Santiago. Dos de los investigadores más experimentados del Vaticano regresaron a Chile este martes para allanar un camino que permita a la iglesia reparar el daño causado por casos de abuso sexual en el país, justo cuando se espera la salida de más obispos tras el alejamiento de tres altos miembros del clero.

El arzobispo Charles Scicluna y el padre Jordi Bertomeu, expertos en temas de abusos del clero, sostendrán encuentros con víctimas y testigos en Santiago y en la sureña ciudad de Osorno, epicentro de la crisis que destapó otros casos en una nación que se declara mayoritariamente católica.

Bertomeu dijo a la llegada del aeropuerto de Santiago que vienen en nombre del Papa "a pedir perdón" a las víctimas y a escuchar a los afectados. Al ser consultado sobre posibles nuevas salidas de obispos, el experto español dijo que eso debía dejarse en manos del Papa.

"Debemos estar todos expectantes de que las cosas se van a solucionar muy bien", dijo.

La visita de Scicluna y Bertomeu ocurre un día después de que el Papa determinó la salida de tres obispos, incluido Juan Barros, quien durante su cargo en Osorno fue acusado de encubrir un polémico caso de delitos sexuales de su sacerdote mentor, Fernando Karadima.

Entre los informes que resultarán más dolorosos de escuchar para el Papa está una acusación de abuso de un maestro en una escuela dirigida por jesuitas, la orden a la que él pertenece.

El alejamiento de los tres religiosos ocurre luego de que, en un hecho sin precedentes, los 34 obispos de Chile presentaron su renuncia al Papa para abordar la crisis en una reunión el mes pasado en el Vaticano. En esa ocasión, Francisco no dijo cuántas dimisiones aceptaría y qué otras medidas adoptaría.

Por ello, se espera que la visita de Scicluna y Bertomeu agregue antecedentes significativos para avanzar en una profunda transformación de la iglesia chilena.

El padre Enrique Opazo, un crítico del manejo de la crisis por parte de la conferencia episcopal chilena, dijo que había llegado el momento de cambios en el liderazgo.

La salida de "tres no es suficiente, necesitamos al menos 15 o 20 caras nuevas entre los obispos, en la cúpula de la iglesia", dijo Opazo a Reuters desde la costera región de Valparaíso.

Nuevos casos, más implicados. Cuando el Papa envío a Chile a Scicluna y Bertomeu en febrero para investigar casos de abusos, los expertos realizaron 64 entrevistas. Ahora, sumarían otras decenas de encuentros tomando en cuenta las denuncias que han surgido en últimas semanas.

Entre los informes que resultarán más dolorosos de escuchar para el Papa está una acusación de abuso de un maestro en una escuela dirigida por jesuitas, la orden a la que él pertenece.

Helmut Kramer, un ingeniero de Santiago de 48 años, afirma que a los 13 años fue obligado a desnudarse y ser acariciado por Leonel Ibacache en reuniones privadas celebradas con el pretexto de prepararlo para el bautismo y la inscripción en una escuela jesuita en el norte ciudad de Antofagasta en 1983.

Dijo que se lo contó a un alto funcionario de la Iglesia varios años después. Ibacache, que ya había enseñado en la ciudad de Puerto Montt, luego fue transferido sin explicación a otra escuela en Santiago y ahora está retirado a sus 90 años.

"Guardé silencio todos esos años, de hecho, pensé que era el único en el mundo que había sufrido eso", dijo Kramer a Reuters en una entrevista telefónica. "Espero que al menos el Papa se sienta avergonzado de que haya sucedido en su propia orden", sentenció.

En medio de una potencial acusación penal que involucra a cinco sacerdotes, la congregación de los Hermanos Maristas anunció una serie de medidas. Durante una visita a Santiago la semana pasada, Luis Gutiérrez, el segundo al mando global de la congregación, se reunió con presuntas víctimas y se comprometió a entregar a los abusadores.