La Habana. Dos disidentes cubanos que se cosieron la boca e iniciaron una huelga de hambre hace un mes dijeron este viernes estar dispuestos a morir por sus demandas, que incluyen la libertad para el encarcelado contratista estadounidense Alan Gross y mejoras en los derechos humanos.

Vladimir Alejo Miranda, de 48 años, y Angel Enrique Fernández, de 45 años, dijeron que se habían negado a recibir atención médica o trasladarse al hospital en momentos en que sus condiciones de salud se deterioran.

"Hasta que no haiga (haya) una respuesta a favor de nosotros, de la oposición, a favor del señor Alan Gross, no vamos a levantar la huelga", dijo Alejo Miranda a Reuters en la cama de su casa en las afueras de La Habana.

"Si tenemos que dejar nuestras vidas por esta petición, vamos a dejar la vida, seremos un (Orlando) Zapata (Tamayo) de nuevo", dijo el disidente, en alusión a un preso político fallecido en febrero del 2010 en una huelga de hambre para exigir mejoras en las condiciones carcelarias.

Gross, de 61 años, está cumpliendo una condena de 15 años de cárcel impuesta el mes pasado por un tribunal cubano acusado de introducir equipos ilegales de comunicación por satélite como parte de un programa financiado por Estados Unidos para promover la democracia en Cuba.

Había sido detenido a fines del 2009 en La Habana. Ahora está pendiente de una apelación de su sentencia ante el Tribunal Supremo de Cuba, la máxima instancia judicial de la isla.

Fernández, el otro disidente en huelga de hambre, dijo que pidió la liberación de Gross "porque somos defensores de los derechos humanos, da igual del país que sea quien esté preso injustamente en Cuba".

"Su único delito fue traer (teléfonos) celulares, equipos de computación y laptops para ayudar a los cubanos", dijo.

La detención y condena en Cuba de Gross reanimó las hostilidades entre Cuba y Estados Unidos, frenando un ligero acercamiento iniciado por el presidente Barack Obama al llegar al poder en el 2008.

Fernández dijo que una vez fueron visitados ya por un agente de la policía cubana de menor rango y les dijo que Gross fue encarcelado porque era un terrorista descendiente de los musulmanes.

Ambos hombres tienen la boca cosida y los labios parcialmente cerrados, pero pueden hablar y beber líquidos con un fino absorbente. Parecen debilitados y permanecían acostados en una cama durante la entrevista.

En la deteriorada casa de Alejo Miranda en un humilde barrio de las afueras de La Habana aparecen pintadas consignas contra el gobierno y los líderes cubanos. Ambos tienen tatuajes en los que acusan de asesino al ex presidente cubano Fidel Castro.

Fernández dijo que una vez fue encarcelado por llevar ese tatuaje.

Elizardo Sánchez, de la ilegal pero tolerada Comisión Cubana de Derechos Humanos, dijo a Reuters que la huelga de hambre "no es muy popular" dentro de la oposición, aunque están atentos para brindar ayuda "moral".

Sánchez dijo que otros disidentes cubanos no habían prestado su ayuda a los dos hombres en huelga de hambre porque no se conocían bien y porque su demanda de libertad para Gross no era "tan atractiva" como otras causas.