Moncú. Al igual que Pedro El Grande y José Stalin, Vladimir Putin va camino de convertirse en uno de los líderes que más tiempo gobernó Rusia.

Si "Rusia Unida" triunfa mañana en las elecciones parlamentarias, Putin buscará ganar los comicios presidenciales del 4 de marzo de la mano de dicho partido, que es apoyado por los comunistas, los nacionalistas Liberales Demócratas y el socialdemócrata "Rusia Justa".

Su principal aliado es el presidente ruso Dmitri Medvedev, a quien nombrará su primer ministro en una suerte de enroque político que le ha estado dando buenos dividendos a ambos.

Medvedev, que se hizo conocido como director de la estatal compañía Gazprom, niega que Putin sea un hombre autoritario, tras ser proclamado “unánimemente” candidato presidencial por su partido, o que el líder ruso tenga intenciones de perpetuarse en el poder.

Pero, si Putin gana las elecciones, podría luego presentarse a la reelección y permanecer en el gobierno hasta 2024.

De aquel sueño de la justicia social de la Revolución de 1917, que convenció a millones de generaciones, Rusia se convirtió luego de la caída del comunismo, en 1991, en un país con altas tasas de tráfico de drogas, corrupción y suicidio, gobernado por sectores de la oligarquía.

Sin embargo, bajo la presidencia de Putin y del actual presidente Medvedev, el Kremlin logró beneficiarse gracias al petróleo y al gas, sostienen analistas.

Putin, quien fue presidente entre 2000 y 2008, atraviesa uno de los niveles más bajos de su popularidad, aunque sigue siendo el político mejor valorado por los rusos.

Para Simon Tisdall, del diario británico The Guardian, Putin “tiene un objetivo primordial: la creación de un tercer, post-zarista- post-soviético imperio Ruso”.

El actual primer ministro suele describir al colapso de la Unión Soviética, en 1991, causado por el “imperio del mal” que lideraba el ex presidente estadounidense, Ronald Reagan, como “la más grande catástrofe geopolítica del siglo”.

Sin embargo, Putin quiere volver a las épocas de esplendor ruso, creando la Unión Euroasiática, que incluiría a Kazajastan y a Kirguistán, llevando soldados rusos a las fronteras con Afganistán.

A pesar de los crímenes políticos que se le atribuyen durante su gobierno (desde fines de 1929 hasta su muerte en 1953), Stalin es uno de los líderes más populares de Rusia y el partido Comunista es considerada la segunda fuerza política del país.

Organizaciones de derechos humanos han acusado al Kremlin de amordazar el principal organismo de control de los comicios, la ONG “Golos", después de que un tribunal multara a esa organización por publicar quejas de los ciudadanos.

"Golos”, que es acusada por las autoridades rusas de hacer campaña en contra de "Rusia Unida", deberá pagar 30.000 rublos (unos 1.000 dólares) por publicar 5.000 informes de supuestas tácticas ilegales, durante la campaña electoral para las elecciones de mañana, informó la BBC.

Algunas encuestas vaticinan que Rusia Unida perderá la mayoría de dos tercios que le es vital para la aprobación de reformas constitucionales, lo que limitará el margen de maniobra del gobierno ruso.

Se estima que el partido gobernante obtendrá entre 252 y 253 bancas en la Duma (la cámara baja del Parlamento), formada por 450 escaños, frente a los 315 que tiene en la actualidad.

Para la analista Marina Salina, de la agencia rusa Ria Novosti, “hay que esperar cambios drásticos” en la nueva etapa de desarrollo que se abre en el país con la posible llegada de Putin a la presidencia.

El hombre fuerte de Rusia ha enfatizado que “en muchas ocasiones a lo largo de su historia, Rusia se ha planteado grandes objetivos y los ha alcanzado con éxito: son la verdad, la dignidad y la justicia”.

Nadie espera que Putin haga milagros durante su tercera presidencia, aunque se estima que diversificará los impuestos poniendo precios más altos para los artículos de lujo, con el fin de adaptar al país a los cambios económicos que sacuden al mundo.

Ningún objetivo parece inalcanzable para este hombre de 59 años, que inició su carrera como miembro de la policía política soviética (KGB) y que durante la década de 1990 ocupó distintos cargos hasta convertirse en el primer ministro del fallecido Boris Yeltsin.