no habrá represalias contra los manifestantes, después de tres semanas de protestas que pretenden acabar con los 30 años de mandato de Mubarak.

Los egipcios que acudieron a la plaza de Tahrir de El Cairo acusaron al gobierno de estar tratando de ganar tiempo y juraron no dar marcha atrás hasta que se complete la que llamaron "media revolución".

Decenas de miles de personas llegaron a la plaza, uniéndose a los que están acampados allí desde hace días y llenándola completamente por tercera vez desde que comenzó la movilización el 25 de enero. Muchos dijeron que era la primera vez que participaban.

"Vine aquí por primera vez hoy (martes) porque este gobierno es un fracaso, Mubarak se sigue reuniendo con las mismas caras feas", dijo Afaf Naged, de 71 años, antigua integrante del consejo de administración del Banco Nacional de Egipto. "No puede creer que sea el fin. Es un hombre muy testarudo".

Suleiman, que fue jefe de los servicios secretos durante muchos años, ha liderado las conversaciones con los grupos de la oposición, incluidos los Hermanos Musulmanes, enemigos jurados del mandatario. En unas declaraciones en la televisión estatal, manifestó que "se ha establecido una clara hoja de ruta con un calendario para llevar a cabo un traspaso de poder pacífico y organizado".

Pocas concesiones. Hasta ahora, el gobierno ha hecho pocas concesiones en las conversaciones. Mubarak, de 82 años y que ha prometido seguir en el cargo hasta que expire su mandato en septiembre, parece estar capeando el temporal que afecta a Egipto, al menos por el momento. Las negociaciones entre el Gobierno y facciones de la oposición tuvieron lugar el domingo bajo la mirada de un retrato gigante de Mubarak.

Muchos egipcios dicen que están deseando volver al trabajo y a la vida normal, incluso aquellos que quieren derrocar a Mubarak. Alrededor del 40% de los habitantes del país vive con menos de US$2 al día.

"Si no trabajo, mi familia morirá de hambre. No queda nada de dinero en casa", dijo el taxista Mustafa Fikri, que no pudo asistir al nacimiento de su primer hijo el lunes porque estaba trabajando y que afirmó que lo último que tiene en la cabeza es manifestarse contra Mubarak.

La capital ha recuperado cierta normalidad. Este martes, el tráfico era denso en el centro y se formaron colas rápidamente en los bancos, que sólo abren en horario restringido.