Faraya, Líbano. Los centros de ski del Líbano sobrevivieron a la guerra civil pero ahora encaran la insidiosa amenaza del cambio climático, que podría disminuir la nieve en un 40% para el 2040.

Los efectos del calentamiento global siguen siendo una baja prioridad para el Líbano, un país proclive a conflictos donde prima el descuido ambiental.

Esquiadores y comercios turísticos que dependen esperan que el cálido invierno boreal y la breve temporada de este año no haya sido un presagio del futuro que le espera al único centro de esquí del mundo árabe.

Christian Rizk, de 47 años y gerente del centro de esquí Mzaar cerca de Faraya, se rehúsa a aceptar la idea, diciendo que la temporada, que duró apenas la mitad de los tres meses normales, podría haber sido una anomalía. Pero afirma que el centro se está adaptando de todos modos.

"La temporada fue catastrófica. Este año vamos a instalar nuevos telesquíes a mayor altura, por sobre los 2.000 metros", dijo Rizk a Reuters una soleada mañana de fin de otoño cerca de las áridas pistas de Jebel Sannin, que con 2.695 metros es la segunda montaña más alta del Líbano.

Eso se refleja en la forma en que animales y plantas buscan mayores altitudes a medida que su hábitat se calienta. El Líbano espera que sus temperaturas más elevadas aumenten 1 grado centígrado sobre la costa y 2 grados en el interior para el 2040, según cálculos del Gobierno.

Pero algunas especies, incluyendo el símbolo nacional del Líbano, el poderoso cedro, ya están exigidas al máximo. Los cedros, algunos de hasta 3.000 años, conforman la más alta línea de árboles.

"No podría dar una fecha específica de cuándo veremos el último cedro en nuestras montañas, pero con el tiempo va a ocurrir", dijo Vahakn Kabakian, un funcionario del Ministerio de Medio Ambiente que preparaba el próximo informe del Líbano sobre cambio climático para Naciones Unidas.

El ministerio dice que el Líbano se enfrenta al aumento del nivel del mar y puede esperar una disminución en las precipitaciones, veranos más cálidos y más secos y más fenómenos extremos como inundaciones.

El turismo y la agricultura están entre los sectores económicos más vulnerables.

Problema de sobrevivencia. En muchos casos, el cambio climático exacerbará las crisis de agua y energía del Líbano, así como también la contaminación del aire y sus otros problemas ambientales que afligen a un país cuyas dificultades políticas y administración disfuncional a menudo obstaculizan la acción.

"El cambio climático debería ser la prioridad número uno. Es un problema de sobrevivencia. Y nuevamente carecemos de los fondos para implementar las medidas que deberíamos tomar para mitigarlo", dijo Kabakian.

Pese a sus precipitaciones relativamente altas, el Líbano debería caer en un déficit de agua para el 2015, independientemente del cambio climático, gracias a la urbanización, crecimiento poblacional y la mala administración.

En Beirut, la demanda estival de agua ya excede lo que la red suministra, en parte porque alrededor del 40% se pierde en filtraciones, de modo que mucha gente extrae agua de pozos. La sobreextracción de acuíferos costeros ha dado lugar a la intrusión del agua marina y la salinidad.

Una menor caída de nieve perjudicará la recarga de agua subterránea y los ríos. El hecho que la nieve se derrita antes en primavera hace que haya menos agua disponible en verano, cuando los agricultores la necesitan irrigar sus campos.

Más de 70% de los 4,3 millones de habitantes del Líbano vive en la franja costera densamente edificada, donde no existen precauciones para contrarrestar la vulnerabilidad ante el crecimiento de los niveles marítimos. Las playas, las reservas naturales junto al mar y las granjas costeras irrigadas también están bajo riesgo.

Muchos libaneses han notado arroyos secándose, inusuales olas de calor y patrones alterados de lluvia y nieve en décadas recientes, pero los científicos dicen carecer de los datos para atribuir causas precisas a estos fenómenos.

"Hay cambios claros. Podrían ser rápidamente atribuidos al cambio climático, pero desde una perspectiva científica tendemos a querer más evidencias", dijo Muatasem El-Fadel, profesor de recursos hídricos de la Univesidad Americana de Beirut.

Casi nada de lo que el Líbano ha hecho para resolver sus graves problemas ambientales mitigarían además el impacto potencial del cambio climático, pero hasta ahora ha habido más palabras que acciones.

E incluso lo que se dice está más que nada enfocado en la energía.

Meta inalcanzable. En un país que en gran medida ha ignorado la energía solar aunque sus plantas energéticas proveen sólo dos tercios de la demanda de electricidad, pocos apostarían por el objetivo oficial de que las fuentes renovables de energía contribuyan en 12% a las necesidades nacionales para el 2020.

Pese a su elevado uso de energía per capita, el Líbano contribuye relativamente poco a las emisiones globales de gas invernadero y está interesado en atraer fondos de países desarrollados para financiar medidas para reducir su vulnerabilidad a los efectos del cambio climático.

Mientras, el móvil de las ganancias, impulsado por excepciones fiscales o nuevas regulaciones, inspirarían medidas a favor de los autos híbridos, combustibles menos contaminantes y tecnologías más ecológicas, dice Karim Makdisi, profesor de estudios políticos de la Univesidad Americana de Beirut.

"La transformación de la economía global en dirección a esta economía más ecológica presenta una enorme cantidad de oportunidades comerciales, lo que no va a fallar en Líbano", sostuvo.

Empresarios bien conectados que buscan la importación de autos híbridos o ministros que destacan las credenciales ecológicas del Líbano por haber cambiado tardíamente algunas plantas energéticas de gas a combustible podrían tener algunos beneficios indirectos.

"Pero la energía no es la única preocupación cuando se trata de cambio climático. En última instancia, estamos hablando de un modo de vida, de adaptarse a un nuevo estilo de vida que ya no consume tanto o no es tan ineficiente en sus patrones de consumo", indicó Makdisi.

En un país donde el agua es tan barata e ilimitada, los conserjes lavan las aceras con ella para mantenerlas libres de polvo. Las amas de casa la usan para baldear balcones. Cañerías rotas gotean durante días en las calles.

"El agua pronto se convertirá en un lujo", dijo Walid Kanaan, gerente del Intercontinental en el centro de ski de Ouyoun al-Siman, enumerando las medidas de ahorro de energía y agua del hotel.

"Toda la idea surge porque siempre ha habido agua aquí por la nieve, pero nos estamos sensibilizando al respecto", dijo.

El hotel puede organizar excursiones a pie, paseos en cuatriciclos a motor y otras actividades, pero en un centro de ski éste aún depende de la nieve.

"Si nieva mañana, uno puede esperar ver gente haciendo fila y la tasa de ocupación aumentará en un 100%. No fue un gran año, pero esperamos que este mejor", declaró Kanaan.