Río de Janeiro. La policía militar le dio un ultimátum este sábado a los traficantes de droga escondidos en una favela en las faldas de un cerro, para que se entreguen y ayuden a terminar con la violencia urbana que ha dejado al menos 46 muertos.

Más de 1.000 policías y oficiales del Ejército rodearon el villorrio en un esfuerzo inusualmente determinado de las fuerzas de seguridad para tomar control del territorio, controlado por mucho tiempo por pandillas de narcotraficantes.

Las autoridades anunciaron la batalla como parte de un esfuerzo mayor por pacificar la ciudad antes de los Juegos Olímpicos del 2016. Las pandillas de traficantes han resistido incendiando cerca de 100 autos y autobuses, además de disparando a la policía con armas automáticas.

"No existe la más mínima posibilidad de que los traficantes puedan ganar esta guerra en Alemao", dijo el jefe de la policía militar Sergio Duarte a la prensa, refiriéndose a la rodeada favela.

"Estamos en posición para invadir Alemano en cualquier momento. Es mejor que se rindan ahora y entreguen sus armas mientras aún hay tiempo, porque cuando invadamos, será más difícil", anunció.

Duarte no especificó cuándo partirá la ofensiva.

Los supuestos traficantes huyeron a Alemao desde la favela Vila Cruzeiro luego de que la policía la invadiera a inicios de semana y asumiera el control.

La prensa local dice que desde entonces los oficiales han encontrado armas y granadas en el lugar, además de una máquina cuenta-billetes del lucrativo comercio ilegal de los traficantes.

La policía ahora revisa a los vehículos y transeúntes que ingresan a Alemao. Pandilleros al interior de la barriada abrieron fuego contra las fuerzas de seguridad para intentar hacerlas replegarse, hiriendo a 10 personas este viernes y sábado, entre ellas un fotógrafo de Reuters.

Dos hombres fueron arrestados tras intentar huir de Alemao este sábado. La policía dijo creer que se trataba de líderes de pandilla involucrados en el derribo a tiros de un helicóptero policial a inicios de este año.

La más reciente ola de violencia elevó algunas dudas sobre si la ciudad es suficientemente segura para recibir la Copa Mundial de fútbol del 2014 y las Olimpiadas del 2016, incluso aunque las autoridades deportivas señalaron que confían en las medidas de seguridad del gobierno.

La policía militar declaró que se destinó una zona de la favela donde los pandilleros podrían rendirse con sus armas sobre sus cabezas, agregando que era su única opción para evitar una ofensiva.