Excelsior.com.mx. Cada vez más estudiantes de instituciones de educación superior privadas ubicadas en estados del norte de México solicitan su permuta a planteles de la capital o de entidades del centro, a causa de la violencia provocada por el crimen organizado.

Estadísticas de la Universidad Iberoamericana y del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM) señalan que alumnos de los campus de Tijuana, Torreón, Tampico, Monterrey y Mazatlán han emigrado a sedes ubicadas en la Ciudad de México, Puebla, Estado de México o Querétaro para estudiar en un entorno menos inseguro.

Para el semestre primavera 2012, la Universidad Iberoamericana del DF recibió a 45 alumnos procedentes de Coahuila, Chihuahua, Baja California y Nuevo León. La migración de estudiantes del ITESM registra una tendencia similar. Datos de la matrícula muestran la caída de alumnos en los campus de Monterrey, Tampico y Mazatlán, de donde más de mil jóvenes emigraron a otros campus, sobre todo a Puebla, Querétaro o Ciudad de México.

En el Tec, la pérdida de estudiantes se generó a raíz de la muerte de dos jóvenes de posgrado en Monterrey, en marzo de 2010. El semestre siguiente a la tragedia, poco más de 500 alumnos decidieron alejarse del peligro para estudiar en campus del centro del país.

“Muchos alumnos que vienen del norte comentan que una de las razones es la inseguridad. Piden estudiar uno o dos semestres aquí”, comentó Florian Dittmar, encargado de Movilidad Estudiantil de la Universidad Iberoamericana .

Estudiantes dejan campus minados. Dos veces el fuego cruzado puso en riesgo la vida de Mariana: La primera, hace poco más de dos años, en el centro comercial Galerías Laguna; la segunda, en agosto de 2011, en el estadio de fútbol Territorio Santos Modelo. Ambas en Torreón, Coahuila, ciudad que le negó las condiciones mínimas de seguridad para vivir y para concluir sus estudios universitarios.

En 2011, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y el Instituto Iberoamericano de Derecho Constitucional demandaron replantear la estrategia federal contra el crimen organizado para evitar más muertes.

La familia de Mariana no quiso exponerse a una tercera balacera, por lo que decidió buscar un campus más seguro donde ella pudiera continuar su carrera en Comunicación. Así, en enero de este año, la joven arribó al Distrito Federal para retomar sus estudios en la Universidad Iberoamericana. Atrás quedó el campus de La Laguna, región que desde hace varios años es disputada por los cárteles de la droga.

Pero Mariana no es la única estudiante de educación superior que se ve forzada a migrar a consecuencia de la violencia generada por el crimen organizado. Para el actual semestre, la Iberoamericana del Distrito Federal recibió 80 solicitudes de alumnos del norte del país que desean estudiar en el campus de la capital, pero la institución apenas aceptó 45, número que es mayor en comparación con ciclos anteriores.

“Muchos alumnos que vienen del norte nos comentan que una de las razones es la inseguridad y la violencia en sus estados. Son situaciones muy complicadas y piden estudiar uno o dos semestres aquí”, comentó Florian Dittmar, encargado de Movilidad Estudiantil de la Universidad Ibero Ciudad de México.

Junto con otras dos amigas, Mariana solicitó una permuta a la sede de la Ciudad de México. A las tres las aceptaron, hicieron mochilas y ahora viven juntas. Pese al tráfico citadino y a elevados niveles de esmog, ellas respiran mejor… respiran menos miedo.

“Cuando llegamos aquí nos dijeron que busquemos taxis de sitio o de los que solicitas por teléfono, pero eso es nada comparado con lo que pasa en mi ciudad. Allá los amigos te hablan o te mandan mensajitos para que no vayas a tal lugar porque hay una balacera. Y estar en la calle después de las 10 de la noche, ¡olvídalo!”, relató Karla, estudiante de 21 años y originaria de Torreón, quien llegó a la Ibero DF junto con Mariana.

La decisión de ambas forma parte del éxodo de universitarios de entidades del norte a campus ubicados en el centro y sur del territorio nacional.

Cifras de la Universidad Iberoamericana y del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM) indican que alumnos de los campus de Tijuana, Torreón, Tampico, Monterrey y Mazatlán han emigrado a sedes ubicadas en la Ciudad de México, Puebla, Estado de México o Querétaro para estudiar en un entorno menos violento e inseguro.

Para el semestre primavera 2012 la Universidad Iberoamericana del DF recibió a 45 alumnos procedentes de Coahuila, Chihuahua, Baja California y Nuevo León; la mayoría de campus de la misma institución privada ubicados en Torreón o Tijuana, y algunos de universidades públicas como la Autónoma de Ciudad Juárez, Autónoma de Chihuahua y Autónoma de Nuevo León.

La migración de estudiantes del Tec registra una tendencia similar. Datos de la matrícula muestran la caída de alumnos en los campus de Monterrey, Tampico y Mazatlán, de donde más de mil jóvenes emigraron a otros campus, sobre todo a Puebla, Querétaro o Ciudad de México.

En esa institución, la pérdida de estudiantes se generó a raíz de la muerte de dos jóvenes de posgrado en Monterrey en marzo de 2010. El semestre siguiente a la tragedia, poco más de 500 alumnos decidieron alejarse del peligro para estudiar en campus del centro del país, aunque eso implicara estar lejos de sus familias.

De acuerdo con esa migración, cifras de la Secretaría de Educación Pública (SEP) indican que el campus Santa Fe del Tec de Monterrey registró un aumento de ocho por ciento en el ciclo escolar 2010-2011 comparado con el ciclo 2009- 2010, al aceptar a casi 200 alumnos más de los que ingresaron un año antes.

