Bogotá. De acuerdo con los escenarios de cambio climático que ha construido el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales de Colombia (Ideam), se considera que hacia 2050 el 60% de los páramos en Colombia habrán desaparecido.

Parece incomprensible que en un país con numerosos recursos hídricos, rico en precipitaciones anuales y con cinco grandes vertientes hidrográficas, se avizore la escasez del agua.

En el caso de Colombia los ecosistemas más susceptibles a desaparecer por efectos del cambio climático (variación en precipitación y temperatura) son los de alta montaña, páramos y glaciares.

De hecho, las principales fuentes de agua están ubicadas en los Andes colombianos, específicamente en las cordilleras oriental y occidental, desde donde se origina la mayor oferta hídrica que consumen los colombianos, según César Ruiz, coordinador socio-económico de Conservación Internacional.

Eso sin contar que Bogotá depende del 80% del agua que genera el Parque Nacional Natural Chingaza, mientras que el restante 20% lo producen el Páramo de Guerrero y el Parque Natural Sumapaz, que si no reciben atención, harán que las futuras generaciones estén en problemas.

Los factores por los cuales las fuentes se están secando y son más contaminadas tienen múltiples orígenes. “Por un lado, existe un antecedente histórico: la deforestación de los bosques andinos que se encuentran por encima de los 2.000 metros sobre el nivel del mar. La transformación de los páramos, que han debido ceder grandes porciones de tierra para ampliar la frontera agrícola del cultivo de diferentes productos, especialmente la papa, y el desplazamiento de comunidades en las partes altas de la montaña”, asegura Ruiz.

La problemática que viven en estos momentos los páramos, de acuerdo con la opinión de la bióloga de la Universidad Antonio Nariño, obedece a una mala planificación del territorio, la ausencia de un Plan de Ordenamiento Territorial y el manejo inadecuado de tierras.

El segundo problema es la contaminación. Debido al alto número de desechos que son arrojados por curtiembres e industrias a ríos, cuencas y lagos, los pescados se están muriendo.

Según datos del ministerio de Agricultura, la pesca en el Magdalena ha disminuido considerablemente durante los últimos 15 años, cuando la población de la capital aumentó y con ello el número de desechos y aguas servidas que van a parar a los desagües de los ríos sin ningún tratamiento.

Como si fuera poco, en el país no existe un inventario de aguas subterráneas. Se sabe que existen y muchas empresas hacen uso de estas fuentes sin previa autorización de la autoridad ambiental.

En opinión de César Ruiz, existe un desconocimiento de los acuíferos subterráneos y una debilidad institucional frente al control del recurso agua.

El papel de la industria. La industria tiene un papel determinante en la oferta y demanda del líquido. Se calcula que el gran consumidor de agua en el mundo es el sector agrícola con el 65%, le siguen el industrial, que requiere del 25%, y el consumo doméstico, comercial y de otros servicios urbanos municipales con el 10%.

Los residuos de la industria minera están entre los más contaminantes para las fuentes hídricas. Castillo cita además el proceso de deforestación y los químicos utilizados para extraer el mineral, como por ejemplo el mercurio -bastante contaminante para el ambiente-, que se decanta en ríos y cuencas sin ninguna clase de tratamientos.

Sin embargo, para César Díaz, director ejecutivo de la Cámara Colombiana de Minería, los procesos de beneficio de minerales en los cuales se requiere utilización de algún contaminante son realizados en circuitos cerrados, donde la solución es continuamente reutilizada y en caso de volver a su medio natural, es tratada en plantas que eliminan cualquier contaminante.

Colombia, por ser un país eminentemente agrícola, tiene una demanda de agua muy grande, especialmente en el cultivo de papa en los departamentos de Cundinamarca, Boyacá, Nariño, Antioquia y Tolima. La siembra del tubérculo es de carácter estacional, es decir, depende del clima, está marcada por la época de lluvias y cuando se aplican insumos para el control de plagas y enfermedades, se invierten entre 200 y 600 litros de agua por hectárea.

Al respecto, Fedepapa, en cabeza del departamento de Gestión Ambiental, coordinado por Yolanda López, lleva a cabo campañas educativas y de sensibilización en la comunidad para limpiar fuentes hídricas en distintos municipios, capacitar a los agricultores en el manejo y uso seguro de plaguicidas, así como para crear campañas para el retorno de envases y empaques de uso agrícola y veterinario.

En el hipotético caso de que hubiera una política efectiva para conservar los páramos y el cambio climático se tomara en serio, de nada serviría, si no se adoptan estrategias serias de educación ambiental y no se fortalecen las instituciones para que hagan un trabajo juicioso y transparente que les permita crear incentivos a los que ahorran el líquido, pero también castigar a quienes contaminen.

Páramo, ecosistema del agua. La Biblioteca Luis Ángel Arango y el Instituto Alexander Von Humboldt se unen a las conmemoraciones con el conversatorio “Páramo, ecosistema del agua”, moderado por la investigadora en temas ambientales María Victoria Duque. La actividad se llevará a cabo hoy a las 5:30 p.m. en las instalaciones de la biblioteca. Durante el conversatorio se abordarán temas relacionados con la situación actual de los páramos, la legislación que estipula su preservación, la titulación irregular de estos territorios, entre otros aspectos. También contará con la participación de Carlos Tapia, coordinador del proyecto Páramo Andino del Instituto Humboldt, y Julio Fierro, ex asesor del ministerio de Ambiente.