Seúl. Sin recursos naturales que le permitieran incrustarse en la dinámica de naciones ricas en hidrocarburos o minerales, y decididos a no repetir el esquema de la maquila como única fórmula de crecimiento económico, Corea del Sur apostó por la educación y esa inversión a largo plazo la convirtió en una generadora mundial de tecnología y en la primera nación con la mayor conectividad

Hace 30 años, México y Corea del Sur tenían niveles de ingreso similares, con la diferencia de el país de Centroamérica posee abundantes recursos naturales. No obstante, a la vuelta de tres décadas, el crecimiento del país asiático y su nivel de desarrollo humano es muy superior al mexicano.

Yoon Jong-lok, subsecretario de Ciencia de Corea del Sur, explica que ese fenómeno se debe en gran medida a la apuesta por la educación, la ciencia y la tecnología, su país pasó de basar su economía en la mano de obra barata, a generar conocimiento; de ahí que su gobierno promueva ahora como política, el concepto de “economía creativa” o “economía basada en conocimientos”.

Además de ser la nación de origen de dos de las marcas de tecnología más importantes a nivel mundial, que reclutan a sus propios jóvenes universitarios, los coreanos han logrado generar una cultura de honestidad y vida saludable que, de acuerdo con sus dirigentes, basa su éxito en la educación.

Hace dos décadas, desde las entrañas de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES) y con el impulso de los exrectores de la UNAM, José Sarukhán, y de la UAM, Julio Rubio, en México se buscó impulsar una dinámica similar a la implementada en Corea del Sur, a partir de apostar por la educación superior; sin embargo, la crisis económica de principios de los noventa impidió al Estado mexicano entregar mayor dinero a la enseñanza superior y todavía hasta ahora el presupuesto en ciencia no llega al 1% del Producto Interno Bruto (PIB).

De acuerdo con los datos de la Secretaría de Ciencia de Corea del Sur, se ubican entre los países con el mayor avance tecnológico y mejor comunicados; tienen la más alta contectividad de sus ciudadanos a internet, al grado de que hasta los expedientes médicos son consultados en celulares u otro tipo de dispositivo, y es líder en la producción de aparatos electrónicos, dispositivos semiconductores y teléfonos móviles.

La infraestructura en sus dos principales ciudades, Seúl y Busan, está considerada como altamente moderna, con el uso del tren rápido más eficiente, después del japonés; es líder mundial en la construcción naval y a pesar de que la estructrura fonética de su idioma le complica el dominio de idiomas occidentales, desde sus primeros años en la escuela, sus niños reciben educación en inglés, para lograr que sean bilingües, aunque a la mayoría le cuesta trabajo lograrlo.

El reconocimiento internacional

La dinámica de creación de conocimiento que ha impuesto Corea a su sistema universitario y de ciencia y tecnología le permitió un avance considerable en materia de telecomunicaciones, al grado que este año fue la sede de Conferencia Plenipotenciaria de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), organismo de las Naciones Unidas para el fomento de estas tecnologías en el mundo, en la cual se plantearon lineamientos como el uso de las telecomunicaciones en la atención de problemas generalizados de salud, como el ébola, y su aplicación en la solución de problemas de seguridad y de producción.

Desde la perspectiva del gobierno coreano, ser anfitriones en esta conferencia internacional “fue muy importante. Desde antes Corea se enfocó en la importancia del sector de telecomunicaciones. Hoy nuestra economía principalmente se basa en la tecnología informática y también se dice economía creatividad. Estamos muy orgullosos de organizar esta conferencia internacional. Hicimos lo máximo y preparamos varios seminarios”, destaca Yoon Jong-lok, subsecretario de Ciencia de Corea del Sur.

“Así como los seres humanos necesitamos vitaminas para vivir, la sociedad necesita de una vitamina, y esa tecnología informática es vitamina para nuestra economía. Podemos expresarla en varias industrias para que Corea sea la número uno en el mundo.

“En la agricultura, por ejemplo, la utilizamos para mejorar la técnica de sembrar semillas, para detectar la calidad de las tierras y eso nos lo permite la tecnología informática.

“Se trata de atender varios sectores. Nuestra economía depende mucho de la tecnología; casi US$44 billones estadunidenses representa la tecnología para nuestra economía; estamos ocupando mucho volumen de exportación en nuestra economía; aunque no tenemos suficientes recursos naturales, queremos fomentar más la tecnología para aplicarla en nuestra industria.

“Nuestra infraestructura está diseñada para tener el mayor rendimiento y como no tenemos suficientes recursos naturales, queremos cultivar ese sector de la tecnología informática. Por eso tenemos una amplia red de conectividad y una constante información hacia los ciudadanos sobre la importancia del uso de la banda ancha y de todas las tecnologías que nos permiten la conectividad”, precisa el funcionario, quien es uno de los encargados del diseño de la estrategia nacional para el fomento de la creación, exportación y explotación de la tecnología informática.

Así, precisa que desde la óptica coreana, las tecnologías informáticas permiten incrementar la producción agrícola y agropecuaria. Por ejemplo, al año, una vaca produce ocho mil litros de leche, pero si se pone un sensor en la parte de la pata de la vaca, esa cantidad de la producción puede duplicarse.

