El informe "Guatemala en la encrucijada: panorama de una violencia transformada", presentado por la ONU, se enfoca en ese fenómeno en sus diversas manifestaciones: delincuencia común, crimen organizado y agresiones intrafamiliares.

Uno de los aspectos más llamativos es que tras la conclusión del conflicto armado interno en 1996, las muertes violentas han tenido un ascenso creciente y unos factores de origen complejos y a la vez poco enfrentados por las diversas administraciones de gobierno.

El estudio fue realizado por el Small Arms Survey y el Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos, en el cual aseguran que pese a recientes reducciones en los homicidios en el último año, “sigue siendo uno de los países más violentos de Centroamérica y el resto de América Latina”.

El reporte realiza un mapeo de la situación de violencia armada, y se centra en el análisis del legado del conflicto armado interno; los niveles, distribución e intensidad de la violencia armada; las características de las víctimas y, por último, en las iniciativas que pretenden reducir o prevenir la violencia armada en Guatemala.

Entre las principales conclusiones del informe se destaca que “si bien la última tendencia en cuanto a la reducción de los homicidios es prometedora, no se debe descartar la importancia de conocer las dinámicas de la violencia armada, para prevenir de manera más efectiva sus múltiples manifestaciones”.

Por último, resalta que la violencia sigue imperante, pues “después de finalizado el conflicto armado, esta se acrecentó en múltiples expresiones complejas con más posibilidades de deteriorar lo logrado en la transición a la democracia y los acuerdos de paz”.

Estas son algunas de las cifras más reveladoras acerca de ese problema, que requiere enfoques nuevos.