Brasilia. Un fondo internacional para la protección de la selva del Amazonas que Brasil puso en marcha en 2008 está empantanado en la burocracia, mientras los donantes se sienten frustrados porque será difícil emplear sus contribuciones de US$466 millones, según autoridades noruegas.

El fondo se creó para frenar la deforestación estimulando alternativas económicas sostenibles a los cultivos y la alimentación de ganado, que han destruido grandes sectores de la selva.

Hasta ahora Brasil sólo ha empleado US$39 millones en 23 proyectos de crecimiento sostenible, y otros US$53 millones están bajo contrato. Esta pobre gestión ha debilitado la voz de Brasil como líder de la defensa para la protección de los bosques del mundo en desarrollo con fondos de las naciones más ricas.

Un funcionario del Gobierno noruego, el principal contribuyente al fondo, dijo a Reuters en Brasilia que su país estaba descontento con el lento ritmo de Brasil en la búsqueda de nuevos proyectos, lo que ha suscitado dudas sobre el uso de esos fondos en el país sudamericano.

Los fondos son administrados por el Banco Nacional para el Desarrollo Económico y Social, en manos del Estado brasileño.

La fuente, que pidió no ser identificada, dijo que los fondos acordados con el BNDES cayeron a la mitad entre 2010 y 2011. Esto ha desalentado a los donantes potenciales a dar más recursos, afirmó la fuente.

Rica por su petróleo en alta mar, Noruega ha liderado los proyectos para proteger las selvas como parte de un proyecto de Naciones Unidas para frenar el cambio climático. Los árboles absorben los gases de efecto invernadero cuando crecen y los liberan cuando se los tala o quema.

Noruega prometió US$1.000 millones al Fondo del Amazonas y hasta la fecha ha donado 418. Los fondos no empleados están depositados en el Banco Nacional de Noruega.

Alemania ha donado US$27,2 millones y el gigante petrolero brasileño Petrobras otros US$4,2 millones.

Ecologistas aseguran que el BNDES ha obstaculizado los proyectos con el papeleo y reuniones interminables. Erika Nakazono, que dirige un proyecto de mapeado social de las comunidades del Amazonas, dijo que le llevó 19 meses conseguir la aprobación y que algunos investigadores abandonaron el proyecto por los retrasos.

"La burocracia es muy difícil. Llegó un momento en que pensé si todo el esfuerzo merecía la pena", dijo Nakazono.

El jefe del departamento de control de la deforestación del BNDES, Mauro Pires, admitió que el fondo no está trabajando como los donantes esperaban.

"La gente quería que las cosas se hicieran más rápido y cubrieran un amplio rango (de proyectos)", dijo Pires a Reuters. Reconoció que el fondo era un proyecto pionero y que aún se seguía trabajando en los procedimientos.

"Estamos trabajando para crear proyectos que acometan el corazón del proceso de deforestación", afirmó.

La destrucción de la porción brasileña de la mayor selva del mundo cayó a sus niveles mínimos en 23 años en 2011, debido a la adopción de leyes más severas sobre la tala ilegal, dijo el Gobierno brasileño en diciembre.