“Aunque una nación esté en vías de desarrollo, puede fusionar la tecnología de desarrollo en varias áreas de su industria, no solamente la agricultura y manufacturas, sino también en los servicios. Por eso nosotros hablamos de que esa tecnología es vitamina para la economía”, dice.

La economía creativa

Inmersa en un problema económico grave entre 2008 y 2009, como parte de la crisis financiera internacional que golpeó a diversas economías, incluida la mexicana, Corea del Sur decidió ir a la construcción de una dinámica enfocada al desarrollo de las telecomunicaciones, al grado que su actual gobierno denomina “economía creativa” a la etapa de generación de riqueza que viven actualmente.

Uno de los pilares de esta dinámica, además de la educación, es el incentivo del gobierno hacia el sector privado, pero la apuesta básica es la educación.

“Eso no es una política nueva, sino que es un nuevo paradigma de la economía de esta presidencia de Corea. Por ejemplo, mirando la historia de crecimiento de Corea, hace 50 años, como no tenemos una gota de petróleo, nosotros nos enfocamos en la mano de obra muy barata -estrategia que aún predomina en México-, pero ahora nos enfocamos, nos entrenamos en la economía inteligente, que es generar conocimiento, que se basa en la educación”, precisa Yoon Jong-lok, subsecretario de Ciencia de Corea del Sur

“Así, actualmente, la mano de obra del pueblo coreano no tiene ya competitividad de antes, de ser barata; nosotros lo que necesitamos es cerebros, ideas, pensamientos y por eso nosotros llamamos a nuestra economía, la economía creativa.

“De esta forma, la economía creativa se expresa en un país como Corea que no tiene recursos naturales, pero tiene suficiente industria que le exige mucho más cerebro que mano de obra barata”, detalla.

Otra visión, otra forma de vida

Así, Corea del Sur tiene ahora un rostro de modernidad que poco a poco contagia hacia el pensamiento político y social, a partir de un conocimiento no sólo del entorno internacional, sino de la valoración de sus principios ancestrales.

De esta forma, es posible ver que en Corea del Sur los ciudadanos prefieren no fumar y por eso el gobierno nacional y los municipales decidieron construir cabinas para fumadores donde los adictos al tabaco están obligados a respirar el propio humo que generan sus cigarrillos, porque está prohibido fumar al aire libre; los parques, los jardines, las calles jamás muestran a un ciudadano en Seúl o Busan con cigarros.

También es posible constatar que los coreanos han incrementado su cultura de los ciudadanos comprometidos con su hábitat y además de que respetan los pocos espacios verdes que tienen, construyen bardas en los costados de sus grandes periféricos o viaductos para evitar que la contaminación auditiva generada por los millones de automóviles impida el crecimiento de áreas verdes o lesione la estabilidad emocional de los habitantes cercanos a esas grandes vías de comunicación.

La honestidad es uno de los valores que se han sembrado en la enseñanza durante los últimos 40 años y ahora es posible observar que una persona puede dejar su cartera olvidada en un asiento y nadie la agarra, porque hacerlo es considerado como un acto que lesiona a una nación, porque su concepto de unidad nacional implica que todos trabajan en beneficio de todos y robar uno al otro es robarse a sí mismos.

De igual forma es posible ver en Corea una tendencia creciente de artistas plásticos, creadores cinematográficos, actores, actrices y cantantes comerciales de observar las tendencias mundiales, pero impulsar sus propias propuestas para que Corea del Sur no sólo exporte tecnología, sino también expresiones de su cultura.

Jae-Sang Park, conocido mundialmente como Psy, quien es el creador de la famosa Gangnam Style, es uno de los orgullos populares de Corea del Sur, porque es la primera canción interpretada en su idioma que rompe récord de popularidad mundial y fue la impulsora del K-pop en esas tierras, donde existen ahora decenas de artistas que apuestan por su propio idioma, con ritmos comerciales pegajosos.

Es común ver en los anuncios callejeros los pósters de jóvenes coreanos con el cabello teñido y estilos modernos que impulsan a los jóvenes a consumir la música que produce su país, por encima de la que llega del extranjero, pero sin cerrarse a ese conocimiento; es decir, conocen a las grandes estrellas internacionales y consumen su música, pero las compras masivas se destinan a lo que producen sus propios artistas.

Y esa lógica se refleja también en su consumo de tecnología. Los coreanos conocen la vanguardia internacional, pero ellos desarrollan sus propias redes, sus propuestas de conexión y las mejoran para que ganen en calidad a cualquier competidor extranjero.

Los coreanos encuentran en su mercado interno las grandes marcas japonesas, alemanas, estadunidenses, pero por encima de Apple y todos sus dispositivos que lo colocan en el primer lugar mundial en ventas; en Corea la competencia fuerte está entre Samsung y LG, que se disputan el primer lugar en ventas; los coreanos apuestan más a la tecnología que desarrollan sus propios creativos que a la importada.

