El regreso a su país todavía no es una opción para buena parte de los inmigrantes ecuatorianos afectados por la crisis y el desempleo en España, y en lugar de retornar a su lugar de origen, prefieren probar suerte en otras partes de Europa y en Estados Unidos.

El goteo de viajeros es constante, aunque no existe una estadística que precise cuántos son los que emprenden una nueva aventura. Juan Torres, presidente de la Federación de Asociaciones de Ecuatorianos en Cataluña, confirmó que cada vez más hay más compatriotas –aquellos que tienen doble nacionalidad- que intentan ganarse la vida en otros lugares ante la escasez de puestos de trabajo en España.

Antes, el ecuatoriano laboraba en el sector de la construcción, preferentemente, pero tras la explosión de la burbuja inmobiliaria en el 2008, se destruyeron miles de puesto de trabajo en el sector. Actualmente hay unos 150.000 ecuatorianos que no tienen empleo, según datos del Ministerio de Trabajo e Inmigración.

Jhon Magallanes Vera, oriundo de Daule, se quedó sin empleo hace cuatro años, y una vez que agotó el paro y las ayudas sociales, pidió dinero a unos familiares para viajar a Estados Unidos, adonde arribó a finales del pasado mes de abril.

“Estuve en Nueva York durante dos meses y 17 días. Trabajé instalando ventanas junto a unos afroamericanos que no entendían español. Tener que emigrar es una experiencia muy dura, y más si vas a un lugar donde no hablan tu idioma, donde tienes que hacerte entender como sea”, comentó.

Tras su regreso de Nueva York, Magallanes, que ahora tiene 40 años de edad, se trasladó a Ginebra (Suiza), pero al cabo de tres días retornó a Barcelona. “Las condiciones ahí son muy duras, porque en Ginebra es obligatorio hablar francés para obtener un trabajo. Además la vida es muy cara, al extremo que el alquiler de una cama cuesta 500 euros al mes”.

El guayaquileño Ángel Mendoza, por su parte, reconoció que existen demasiadas dificultades para adaptarse a otros países de habla no española. Él lo intento en Colonia (Alemania), adonde viajó en febrero del 2009 luego de quedarse en el desempleo. “Me fui con un amigo, pero tuve dificultades con el idioma. Trabajé ocasionalmente en la limpieza de edificios, pero al final me di cuenta que no valía la pena permanecer ahí”.

Mendoza también regresó a Barcelona y realizó un curso de auxiliar de enfermería, oficio que ejerció de manera esporádica. Desde hace cuatro meses trabaja, junto a su mujer, para una compañía de medicina natural en calidad de vendedor.

Al respecto, Juan Torres señaló que este nuevo fenómeno migratorio difiere del anterior en el sentido de que ahora son los hombres los que emigran primero, mientras la mujer permanece en casa al cuidado de los hijos. “Cuando vinimos a España, el fenómeno era a la inversa: primero viajaban las mujeres, que luego se encargaban de traer a los hombres”.

Mary López, guayaquileña de 39 años de edad, actualmente cuida de sus dos niñas en Barcelona, mientras su marido, Ricardo Bermúdez, se encuentra en París, adonde viajó por sugerencia de unos amigos.

“Se fue a finales de abril y de momento está trabajando. Se ve que tiene dificultades con el idioma y lo más probable es que vuelva a final de año”, apuntó López.

López recordó que su marido -albañil de profesión- se encontraba muy bien en España hasta que llegó la crisis al sector de la construcción. En los últimos tiempos mantenía a la familia haciendo trabajos ocasionales.