Los chinos vuelven a vivir su Año Nuevo lunar con gran intensidad, sobre todo, en las estaciones de tren del país asiático, desde las que cientos de millones de personas se desplazan a sus hogares natales en lo que ya se conoce como el mayor éxodo del mundo.

Quizás el principal símbolo, pero no el único, de una festividad cargada de historia, tradición y -cada vez menos- supersticiones. Zhang espera con su maleta, impaciente, a que llegue la hora de su tren. Como muchos ciudadanos chinos que emigraron a las ciudades en busca de una vida mejor, vuelve solo una vez al año a casa. Y hoy es el momento que tanto esperaba. "Me quedan por delante 4 horas de tren de pie y luego 3 horas de bus, también sin asiento", comenta a Efe en la estación central de Pekín.

El hombre, de 50 años, admite que se cansa mucho del viaje por tener que realizarlo de pie, por eso lleva consigo una de las tradicionales y pequeñas sillas plegables que se multiplican en las calles de la capital, sobre todo en la época veraniega. Zhang, no obstante, tiene suerte. Está relativamente cerca de su ciudad natal, en la provincia vecina de Hebei, y puede comprar su billete pocas horas antes de partir. No es el caso de otros como Xiao, un joven de 23 años de la provincia oriental de Shandong, que deberá pasar veinte horas en una cama 'dura', aquellas que se ubican en literas de tres alturas y en un vagón repleto de camas.  Para Xiao comprar su billete no fue nada fácil. "Lo hice 60 días antes de mi viaje y fue muy complicado", explica a Efe en la estación ferroviaria. Este año, las autoridades permitieron que los billetes de tren, la opción más barata para viajar dentro del país, pudieran comprarse con dos meses de adelanto. Hasta ahora, solo se podían adquirir veinte días antes.

1.032 BILLETES POR SEGUNDO

El gobierno trata cada año de mejorar la gestión de los transportes durante una época en la que se produce el mayor éxodo del mundo. Este 2015, el paso del caballo a la cabra, las autoridades prevén que se realizarán 2.800 millones de desplazamientos.  "Los vagones van repletos de gente y algunos incluso usan el retrete para sentarse", cuenta a Efe una joven de 26 años, poco antes de subirse al tren que le llevará a casa tras 20 horas, sin asiento. A pesar de la alta demanda, este año las largas colas que antaño se producían en los puntos de venta y en estaciones han desaparecido, gracias a la venta por internet. "El sistema es más fácil pero es igual de difícil conseguir tu billete", comenta a Efe Li Xiao, quien trabaja en consultoría en la capital.

De hecho, la página oficial cuelga el mensaje de 'sin existencias' a los pocos minutos de que sea posible la compra. El ritmo es tan frenético que, en diciembre, la web llegó a vender hasta 1.032 billetes por segundo.

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Sin embargo, hay aún esperanza en las devoluciones, pues mucha gente compra sin saber si finalmente utilizarán ese billete y, cuando lo retornan, otro consigue su viaje a casa.

Tanto para los que viajan como para los que no, los ciudadanos chinos irán estos días acompañados por las ancestrales costumbres, en ocasiones más bien supersticiones, que marcan el Año Nuevo Lunar.

"Tienes que volver a casa antes de la gran cena - este año el día 18-. Preparamos todo con hasta tres días de antelación: limpiar la casa, las cortinas, las sábanas.. Y además decoramos nuestra vivienda con grandes pegatinas con la palabra 'Felicidad' en las paredes y en la puerta. Todo tiene que ser rojo, es el color de la suerte", explica con detalle Li Dan a Efe.

La joven, que emigró desde Mongolia Interior a Pekín hace unos años, atribuye todo este minucioso trabajo a un dicho popular: "Nosotros solemos decir 'Fuera con lo viejo, adelante con lo nuevo'", cuenta con entusiasmo Li, quien recuerda que este es uno de los momentos de más trabajo para las peluquerías, pues todos quieren cortarse el pelo para dar la entrada al signo de la cabra.

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Uno de los puntos fuertes de la noche es disfrutar de la Gala de Año Nuevo que emite la televisión estatal, pero también canales locales. Se trata de un programa líder en audiencia esa noche y que, en en el caso de la televisión de Pekín -la BTV-, cuenta con artistas extranjeros como la española Luz Casal, que este año cantará en mandarín para aproximadamente 700 millones de televidentes.

PETARDOS Y ROJO CEGADOR

Aunque algunas de estas tradiciones y rituales se mantienen inalterables, como revestir el país de rojo, otras están de capa caída, afectadas por la coyuntura actual.

Por ejemplo, el incesante y atronador uso de petardos y fuegos artificiales, que halla su explicación en que, de acuerdo a la mitología china, existía un monstruo llamado Nian, mitad dragón mitad león, que devoraba hombres y que cada año descendía de las montañas para aterrorizar a la población. Añade la leyenda que se ahuyenta a la bestia si el primer día del Año Nuevo -en esta ocasión el 19 de febrero- se disparan fuegos artificiales y predomina el rojo, cegador para Nian.

Pero uno de los problemas que esto acarrea, y con el que no contaron los ancestros, es que el abuso de material pirotécnico eleva los ya de por sí altos niveles de contaminación del país, de forma que las autoridades chinas llevan al menos dos años viéndose obligadas a reducir la cantidad de petardos puestos en venta esos días, o directamente a prohibir su uso cuando la concentración de partículas PM 2,5, las más dañinas para la salud, se dispara.

Otra "víctima" de las circunstancias actuales son los famosos "hongbao" (sobre rojo en mandarín con dinero dentro) que los cargos superiores dan a sus empleados, o en ocasiones se ofrecen entre amigos y familiares, en señal de aprecio.

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No obstante, debido a una extensa campaña anticorrupción a instancias del presidente Xi Jinping, los "hongbao" ya no son tan visibles en el país asiático como hace años, ante el temor de que sean utilizados para sobornos y chantajes.

Se deprecia también, o al menos esa es la intención del gobierno, una de las supersticiones más arraigadas en China: la de asociar el nuevo signo zodiacal lunar, cuyo influjo marcará a los recién nacidos, con la fortuna o la desgracia. Este año da la bienvenida a uno poco apreciado, la "cabra", y dice adiós al bien considerado "caballo".  

Ante el temor de que las actuales y potenciales encintas piensen como Ping, de 27 años y quien dice a Efe que "ya he quedado con un doctor para hacerme una cesárea antes del 19 de febrero", cuando oficialmente llega la "cabra", las autoridades chinas ha iniciado una campaña para devolver el prestigio a la hembra del carnero.

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La razón subyacente de la postura oficial es que el número de peticiones para tener un segundo vástago, algo más de un año después de que la jefatura del Partido Comunista chino (PCCh) relajara la política del hijo único por el acuciante envejecimiento de la población, es muy inferior al esperado.

Con alrededor de solo un millón de solicitudes en 2014 para tener el segundo hijo, la mala fama de tener un hijo "cabra" podría provocar que la cifra de embarazos cayera drásticamente en los primeros meses del año, en contra de los intereses del gobierno.  

Así, son frecuentes los artículos de la prensa oficial que listan a "cabras" famosas como el primer ministro, Li Keqiang, o que recogen testimonios de ciudadanos chinos que desdeñan esas creencias.

En cualquier caso, ya sea por la contaminación, la lucha anticorrupción o la situación demográfica, las supersticiones no cuentan actualmente con todo el respaldo del gobierno chino. Falta ahora por ver si la población hace más caso a la leyenda o al Partido.