Puerto Príncipe. La tormenta tropical Tomas se acercaba a Haití, mientras la lluvia caía sobre los frágiles y atestados campamentos de sobrevivientes del terremoto que asoló la isla, que además lidia actualmente con una mortal epidemia de cólera.

Se esperaba que Tomas azote las tierras ampliamente deforestadas con grandes olas y lluvias torrenciales de hasta 25 a 38 centímetros en algunas zonas.

El Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos (CNH) dijo que Tomas, que mostraba vientos sostenidos de 100 kilómetros por hora, podría estar cerca o en nivel de huracán -con vientos de 119 kilómetros por hora- cuando su centro pase por Haití, Jamaica y el este de Cuba también podrían sentir sus efectos.

El presidente Rene Preval instó por la radio nacional a los ciudadanos a tomar precauciones y seguir las recomendaciones de evaluación. "Protejan su vida", dijo el mandatario.

"Protejan su vida", dijo el mandatario haitiano.

Cerca de 1,3 millones de sobrevivientes del sismo del 12 de enero, que cobró la vida de más de un cuarto de millón de personas en la nación más pobre del hemisferio, siguen viviendo en campamentos improvisados en lugares abiertos de la destrozada capital, Puerto Príncipe.

Algunos residentes pudieron hallar refugio con amigos o familiares en estructuras más seguras, pero la mayoría se apiñaba en sus carpas y hogares de lona mientras caía una fina lluvia.

"Estamos poniendo a los ancianos y familias jóvenes en el refugio (carpa) de la Cruz Roja", dijo Yves-Marie Sopin en un campamento para unas 5.000 personas en terrenos de la residencia del primer ministro.

Los pasajes que corren entremedio del laberinto de carpas en el campamento Acra 2, levantado en una ladera empinada, se habían vuelto intransitables debido al lodo resbaladizo y era imposible hacer algo constructivo, dijo Wilson Almoza, líder del campamento.

"Escuchamos que habrá una tormenta pero no sabemos mucho de ello y no hemos tomado las precauciones. Estamos en las manos de Dios", dijo Ave Lise Mesila, en su carpa de lona blanca.

Ella y otras dos mujeres, junto a cinco pequeños niños, estaban sentados en la casi oscuridad en su pequeña y humeante carpa entre cientos de otras en el campamento Acra 2, que se ubica en una empinada ladera en el barrio Juvenat.

Naciones Unidas afirma que la tormenta casi con seguridad agravará una epidemia de cólera que ha causado la muerte de 442 personas hasta el momento y enfermado a más de 6.700, según cifras gubernamentales.

El jueves por la noche, Tomas se ubicaba a unos 450 kilómetros al oeste-suroeste de Puerto Príncipe, y a unos 175 kilómetros al sur-sureste de la capital de Jamaica, Kingston.

Riesgos de altas mareas. Se espera que Tomas provoque grandes olas, fuertes lluvias y posibles inundaciones y deslaves en el montañoso Haití, dijo el CNH.

Horas antes, un esfuerzo por mudar a unas 2.000 personas de Corail, un campamento expuesto afuera de Puerto Príncipe y levantado por Naciones Unidas y grupos humanitarios para sobrevivientes sin hogar, fue inicialmente obstruido por moradores preocupados de que las autoridades intentaran sacarlos permanentemente del refugio.

Más de 100 jóvenes rompieron mesas puestas por trabajadores humanitarios para procesar las evacuaciones del campamento, que alberga a unas 7.700 personas y se ubica en la base de varias colinas fuera de la destrozada capital haitiana.

Los trabajadores humanitarios dijeron que la ubicación del campamento en la confluencia de varios afluentes le hace particularmente vulnerable a las inundaciones.

"Estamos molestos porque no nos han dicho hacia dónde vamos", dijo Domarcand Fenel, jefe de un comité de residentes del campamento. "La gente cree que quieren expulsarnos", añadió.

La evacuación se reanudó horas después.

"El gran temor es por las personas en montañas expuestas. Estas personas están en mayor riesgo de deslaves e inundaciones copiosas", dijo Leonard Doyle, portavoz de la Organización Internacional para la Migración, refiriéndose a los residentes de Corail.

En la base estadounidense de Bahía de Guantánamo, en Cuba, los militares advirtieron a los 174 detenidos en la prisión que se encaminaba una tormenta hacia el lugar, en el este de la isla caribeña, y entregaron suministros de agua y paquetes de comida.