Pekín. Bocinas y sirenas sonaban este miércoles y la gente agachaba sus cabezas en una provincia del oeste de China, donde un terremoto devastó hace una semana el condado tibetano de Yushu.

La cifra oficial de muertos provocados por el terremoto de magnitud 6,9 que remeció una región remota de la provincia de Qinghai el miércoles pasado llegó a 2.064, con 175 personas desaparecidas, dijo la agencia oficial de noticias Xinhua.

La mayoría de los muertos eran residentes de etnia tibetana de la capital del condado de Yushu, Gyegu, a unos 4.000 metros del nivel del mar en las tierras altas del Tíbet.

A las 10.00 a.m. (0200 GMT), decenas de residentes, soldados y funcionarios de la capital provincial de Qinghai, Xining, agacharon sus cabezas durante tres minutos, mientras sirenas y bocinas sonaban en un gesto de dolor, según imágenes de la televisión estatal china.

La televisión también mostró a nueve miembros del Comité Permanente del Buró Político del Comité Central del Partido Comunista de China, liderados por el presidente Hu Jintao y el primer ministro Wen Jiabao, haciendo una reverencia con sus cabezas.

En Gyegu, residentes y monjes budistas se reunieron en una colina sobre el pueblo donde cientos de cadáveres de las víctimas del sismo fueron cremados la semana pasada, dijo Nami, uno de los muchos monjes tibetanos que se han unido a las labores de ayuda en la zona.

"Fuimos a recordarlos, pero ahora tenemos que concentrarnos en ayudar a los sobrevivientes y reconstruir Gyegu", dijo por teléfono. "La gente está muy triste. Lo estarán por un largo tiempo", agregó.

Banderas nacionales de China se mantuvieron a media asta en todo el país y las actividades y programas recreativos fueron suspendidos por el día.

En la central Plaza Tiananmen de Pekín, cientos de ciudadanos estaban de pie, con sus cabezas agachadas. Los turistas de la plaza continuaban con sus actividades normales.

El terremoto ha sido uno de los golpes más recientes al enorme país, donde suelen ocurrir sismos, inundaciones y sequías. Un sismo que sacudió en mayo del 2008 la provincia de Sichuan, en el suroeste del país, dejó al menos 80.000 personas muertas, con miles más de desaparecidos, los que probablemente murieron.

Sin embargo, el Gobierno de China también ha utilizado el desastre para demostrar su capacidad de usar su creciente poder y recursos para superar los desastres, y para congregar a sus ciudadanos en torno a un mensaje patriótico de unidad nacional.