Otro de los orgullos de la nación coreana es Ban Ki-moon, secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), porque lo consideran como una forma de mostrar al mundo la dinámica de apertura que tiene la nación y que el mundo puede voltear hacia esta nación oriental que forma hombres y mujeres con criterios amplios y con altas bases educativas.

De hecho, los coreanos promueven la estancia de sus estudiantes en diferentes naciones y buscan su especialización, con la dinámica constante de regresar al país para desarrollar en él lo aprendido en el extranjero; es una situación diferente a la que vive México, donde la mayoría de los jóvenes becados en el extranjero prefieren quedarse en otras naciones que aportar al país lo que aprendieron; en Corea, los jóvenes retornan a sus universidades y se incorporan a las empresas nacionales para desarrollar lo aprendido.

Los coreanos han logrado construir ciudades tan modernas como Seúl y Busan, donde los centros de convenciones, los hoteles, las oficinas, tienen computadoras hasta en los sanitarios, para programar las descargas de agua, para fijar la temperatura del inodoro, sobre todo en época de frío intenso; donde las cortinas, la ducha o las luces pueden manipularse desde un teléfono fijo o móvil.

También sus trenes cuentan con señales de internet o es más común el uso de Wi-Fi móvil con tecnología 5G, para que las decenas de hombres de negocios y estudiantes que deben trasladarse de una región a otra no pierdan conectividad y puedan desarrollar su trabajo, si es necesario.

Un país donde todas las indicaciones para la movilidad urbana están en coreano e inglés para que ningún extranjero se sienta extraviado, dada la dificultad en el dominio del idioma coreano; una nación donde es más fuerte una cadena de café con asociación coreana-francesa, que la cadena internacional estadunidense que triunfa en todas las naciones donde se establece.

Corea del Sur tiene diversas universidades públicas y privadas donde además de sus ciudadanos, estudian decenas de extranjeros, y desde ellas se generan vínculos con el sector productivo y con las empresas que crean tecnología; por ejemplo, el Hospital Universitario de Seúl es uno de los más modernos del mundo, con un nivel de aplicación de tecnología al ciento por ciento, gracias a las innovaciones producidas por los propios estudiantes y profesionistas coreanos, en coordinación con los médicos.

Hay aplicaciones que permiten a algunos enfermos conocer los niveles de su composición sanguínea, para que el médico lo pueda monitorear a distancia.

Además, los ciudadanos coreanos también están inmiscuidos en el uso de tecnología para la realización de los pagos de impuestos y para la realización de los trámites burocráticos que requieran.

Pero al mismo tiempo es una nación que todavía muestra algunas contradicciones propias de una cultura que entra a la modernización, pero que cuenta con raíces ancestrales, como el hecho de que las mujeres son cada vez más activas en la generación de la riqueza nacional, fue hasta hace dos años que Corea del Sur aprobó una ley que castiga con mayor severidad a los violadores, pues las penas menores que existieron fomentaron la reincidencia hasta que la nación decidió aplicar la castración química.

Park Geun-hye es la presidenta de Corea del Sur, que tiene un sistema bipartidista; por un lado el Partido Saenuri, que representa a la derecha y por el otro el Partido Democrático Unido; se trata de una nación democrática que enfrenta con frecuencia la molestia social por la carga fiscal, pero los coreanos tienen la política de que estos impuestos generalizados elevados permiten el desarrollo tecnológico, al ofrecer a las empresas un trato fiscal preferente.

La Corea de las tradiciones

Así como Corea del Sur muestra una modernidad constante en sus calles llenas de anuncios espectaculares que en su mayoría son pantallas gigantes con las promociones de tiendas y con la presentación de las innovaciones tecnológicas de sus empresas, también permiten ver a una población que opta por mantener costumbres que las caracterizan desde hace décadas.

Su comida, dividida siempre entre el color rojo, que implica toda aquella que tiene picante, y la verde o blanca, que es la que no pica, se impone en el consumo de la comida rápida de occidente; en sus dos principales ciudades, Seúl y Busan es común ver todas las tiendas de comida rápida que se observan en occidente, pero el número de consumidores cotidianos es considerablemente menor; en cambio, los grandes comedores donde se sirve la comida tradicional siempre muestran amplia afluencia de comensales.

Los mariscos y pescados son la base de su alimentación, que tiene horarios generalizados en los que el desayuno se sirve entre las 07:00 y las 08:00 horas; la comida a las 13:00 horas y la cena a las 18:30 horas, por muy tarde, y como la preferencia es por los alimentos frescos, en los mercados de Corea del Sur el pescado no se vende muerto, sino vivo; es decir, los comerciantes tienen grandes peceras donde están las especies vivas y el cliente escoge el animal que comerá para que, frente a él, sea preparado para el consumo humano, y que se acompaña con té verde o con Soju, el vino de producción nacional más consumido en la nación.

Corea del Sur, dice su subsecretario de Ciencia, Yoon Jong-lok, quiere que la tecnología le ayude a solucionar problemas, a hacer más eficiente su labor de gobierno y mejorar cada día más la calidad de vida de sus habitantes, siempre basado en la generación del conocimiento que logra con base en apostar en la educación, que es la columna vertebral de su progreso.