-¿El discurso antiimperialista de Rafael Correa en Ecuador, así como de los gobernantes de Venezuela, Nicaragua o Bolivia ha influido para que se tenga una percepción poco favorable respecto a la marca Estados Unidos?

-Yo creo que sí, pero lo interesante es que la gente está dispuesta a comprar productos de Estados Unidos en Ecuador, quieren ir allá, pero al mismo tiempos tienen una actitud negativa hacia la marca Estados Unidos.

-Por un lado lo adoran y lo ven como un referente y, por otro, lo califican de arrogante y altivo. ¿Por qué esta bipolaridad?

-Se trata de una relación de conveniencia. No es una relación amorosa, no está involucrado el corazón, no es emocional sino más bien funcional.

Las personas hablan en contra de un país, pero igual le gustan sus productos y quieren viajar a él. ¿Un pequeño empresario por qué quisiera viajar a Estados Unidos? Porque puede aprender algo, porque va a pasear y porque le da estatus.

-¿Por qué se da esta relación amor-odio si Estados Unidos fue el primer país de destino de nuestros migrantes?

-Eso refuerza la idea de que es funcional porque en el fondo los migrantes están dispuestos a sacrificarse, irse para allá y sufrir la adaptación cultural. En esa migración hay mucha gente que no ha aguantado y se devuelve y lo hace porque culturalmente no logra adaptarse. Estados Unidos es un país individualista, está proclive al riesgo y no le incomodan las cosas desconocidas; es un país al que se podría definir con rasgos varoniles por el hecho de ser agresivo y promover la competitividad y la competencia. Pero, a los ecuatorianos -que vienen de un país colectivista- les incomoda lo desconocido. Y no lo digo como algo negativo sólo del Ecuador, sino de todos los países que están en esa región. Rechazan la incertidumbre. El tener esa característica hace que una persona diga “es más seguro trabajar para una empresa donde me pagan un sueldo y no tengo que preocuparme por empezar mi negocio porque me podría ir mal”.

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-¿Y eso necesariamente es negativo?

-Lo que pasa es que la gente está contenta así. Si nos preguntamos ¿es malo ser colectivista?, ¿es malo ser individualista?, la respuesta sería que no es ni lo uno ni lo otro. El problema es cuando has crecido en una cultura y te mueves a otra diferente. Pero en la medida en que estés dentro del ámbito cultural que a ti te acomoda, tú estás contento.

-Volviendo al punto de la bipolaridad: ¿por qué entonces los primeros ecuatorianos en viajar a los Estados Unidos se siguen llevando a sus generaciones si tienen la visión de que ese país no es tan bueno? No hemos visto una ola de regreso de migrantes.

-Puede ser porque este país no está ofreciendo lo mismo que tienen allá (económicamente) y eso pesa demasiado; de hecho muchas personas piensan que cuando llegue la edad de la jubilación, la recibirán allá pero luego vendrán a vivir acá. Otra razón es que hay ciudadanos que se adaptan y son flexibles, eso se conoce como “aculturación”.

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-¿Es probable que si el gobierno actual mantiene el discurso antiimperialista se llegará a un punto en que la imagen americana no sólo será negativa si no que habría cierta animadversión?

-Puede ser porque en el fondo las percepciones se pueden manipular. Todo dependerá del tipo de gente afectada por el discurso. Hay quienes sí escuchan los discursos con cierto grado de análisis. Por otro lado y más importante aún: ¿le interesa a Estados Unidos lo que opine la gente aquí? Es una pregunta que yo no puedo responder pero, a lo mejor, les gusta ser vistos de esa forma: “Ustedes me tienen odio, pero igual me quieren”. Es una relación amor-odio, como un amor imposible.