La octogenaria mexicana conocida como "Mamá Rosa"  fue arrestada el pasado 15 de julio por las fuerzas federales y estatales mexicanas, al intervenir el internado que regentaba, situado en Zamora, en el estado de Michoacán, a unos 330 kilómetros al oeste del Distrito Federal.  

El operativo se llevó a cabo después de recibir las autoridades más de 50 denuncias contra la directora del albergue, fundado en 1947, por tener en condiciones infrahumanas a cientos de niños, entre los que se encontraban, desde recién nacidos, hasta hombres y mujeres que superaban los 40 años.

Según se desprende de las investigaciones y de las imágenes que han salido a la luz pública del interior del lugar, los “adoptados” por Verduzco, tanto los adultos como los menores, pernoctaban en el suelo amontonados sobre colchones sucios y sin sábanas o cobijas (mantas), junto a las ratas con las que convivían, en medio de plagas.  

Las ventanas de las habitaciones contaban con barrotes sin cristales, lo que las hacía parecer a las celdas de una prisión. Además de mendigar en las calles, comer alimentos caducados y sufrir vejaciones sexuales, los residentes en la casa hogar eran blanco de maltratos psicológicos y físicos, según se desprende de la investigación de la Procuraduría General de la República (PGR, Fiscalía), que detuvo inicialmente a nueve personas, entre ellas a “Mamá Rosa”. De las detenidas, solamente seis serán finalmente juzgadas, según ha decidido un tribunal.

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UNA REALIDAD APARTE

Los internos tenían la prohibición absoluta de abandonar  las instalaciones y, en medio de las graves denuncias que en la prensa han aparecido, Tomás Zerón, jefe de la Agencia de Investigación Criminal de la PGR, reconoció que hubo falta de supervisión en el interior del albergue, pero también del exterior.  

Lo cierto es que "Mamá Rosa" es un personaje, no solo venerado por la sociedad de Zamora por su labor de “madre adoptiva”, ya que registraba con su apellido a muchos niños que sacaba de la calle o de una futuro lleno de violencia y necesidades con padres problemáticos, sino que ha partido el país en dos, tras la inesperada aparición de personalidades del mundo intelectual, político y deportivo que han salido en su defensa.

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FIGURA CON LUCES Y SOMBRAS

Por una parte, unos defienden con los ojos cerrados a quien catalogan como un  “alma caritativa” y a la que  consideran un ángel. Mientras, otra parte de la sociedad mexicana ha quedado horrorizada con la historia y algunos no dudan en calificar a la anciana de "demonio".

Verduzco ha tenido apoyos locales y federales, e incluso un coro de la escuela participó en la inauguración del Centro Fox, en 2008, invitados por el expresidente Vicente Fox (2000-2006) y su esposa Marta Sahagún.

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Escritores como los mexicanos Enrique Krauze, Juan Villoro y Elena Poniatowska, Premio Cervantes 2013, o el francés Jean-Marie Le Clézio, Premio Nobel de Literatura 2008, así como Rafael Márquez, capitán de la selección mexicana de fútbol y el exmandatario Vicente Fox, expresaron de inmediato su apoyo a “Mamá Rosa” a través de comunicados difundidos en la prensa mexicana.

Entre otras cosas, manifestaron su indignación por el allanamiento realizado por las fuerzas del orden de la casa hogar y por la detención de su responsable.  

"Suciedad, abusos. ¿Eso merecía un operativo militar? Recogiendo huérfanos por 66 años Rosa ocupó el lugar social que dejó vacante el Estado", tuiteó Enrique Krauze.  

"La casa no era el DIF (Desarrollo Integral de la Familia) ni el IMSS (Instituto Mexicano del Seguro Social). Es una casa de huérfanos pobres y una escuela. Los padres que abandonaron a los hijos son los responsables", escribió el historiador.

