La Habana. Cuba liberó este sábado a otro preso político que se había negado a salir de la prisión como parte de un acuerdo entre el gobierno del presidente Raúl Castro y la Iglesia Católica.

El opositor Héctor Maseda, cuya libertad era reclamada por Amnistía Internacional, fue liberado en la mañana de este sábado y está en su casa en un barrio del centro de La Habana en libertad condicional.

"Hoy, mañana y en todo momento diré que estoy siendo liberado en contra de mi voluntad y estoy siendo forzado por ustedes (el gobierno). No estoy de acuerdo con la licencia extrapenal (libertad condicional)", dijo Maseda por teléfono a Reuters.

Maseda, esposo de Laura Pollán, una de las activistas del grupo Damas de Blanco, se había negado inicialmente a ser excarcelado bajo libertad condicional o licencia extrapenal.

El periodista independiente fue condenado en marzo del 2003 a 20 años de cárcel en una redada del gobierno contra 75 opositores sentenciados a penas de entre 6 y 28 años de prisión.

El disidente es uno de los presos políticos que han decidido quedarse en Cuba, a diferencia de la mayoría de los opositores liberados en los últimos meses que se han marchado al exilio como condición para ser excarcelados.

Con la liberación de Maseda, ya son 44 los disidentes que han salido de prisión. Del grupo inicial de los 52 presos políticos en el acuerdo entre el gobierno y la Iglesia Católica restan ocho en las cárceles, que se han negado a aceptar la liberación a cambio del exilio.

Las autoridades de la isla liberaron este viernes al también disidente Eduardo Díaz Fleitas, un agricultor sentenciado a 21 años de prisión.

Angel Moya, otro preso político cuya liberación fue anunciada la semana pasada, también ha rechazado salir de la cárcel hasta que varios de los disidentes más enfermos dejen la prisión.

"Tengo que seguir ahora haciendo lo mismo en la oposición. Tengo que saber ahora cuáles son las nuevas estrategias (...)", dijo Maseda, presidente del ilegal Partido Liberal de Cuba.

En una reunión sostenida en mayo del 2010 en La Habana, Castro acordó con la Iglesia Católica excarcelar a 52 presos de conciencia reclamados por Amnistía Internacional.

El gobierno cubano considera a los disidentes mercenarios a sueldo al servicio de su enemigo Estados Unidos.