Los Ángeles. Cuando el político francés Dominique Strauss-Kahn regresó a su país la semana pasada, absuelto de un escándalo sexual en Nueva York, llegó sonriendo a pesar de enfrentarse a una fría recepción. Quizás debería haber ido a México.

Quizás también debieron elegir México el político Anthony Weiner, el golfista Tiger Woods, el ex jugador de fútbol americano Brett Favre, -todos estadounidenses -, y los demás involucrados en escándalos sexuales.

Un sondeo de Reuters/Ipsos publicado este jueves mostró que es muy probable o bastante probable que un 57% de los mexicanos tolere las indiscreciones sexuales de famosos y políticos.

El país latinoamericano estaba seguido por Bélgica con un 55%. En Estados Unidos, la tolerancia fue del 48%.

Francia, de hecho, aparece muy abajo en la lista con sólo un 33%, mientras que Japón es el país que menos perdona este tipo de acciones con un 28%.

En total, un 44% de los encuestados entre los 18.700 personas de más de 20 países dijo que probablemente toleraría un escándalo.

La encuesta de Reuters/Ipsos también consultó si el comportamiento exhibido en escándalos sexuales era el verdadero reflejo de las personalidades de la gente o si la fama y el poder les llevaba a pensar que podían realizar este tipo de actos.

En Francia, el 80% de los encuestados dijo que la fama es la causa principal de estos escándalos, mientras que México se divide en partes casi iguales: el 49% opina que el detonante es el poder y un 51% cree que es la personalidad.

"Hay aquí un problema de Jekyll y Hyde, y en algunos lugares el comportamiento es más aceptable", dijo John Wright, director general de Ipsos.

En los últimos meses Strauss-Kahn, ex director del Fondo Monetario Internacional (FMI) y otrora principal candidato a la presidencia francesa, se vio involucrado en un posible juicio en Estados Unidos por un presunto intento de violación a una camarera de un hotel.

La semana pasada, los fiscales de Nueva York retiraron los cargos, lo que le permitió regresar a Francia, donde se enfrentó a una fría recepción pública y a las críticas entre sus aliados políticos.

En el mundo en general, la decisión estuvo dividida, ya que el 46% opina que la principal causa de estos escándalos es el poder y un 54 sus características personales. En Estados Unidos, los porcentajes fueron del 43% para el poder y un 57% para la personalidad.