Roraima. Decenas de miles de venezolanos han cruzado la frontera hacia Brasil en el último año, buscando escapar de una economía colapsada con una inflación de tres dígitos.

Muchos cruzan sólo para comprar alimentos y medicinas y luego regresan a su país. Pero otros se quedan, incluidos más de 12.000 venezolanos que solicitaron asilo el año pasado en el norteño estado de Roraima, lo que representa un aumento de cinco veces la cifra de 2016, según datos de la policía.

Desesperados por hallar empleo y ganar dinero para alimentar a sus familias, estos inmigrantes venezolanos corren un alto riesgo de convertirse en víctimas del tráfico de personas y terminar realizando labores forzadas o ejerciendo la prostitución.

"Los venezolanos están escapando con la esperanza de una mejor vida y para conseguir alternativas", dijo Eurídice Márquez, responsable de prevención del crimen y justicia penal de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDC). "Cuando estás en esa situación, eres presa de cualquier tipo de explotación y abuso", agregó.

"Los venezolanos están escapando con la esperanza de una mejor vida y para conseguir alternativas (...) cuando estás en esa situación, eres presa de cualquier tipo de explotación y abuso", dijo Eurídice Márquez.

Con el flujo de inmigrantes vulnerables, los estados fronterizos amazónicos de Brasil se han convertido en epicentros de tráfico de personas. "Tenemos una crisis migratoria en (los estados de) Amazonas y Roraima (...) Aquellos que están en la frontera son los más vulnerables", dijo Fernanda Fuentes, analista del programa ONUDC en Brasil.

Agricultores y ganaderos locales que buscan mano de obra temporal y barata explotan a los inmigrantes venezolanos, incluidos los miembros del grupo indígena Warao, afirmó Fuentes.

Van a buscar a la gente en camiones a la estación de autobús de Boa Vista y suelen ofrecer un salario de 1.000 reales (US$315) al mes, cifra superior al sueldo mínimo, dijo Fuentes. Una vez en las granjas, los inmigrantes reciben agua de arroyo y se les da un tazón de arroz al almuerzo y la cena, agregó.

Una vez que completan el mes de trabajo, son regresados a Boa Vista, pero se les paga la mitad de lo que se les ofreció. "Les dicen que debieron descontar la comida que comieron, el agua que bebieron, los gastos por mantenerlos, así que es muy diferente a lo que se les prometió cuando subieron al camión", refirió Fuentes.

Las mujeres venezolanas son más vulnerables a la prostitución forzada y a ser explotadas como trabajadoras domésticas, sostuvo.

En mayo del año pasado, la policía federal lanzó una investigación por supuesta explotación sexual a 15 mujeres en el estado de Roraima.