Santiago. Si bien la crisis financiera internacional no eliminó los logros alcanzados por América Latina en miras de alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), provocó un grado de incertidumbre sobre la posibilidad de cumplirlas en 2015.

Así lo advierte el informe “El progreso de América Latina y el Caribe hacia los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Desafíos para lograrlos con igualdad”, elaborado en el marco del Mecanismo de Coordinación Regional de las Naciones Unidas, que fue entregado este jueves en Nueva York.

Según el informe, antes de que estallara la recesión (2002-2008) hubo importantes logros, principalmente en la tarea de reducir la pobreza. En ese periodo la región tuvo un crecimiento económico relativamente elevado, con mejoras distributivas en varios países, un aumento del gasto público social por habitante y políticas macroeconómicas que evitaron un impacto más negativo de la crisis. 

El documento advierte que a pesar de que algunos países han cumplido varias de las metas y otros están en trayectoria para alcanzarlas, a varias naciones les será difícil lograrlas si se mantiene hasta el año 2015 el ritmo de avance observado.

Respecto a la meta de reducir la extrema pobreza a la mitad, a nivel regional se observa un avance de 85%, por lo que de continuar con este ritmo, Latinoamérica alcanzaría su objetivo en 2015.

En ese plano, ya Brasil y Chile cumplieron lo planteado, mientras que Perú está muy cerca de hacerlo, según informó la Cepal.

Persisten mayores niveles de pobreza en la población infantil, las mujeres, los indígenas y afro descendientes.

Sin embargo, la irrupción de la crisis global en 2008 puso en riesgo el avance que se registra en otros países, frenando la tendencia del sexenio anterior, cuando se redujo la pobreza extrema de 19,4% a 12,9%.

Persisten mayores niveles de pobreza en la población infantil, las mujeres, los indígenas y afro descendientes, y en las áreas rurales en comparación con las urbanas. 

En cuanto a reducir a la mitad el número de quienes padecen hambre, el avance regional fue 55% hasta 2006, según estimaciones de la FAO.

La región produce 40% más de alimentos que requiere su población, pero en el periodo 2004-2006 existían 45 millones de personas sin acceso suficiente a ellos.

Frente a la meta de lograr empleo pleno y productivo y trabajo decente para todos, el informe destaca que entre 1990 y 2008 la evolución de los indicadores ha sido relativamente favorable, aunque el bajo crecimiento de la productividad y la heterogeneidad estructural han impedido una mejora sostenida de las remuneraciones reales y reducir la concentración del ingreso.

América Latina y el Caribe tuvo un avance significativo en términos de cobertura y acceso.

En este plano, la mayoría de los países exhibe tasas de matrículas cercanas o superiores a 90%, situándose en niveles similares a las de naciones desarrolladas. Donde se observan falencias es en la cobertura y calidad de la educación secundaria. 

Aunque el ritmo de avance ha sido lento en el área de igualdad de género, las brechas entre hombres y mujeres han bajado en los últimos 15 años. 

Asimismo, las condiciones de salud de la población han mejorado, pero el progreso es muy desigual y heterogéneo, incluso en algunos indicadores, es avance es insuficiente.

El informe indica que sólo un tercio de los países podrá cumplir la meta de disminuir en 50% la mortalidad infantil, ya que hacia 2009 el progreso regional fue de 79%.

En el área medioambiental, América Latina sigue teniendo las tasas de deforestación más altas del mundo y las emisiones de dióxido de carbono han crecido de manera sostenida.

Donde se han registrado avances ha sido en disminuir el consumo de sustancias que agotan la capa de ozono, ha aumentado la superficie de áreas protegidas en la última década y se ha avanzado en la expansión de la cobertura de los servicios de agua potable y saneamiento.

Entre las recomendaciones que entrega el informe para que los países cumplan los Objetivos del Milenio, se plantea la cooperación Sur-Sur; la incorporación de los principios de desarrollo sostenible en sus programas nacionales; el cierre de brechas de bienestar para avanzar hacia sociedades más igualitarias; la implementación de políticas productivas y tecnológicas para incentivar la creación de empleos y mejorar los ingresos; y la atención urgente a las situaciones más extremas de pobreza y hambre, indispensables para avanzar en igualdad en la región.