El principal sindicato de Italia amenazó el sábado con intensificar sus huelgas en protesta contra los planes del Gobierno de generar una mayor apertura en el mercado laboral a fin de estimular a la estancada economía.

La reforma facilita los despidos de empleados y hace más costoso para las firmas utilizar contratos temporales.

Tras el rechazo de los sindicatos y de sus aliados de centroizquierda, el Gobierno decidió el viernes llevar su proyecto de ley al Parlamento - en vez de aprobarlo por decreto - y tramitarlo por conducto regular, un proceso que podría tardar varios meses.

Susanna Camusso, líder de la federación sindical CGIL, prometió seguir con los planes para 16 horas de huelgas, incluyendo un paro nacional de todo un día.

"Estas reformas laborales no crean ni un solo empleo", dijo Camusso durante una conferencia empresarial a orillas del lago Como. "Esto no ayudará a alentar el crecimiento. El crecimiento es resultado de rigurosas políticas de inversión", sostuvo.

A los sindicatos les irrita en particular una propuesta que debilitaría la obligación de las firmas de recontratar a trabajadores si se establece judicialmente que fueron despedidos erróneamente.

Tensiones. El Partido Democrático, ligado históricamente al CGIL y uno de los principales aliados en el Parlamento del Gobierno de Mario Monti, también prometió enmendar la discutida reforma.

Su líder, Pier Luigi Persani, dijo en la conferencia que la posibilidad de discutir el proyecto en el Parlamento debería ayudar a evitar tensiones.

La ministra del Trabajo, Elsa Fornero, dijo durante la conferencia en Cernobbio que la reforma haría más atractiva a la estancada economía italiana para hacer inversiones corporativas y que impulsaría el empleo, al menos desde el 2014.

"La reforma laboral es pilar del esfuerzo que está haciendo este Gobierno. Es necesaria para devolver a Italia a un ambiente competitivo normal porque las compañías italianas no están compitiendo sólo domésticamente, también compiten globalmente", dijo en la conferencia Enrico Cucchiani, presidente ejecutivo de IntesaSanpaolo, el principal banco minorista del país.

Italia ya está en recesión y el banco central vaticina que la producción se contraerá en al menos un 1,2% este año.

Monti espera reavivar el crecimiento en la tercera mayor economía de la zona euro mediante reformas estructurales, pero enfrenta su prueba más dura al intentar debilitar la legislación de protección laboral, un logro de los sindicatos conseguido en la década de 1970.