Para Mario Rapoport, director del Instituto de Estudios Históricos, Económicos, Sociales e Internacionales de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires, todo este sesgo de identidad en los formatos de propiedad y crisis económicas, que atraviesan pendularmente a la Argentina, comienzan en la época de la colonia, "donde ya existían las Mercedes Reales sistema por el que españoles radicados aquí recibían tierras y producían las vaquerías o criaban animales para los saladeros que exportaban carne para alimentar a negros y esclavos".

Estas primeras experiencias económicas marcaron una impronta primero ganadera y luego agrícola, "pero siempre con perfil terrateniente", explicó Rapoport a Télam.

El investigador recordó que ya en 1876 Vicente López dijo que "no podíamos seguir teniendo sólo una explotación primaria, sino que había que empezar a transformar materias primas y hacer industrias. López advirtió algo que mantiene plena vigencia: que no podíamos pensar un país que algún día tendría 40 millones de habitantes y 240 millones de cabezas de ganado lanar".

Vicente López "entendió que eso no iba a ser un verdadero país, y por eso planteó que había que transformar esa materia prima en una producción con valor agregado y empleo para la población".

A pesar de esa mirada visionaria, "su propuesta no fue aceptada por la Cámara de Diputados porque el gobierno entendió que era fundamental la explotación agropecuaria primaria, un poco la idea que sigue existiendo hoy".

Parafraseando a Vicente López, Rapoport consideró que si bien hoy "no tenemos un desierto con 240 millones de animales; sí hay 40 millones de habitantes que no tienen los productos que merecerían disponer y transformar este país industrialmente como sí lo hicieron Canadá, Australia o Estados Unidos".

Este investigador considera que la negativa a industrializar fue "por una razón simple: ya desde la época de la colonia se habían comenzado a realizar varias campañas del desierto. Gran parte del país estaba habitado por indígenas y esa presencia impedía la explotación agropecuaria más desarrollada. Pero, al mismo tiempo, esas campañas en la Patagonia permitieron apropiarse de tierras para los futuros terratenientes".

Rapoport también incluyó en su relato el origen de la deuda externa.

Al respecto, explicó que una vez concluidos los procesos independentistas americanos, "los europeos -en especial, los ingleses- encontraron una forma moderna de colonización: el endeudamiento económico".

Recordó, entonces, cómo Bernardino Rivadavia negoció un empréstito "con la compañía bancaria de Londres, Baring Brothers, por un millón de libras esterlinas".

Ese primer préstamo considerado por Rapoport como "el padre de los fondos buitres e iniciador de la deuda externa argentina", se contrató el 1 de julio de 1824 para utilizarlo en la construcción del puerto de Buenos Aires, establecer pueblos en la nueva frontera sur, fundar tres ciudades sobre la costa entre Buenos Aires y Carmen de Patagones e instalar el servicio de agua corriente en la ciudad de Buenos Aires.

"Este empréstito fue un fracaso y un anticipo de los actuales fondos buitre porque casi la mitad del crédito quedó en Inglaterra en carácter de amortizaciones y pago adelantado de intereses", recordó Rapoport, que también explicó que el empréstito se terminó de pagar un siglo después, en 1904.

Años más tarde de la toma del crédito, la discusión sobre la ley de Aduanas en el Congreso de la Nación, en 1876, definió -consideró el historiador- aspectos vinculados al proteccionismo sobre los productos argentinos, la futura industrialización del país y el modelo exportador local.

Rapoport calificó al debate como "muy interesante" y explicó que "algunos jóvenes diputados como Carlos Pellegrini y Vicente Fidel López discutieron la nueva ley de Aduanas propuesta por el gobierno de Nicolás Avellaneda".

Estos diputados querían construir una Argentina basada en la industria textil con soporte en la lana y recordó que, en ese entonces, "el país era primero exportador de lanas rudas, sin procesar, y luego exportador cárnico".

"La lana se exportaba cruda, como ahora se exporta la soja, sin procesar", comparó con el presente.

En 1867 Estados Unidos -un mercado importante para el país- dictó la ley de Lanas que prohibió la entrada de esta materia prima a su territorio, hecho que "originó una cierta reacción contra el proteccionismo de ese país, y por eso cuando se discutió la ley de Aduanas se planteó la necesidad de tener una producción manufacturera aprovechando ese producto".

¿Por qué no se logró una plena industrialización?, consultó Télam: "Porque la Argentina continuó siendo un país agroexportador con carne vacuna, porque aparecieron los frigoríficos y los cereales, y porque nunca hubo intención de crear empresas agroindustriales que aprovecharan esos productos", concluyó Rapoport.

El contrabando en la Aduana también pareció ser "fundacional y estructural, aunque ayudó a romper el monopolio del comercio con España".

Rapoport también relacionó a las invasiones inglesas de 1806 y 1807 con ese intento de romper el monopolio español.

"Había criollos que miraban con simpatía a Gran Bretaña, un gran cliente de productos de contrabando que salían de la Aduana porteña. Sin embargo, el resultado fue opuesto al esperado porque las invasiones británicas revelaron un espíritu favorable a mantener al territorio del Virreinato como un lugar propio e independiente de otros poderes de la época y se produjo un efecto independentista inesperado", explicó.

Rapoport considera que lo sucedido desde la colonia se reproduce hasta hoy, salvo algunas excepciones como con "Irigoyen, Perón, Frondizi, Illia y otros".

Ya para la década del 70 del siglo pasado explica que se produjo un proceso de industrialización promovido por industrias argentinas creadas por extranjeros como Techint, Di Tella o Bunge y Born, y que la oligarquía local terrateniente "se interesó muy poco en ese tipo de industrias, salvo las que están muy ligadas a sus productos agrícolas".

Rapoport también mencionó a la corrupción, "un hecho también heredado de la época de la colonia" e identificó diferentes momentos y formas de este mal en el país.

"La diferencia entre la corrupción de gobiernos populares o no populares, generalmente relacionados con intereses extranjeros, es que la corrupción de los gobiernos populares se canaliza a través del Estado, porque la fuente principal de ingresos de esos sectores es el Estado", dijo.

En cambio, "la corrupción de los gobiernos vinculados a sectores conservadores y a las grandes potencias está relacionada al endeudamiento externo".

Para finalizar este diálogo resaltó la importancia de una frase que leyó en una revista francesa: “el capital internacional produce las crisis y las crea, y las crea porque de esas crisis obtiene grandes beneficios”.

Cómo impacte esas crisis en el país dependerá, siempre, de los gobiernos de turno y de las reacciones de los ciudadanos.