China. La historia de Jenna Cook comenzó el 24 de marzo de 1992, cuando fue abandonada siendo una bebé cerca de una parada de autobús en Wuhan, capital de la provincia de Hubei.

En junio de ese mismo año, Jenna fue adoptada por Margaret Cook, una maestra de primaria que vive en Massachusetts, Estados Unidos.

Jenna fue uno de los primeros 200 bebés chinos que fueron dados en adopción a familias estadounidenses. Se estima que alrededor de 80.000 niños nacidos en China han encontrado hogares en Estados Unidos, en su mayoría del sexo femenino.

Jenna siempre supo que había sido adoptada. Viviendo con muy pocos rostros chinos alrededor, la madre adoptiva de Jenna trató su mejor para cuidar de la muchacha y de su hermana más joven, que era también china y adoptada. Socializando con otras familias con antecedentes de adopción similares, pudo aprender el idioma chino y la cultura de su país de nacimiento.

A pesar del esfuerzo de Margaret para ayudar a que sus dos hijas mantuvieran sus raíces, Jenna ansiaba encontrar a sus padres biológicos.

Con 20 años, Jenna fue admitida por la Universidad de Yale, donde recibió una subvención para un viaje a China en busca de sus padres como parte de un programa de estudios académicos.

Acompañada por su madre adoptiva, Jenna en el 2012 viajó a Wuhan y logró publicar su historia apareciera en los periódicos locales. El artículo suscitó un gran interés público.

Decenas de familias se acercaron para afirmar que Jenna era su hija. Cincuenta de ellos testimoniaban haber abandonado un bebé en el mismo lugar donde Jenna fue encontrada.

Durante las reuniones de Jenna con las cincuenta familias, cada familia trataba a Jenna como si fuera su hija y le preguntaban si todo este tiempo la habían cuidado bien.

Jenna llevó a cabo pruebas de ADN con 37 familias, de los 50 que se presentaron, pero ninguno coincidía con el ADN de Jenna. Se ha informado de que Jenna ha dejado una muestra de su ADN bajo custodia de la policía de Wuhan, con la esperanza futura de encontrar a sus progenitores.