La Meca, Arabia Saudita. La policía religiosa de Arabia Saudita mantiene tal perfil bajo durante el Haj, que resulta difícil imaginar que uno está en la ciudad más sagrada del Islam.

El reino, donde el Islam surgió por primera vez hace unos 1.400 años y donde rige una estricta forma de ley islámica sunita denominada sharia que impone la segregación de género, fuerza a los comercios a cerrar durante los horarios de rezo y prohíbe que las mujeres conduzcan autos.

Pero en La Meca, la aplicación de muchas de estas reglas se flexibiliza durante el Haj, un deber para todo musulmán sano.

Y como el gobierno viene invirtiendo miles de millones de dólares desde hace unos años para hacer que el peregrinaje sea más seguro y cómodo, muchos fieles terminan regresando a casa como embajadores de buena voluntad en representación del país.

"Debemos agradecer a Arabia Saudita por sus servicios. Está mejorando cada año", dijo Ritha Naji, un peregrino estadounidense que realizaba el rito de "apedreamiento del diablo", escenario de numerosas aglomeraciones mortales en los últimos años.

La Gran Mezquita, hogar del santuario conocido como la Kaaba, al que los musulmanes de todo el mundo miran cuando rezan a diario, es el único lugar en el reino desértico donde hombres y mujeres pueden rezar juntos.

Diplomáticos occidentales dicen que esta tolerancia es parte de una campaña mayor por mejorar la imagen del país durante la década pasada tras los ataques del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington en los que estuvieron involucrados sauditas.

El Rey Abdullah se ha esforzado mucho por disipar la asociación entre Arabia Saudita y la militancia islamista, promoviendo un "diálogo interreligioso" internacional por medio de Naciones Unidas.

El Haj de este año -que terminó esta semana- atrajo un récord de 1,8 millones de extranjeros de diversas regiones del mundo como Nigeria, Rusia e Indonesia donde rigen formas menos estrictas del Islam que en Arabia Saudita.

Este aliado de Estados Unidos a menudo es objeto de críticas por parte de grupos defensores de los derechos humanos por sus decapitaciones públicas y la falta de libertades políticas en lo que es una monarquía absoluta.

El miércoles, Amnistía Internacional le exigió a Riad que mejorara la situación de los expatriados después de que una empleada doméstica indonesia fuera maltratada por su empleador.

Pero durante el Haj los egipcios, indios y pakistaníes -quienes componen el grueso de los millones de extranjeros en el país- reciben un trato marcadamente mejor de los funcionarios sauditas, que se refieren a los peregrinos como "huéspedes del Misericordioso", en referencia a Dios.

Policías amables guían a peregrinos por los alrededores de la vasta Gran Mezquita, mientras la policía religiosa hace la vista gorda ante los fieles que toman el tipo de fotografías que habrían sido reprobadas en años anteriores.

En Riad la policía religiosa vigila las calles para mantener separados a hombres y mujeres separados, pero en La Meca los sexos se mezclan fácilmente en comercios y restaurantes. Algunos comen codo a codo sobre el suelo frente a la Gran Mezquita, una imagen imposible en otros lugares del reino.

La minoría chiíta de Arabia Saudita a menudo se queja de ser víctima de discriminación y ataques por parte de clérigos wahabíes, no obstante durante el Haj los iraníes, iraquíes y otros chiítas realizan los ritos sin problemas.

La multitud recibe instrucciones por altavoces en muchos idiomas, incluyendo inglés y farsi, además de árabe.

Prestigio saudita. Como los números de los peregrinos se dispararon en el transcurso de las últimas tres décadas, montar un Haj seguro se ha vuelto crucial para la imagen de esta monarquía que hace llamar a su rey El Custodio de las Dos Sagradas Mezquitas, una referencia a los recintos en La Meca y Medina donde el Profeta Mahoma creó la primera administración musulmana.

Una serie de desastres se ha cobrado cientos de vidas durante el Haj desde 1998, incluyendo incendios, estampidas, colapsos de hoteles y enfrentamientos entre policías y peregrinos que realizaban protestas políticas.

Este año el gobierno presentó un tren con motivo del Haj que une las ciudades sagradas en y alrededor de La Meca, cuya construcción costó US$1.800 millones. Sólo será usado unos seis días al año.

"Queremos dar a los peregrinos el mejor nivel posible de servicios", dijo a los reporteros el ministro del Interior, el príncipe Nayef bin Abdulaziz.

Gracias a su riqueza petrolera, Arabia Saudita puede darse el lujo de prescindir de las tarifas por los servicios que ofrece, incluyendo el agua potable, servicios sanitarios, atención médica y seguridad, además del mantenimiento y la expansión de la misma Gran Mezquita.

Agua fresca sale de grifos en cada esquina y médicos aparecen en segundos cuando alguien colapsa. Firmas sauditas distribuyen paraguas como protección del sol.

La llanura de Arafat, donde los peregrinos pasan todo un día según los ritos, tiene un vasto sistema de rociadores que cubre un área de 1,3 kilómetros cuadrados.

"Los servicios sauditas para peregrinos son realmente buenos. Hay que decirlo", dijo Mohammed Idam, un yemení que se refrescaba con el roció en medio del calor de la tarde en Arafat.

Los esfuerzos valen la pena en el mensaje positivo que muchos peregrinos se llevan a sus casas consigo.

"Nuestros hermanos sauditas han expandido muchos servicios", dijo el peregrino marroquí Mohammed Hamdush.

"Ahora han construido un tren para peregrinos, lo que es muy bueno", agregó.