Puerto Príncipe. Miles de haitianos lloraron, oraron y bailaron el viernes rodeados de tiendas de campaña en la principal plaza de Puerto Príncipe, mientras que el presidente Rene Preval les pidió "secarse las lágrimas" y ayudar en la reconstrucción tras el sismo del 12 de enero.

Los haitianos se congregaron en un día nacional de duelo y oración en medio de los escombros, un mes después del sismo de magnitud 7 que devastó la capital, junto a ciudades y aldeas cercanas, dejando más de 200.000 muertos y 1 millón de personas sin hogar.

En su primer discurso transmitido a nivel nacional a la empobrecida nación caribeña desde el terremoto, Preval dijo que la valentía de los haitianos sostuvo su Gobierno mientras busca formas de aliviar el sufrimiento de unos 300.000 heridos y de aquellos que viven en cientos de campamentos improvisados.

Las autoridades dicen que los seis días de luto incluirían oraciones nacionales y finalizarán con lo que denominaron una "celebración de la vida" que mirará al futuro, e incluirá una fiesta en la principal plaza de la capital con músicos y artistas.

"Haitianos, el dolor es demasiado fuerte para expresarlo en palabras. Sequémonos las lágrimas y reconstruyamos Haití", dijo Preval en una ceremonia celebrada en una plataforma llena de flores en la escuela de enfermería de la Universidad de Notre Dame en la capital.

"Pueblo de Haití que está sufriendo, el coraje y la fuerza que han mostrado en esta desgracia es la señal de que Haití no puede perecer. Es una señal de que Haití no perecerá", aseveró Preval, que llevaba un brazalete negro sobre su camisa blanca en señal de luto.

Pausa. La ceremonia supuso un alto temporal a los trabajos del Gobierno recuperación del peor desastre natural sufrido por Haití. El terremoto causó la muerte de unas 212.000 personas, según el Gobierno.

Las autoridades haitianas, junto con las organizaciones de ayuda internacional, están tratando de averiguar cómo albergar y cuidar a más de un millón de personas que viven en tiendas y albergues improvisados en las calles.

"La gente no puede morir. La gente son almas y las almas no pueden morir", dijo Max Beauvoir, el sacerdote de vudú más importante de Haití, que se sentó junto al arzobispo católico, Joseph Lafontant, durante el servicio.

"El lunes 12 de enero, 200.00 personas o probablemente más, fallecieron. No es que hayan muerto, viajaron a otra vida", añadió.

Entre los que acudieron a la ceremonia estaba el primer ministro Jean-Max Bellerive, muchos ministros y el presidente del Senado Kely Bastien, que fue sacado entre los escombros del Parlamento y tuvo que ser operado por una grave lesión en el pie.

Bastien iba con muletas y llevaba sandalias en la ceremonia formal.

Preval también pidió a los haitianos que rezaran por el ex presidente estadounidense Bill Clinton, que fue dado de alta de un hospital en Estados Unidos el viernes tras colocarle dos stents en su corazón para desbloquear una arteria coronaria.

Clinton, enviado especial de las Naciones Unidas a Haití, fue nombrado junto al ex presidente George W. Bush por el actual mandatario Barack Obama para dirigir los esfuerzos de ayuda a Haití.

"Estamos con su familia del mismo modo que estuvo con nosotros a lo largo de nuestra desgracia", declaró Preval.