Nueva York. El cerebro de los adolescentes que consumen una gran cantidad de Coca Cola responde distinto a las publicidades con el logo icónico de la gaseosa que quienes no beben habitualmente el refresco, mostró un estudio piloto.

Pero las imágenes por resonancia magnética funcional (fMRI, por su nombre en inglés) no revelaron diferencias en la actividad cerebral de consumidores y no consumidores de la bebida cuando se les mostraron publicidades exclusivamente de la gaseosa en vez del logo.

"Eso sugiere que la marca Coca Cola, como el frente o la silueta de la botella, sería una señal condicionada para quienes la consumen habitualmente", dijo el coautor del estudio, doctor Kyle Burger, del Instituto de Investigación de Oregon en Eugene.

Con el doctor Eric Stice, coautor del estudio y del mismo instituto, presentaron los resultados la semana pasada en la Reunión Anual de la Sociedad Estadounidense de Obesidad, en San Antonio.

Anteriormente en el año, Burger y Stice publicaron un estudio en American Journal of Clinical Nutrition en el que habían identificado diferencias en los patrones de respuesta cerebral entre los adolescentes que habitualmente consumían helado y los que no lo hacían.

Cuando los consumidores regulares de Coca Cola miraban una imagen de la bebida tenían menos actividad en el córtex prefrontal ventrolateral, una región relacionada con el control de la conducta, que los que no bebían demasiada gaseosa.

Lo mismo sucede con los adictos a una droga. La sustancia en cuestión va perdiendo efecto en los centros de recompensa, lo que obliga a aumentar el consumo.

En el nuevo estudio, los autores optaron por la Coca Cola por su alta popularidad entre los adolescentes y porque la publicidad apela a ese grupo etario.

El equipo identificó a 13 adolescentes que dijeron que la Coca Cola era su gaseosa favorita y que consumían por lo menos cinco unidades de 240 ml por semana. En el grupo de comparación participaron 12 adolescentes que consumían menos de tres unidades de 240 ml de cualquier bebida dulce por mes. Los participantes tenían unos 15 años y un IMC de 22,8.

Durante los estudios por fMRI, cada participante miró una publicidad neutral con el logo de Coca Cola o la imagen de la botella. El equipo evaluó también las respuestas cerebrales al mirar y beber una Coca Cola y una bebida sin sabor.

Cuando los consumidores regulares de Coca Cola miraban una imagen de la bebida tenían menos actividad en el córtex prefrontal ventrolateral, una región relacionada con el control de la conducta, que los que no bebían demasiada gaseosa.

No hubo diferencia entre la actividad cerebral de los grupos mientras bebían la gaseosa. "Pensamos que relajan un poco el pedal de freno antes de consumirla", explicó Burger.

En un subestudio sobre 10 adolescentes para comparar el efecto de la Coca Cola con el de un batido de chocolate, el equipo halló que el consumo de un batido provocaba una respuesta mayor en el núcleo estriado, una región de recompensa relacionada con la dopamina.

"Estos resultados brindan información nueva que muestra diferencias neurales entre los que consumen una gaseosa habitualmente y los que no lo hacen cuando están expuestos a la marca o saben que van a consumir la bebida", indicó Burger.

"Esta área de investigación es extremadamente importante", dijo el doctor Luke Stoeckel, director de neurociencias clínicas del Centro de Atención de las Adicciones del Hospital General de Massachusetts.

Stoeckel, que no participó del estudio, opinó que la gran diferencia individual en la actividad cerebral y el tamaño reducido del estudio hacen que los resultados no sean definitivos. Pero agregó que "si se repiten, serán muy interesantes. Es una idea muy creativa".