“Tiene sus cosas buenas y sus cosas malas” afirmó por su parte a Efe Víctor Román, quien estuvo internado once años en La Gran Familia y que indica que  tiene mucho por lo que dar las gracias a la anciana, como el que aprendiera a tocar música, su actual forma de vida.

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En cambio para Ángel, un joven de 27 años que estuvo interno en la casa hogar 18 años, el tiempo allí fue un verdadero infierno por las constantes palizas que recibía, debido a sus incesantes intentos de escapar.  

"Era como una cárcel, todos estaban así como lo describen: un lugar sucio, los caños abiertos, los baños... un lugar así, muy mal", recordó Luis Fernando Lozano, otro ex alumno.

Entre los apoyos oficiales recibidos por “La Gran Familia” a lo largo de los años cabe destacar el respaldo económico que obtenía de la Secretaría (Ministerio) de Educación Pública y del Instituto Nacional de Desarrollo Social que, de esta forma, legitimaban su existencia y funcionamiento.

LIBRE PERO BAJO SOSPECHA

“Mamá Rosa”, que sigue en el ojo del huracán desde que saltó la polémica, fue hospitalizada tras su detención por problemas de salud, debido a una isquemia cardiaca, y puesta en libertad  tras permanecer cuatro días a disposición de la Procuraduría General de la República (PGR), que el pasado día 21 decidió no proceder penalmente en su contra debido a su deterioro físico y psicológico y por considerar que tiene “demencia senil”.

Otra de las cosas que mantiene en vilo a las autoridades mexicanas es la cantidad de niños que durante estos años nacieron dentro de la casa hogar y que esta señora hacía que fueran registrados como hijos suyos.

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“Sin permitir que los padres pudieran llevar alguna tutela de los menores argumentando que los dejaría ir al cumplir la mayoría de edad”, señala el  jefe de la Agencia de Investigación Criminal de la PGR.

Ya se han acumulado más de 150 denuncias desde que detonara la noticia y la investigación sigue abierta ante la cantidad de confesiones que se están recibiendo a diario.

La compra de menores ante notario público, el destino final que obtenía “Mamá Rosa” de las aportaciones económicas a la institución, la vigilancia del trato que recibían los ocupantes y la renuncia de los padres que ahí abandonaban a sus hijos, forman un rompecabezas para las autoridades mexicanas.

En la primera entrevista que la anciana dio tras ser dada de alta del hospital en el que fue internada, a la cadena Univisión y replicada por el diario mexicano El Universal, Verduzco señaló que la vejez le impidió ver los abusos y el maltrato que se pudo dar entre esas paredes que ella regentaba. "Mis fuerzas menguaron y hubo cosas que no pude vigilar", afirma.

Tras esclarecer detalles de su organización, “Mamá Rosa” abundó en detalles de la realidad mexicana para justificar, de algún modo, situaciones que se vivían en el recinto que durante décadas dirigió con mano firme.

"Vivimos en dos mundos diferentes. El mundo que come en los restaurantes famosos y el mundo que come las tortillas frías o los fríjoles, en un piso de tierra", recalcó.  

En la entrevista, pidió también disculpas: "Si yo les fallé con omisión de cuidados a los niños, no solo me arrepiento, sino que me duele. Y les digo: perdónenme".  

Sin embargo, interrogada sobre los barrotes en las habitaciones del centro, donde fueron rescatados casi 500 niños y niñas, dijo que los internados no eran santos.  

"No voy a correr el riesgo de que las embaracen a todas", señaló. Además, en relación a las condiciones de insalubridad del albergue, donde según las autoridades había roedores, cucarachas y chinches, Verduzco opinó que ello no era diferente a lo que pasa en otras casas y preguntó al entrevistador si nunca había visto una rata en su hogar.  

Aunque está libre, la protagonista de esta historia, que tiene 21 propiedades a su nombre y seis más con algunos de sus hijos adoptivos, no quedó al margen de las acusaciones por abusos de niños. Algunas víctimas declararon a los medios que estos actos fueron perpetrados no solo por sus asistentes, sino también por la propia “Mamá Rosa”.