En el mismo periodo, el campus de Nuevo León vio un descenso en su matrícula luego de la muerte de los alumnos de posgrado Jorge Antonio Mercado Alonso y Javier Francisco Arredondo Verdugo, debido a una balacera entre miembros del Ejército y presuntos narcotraficantes.

Para la inscripción del semestre posterior al atentado, en julio de 2010 el ITESM de esa ciudad perdió alrededor de 600 estudiantes. Mientras en el ciclo 2009-2010 la matrícula superaba los 17 mil alumnos, en el siguiente ciclo bajó a 16 mil 500.

Pero la caída de alumnos no sólo ocurrió en aquel semestre de 2010, para 2011 la matrícula siguió bajando hasta perder cerca de dos mil 500, según lo señaló Rafael Rangel Sostmann, quien fuera rector del ITESM hasta septiembre del año pasado.

El día que anunció su retiro al frente de los sistemas del Tec de Monterrey, luego de 26 años de haber dirigido a la institución, el entonces rector aseguró que la inseguridad había pegado más que la crisis económica, debido a que estudiantes decidieron abandonar el campus Monterrey.

En el lapso del último año y medio, la matrícula de ese campus pasó de 17 mil a 14 mil 500 estudiantes, es decir que la matrícula se redujo 15 por ciento, y aunque aclaró que se fueron a otros campus de la misma institución, finalmente representa una pérdida de estudiantes en el corazón del ITESM.

La tragedia de hace casi dos años en el campus de la capital de Nuevo León sólo fue el detonante de la migración universitaria. La narcoviolencia en otras ciudades del norte del país expandió la migración de estudiantes hacia sedes ubicadas en entidades en las que no se habla de balaceras, secuestros o ejecutados.

En enero de 2012, Mariana, Karla y Brenda empacaron sus cosas, salieron de Torreón y decidieron aprovechar la oportunidad que les ofrece la Ibero para estudiar en otra sede de la institución. Les indigna respirar angustia, incertidumbre y miedo, porque todos los días escuchaban noticias de gente que fue asesinada en un robo o de bolsas en las que encontraron cuerpos descuartizados.

“Es horrible ver cómo en lo que era una ciudad chiquita, bonita y tranquila hoy se habla de balazos, de que levantaron a conocidos o familiares, de que cierto antro fue cerrado, que tus papás no dejan de llamarte para saber si estás bien. Te das cuenta del peligro que se corre y aunque he tomado más conciencia de mis salidas, es como una prisión”, relató Mariana con indignación e impotencia.

Antes de tomar la decisión de mudarse al Distrito Federal, las salidas con sus amigos se fueron reduciendo a fiestas privadas, cenas en restaurantes que no rebasaban las 10 de la noche y reuniones privadas.

La violencia que enfrenta Torreón muestra cómo se expandió ese fenómeno migratorio. “En los últimos tres semestres hemos percibido que vienen más alumnos del norte que en años anteriores, pero hubo un incremento mayor en el semestre de primavera 2011 (enero-mayo)”, comentó Florian Dittmar, de la Ibero.

Alumnos del ITESM campus Tampico también emprendieron la huida. En el año escolar 2009-2010 la matrícula fue superior a los cuatro años anteriores, pero en el ciclo 2010-2011 esa sede perdió casi la mitad del total de sus estudiantes, de 825 alumnos que había, sólo permanecieron 441 alumnos, igual a 53 por ciento de los estudiantes que tenía el campus.

Lo mismo ocurrió en el Tec de Monterrey Mazatlán; 62 universitarios abandonaron esa sede a finales de 2010. Un año antes la matrícula casi alcanzaba 150 alumnos, después bajó a menos de 80.

En septiembre de 2011, el sitio Universia, que engloba a miles de universidades de Iberoamérica, publicó que 40 por ciento de la matrícula en las universidades privadas más importantes de Puebla estaba formada por estudiantes de Tamaulipas, Nuevo León, Sonora, Chihuahua y Durango.

Y aunque las mismas instituciones particulares se han negado a ofrecer cifras de la movilidad en sus campus en los dos últimos años, la misma Asociación Mexicana de Instituciones de Educación Superior de Inspiración Cristiana dijo a este diario que prevalece la pérdida de alumnos en el norte del país, especialmente en Nuevo León, Tamaulipas y Coahuila.

Universidades responden con un manual. El 31 de mayo de 2010 la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES), que integra 154 casas de estudios superiores, anunció que un grupo de rectores diseñarían un manual de seguridad.

El proyecto surgió ante la necesidad de evitar tragedias como la que había ocurrido dos meses antes de hacer pública su elaboración.

Casi un año después, el 16 de abril de 2011, la ANUIES entregó a la Secretaría de Educación Pública (SEP) el primer manual de seguridad de instituciones de educación superior, a fin de instruir a los estudiantes ante hechos violentos dentro y cerca de las instalaciones de sus campus.

Los rectores manifestaron que ese manual representa la diferencia entre prevenir y lamentar un hecho trágico dentro de las instituciones ante la violencia que se vive en el territorio nacional.

Propuestas anticrimen. La participación de las instituciones de educación superior del país han contribuido con estudios y propuestas concretas en el combate al crimen organizado. Entre las casas de estudio con mayor participación en este rubro está la Universidad Nacional Autónoma de México.

- El pasado lunes 8 de agosto de 2011, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y el Instituto Iberoamericano de Derecho Constitucional, que dirige Jorge Carpizo McGregor, demandaron replantear la estrategia federal contra el crimen organizado para evitar más muertes y poner énfasis en la prevención de adicciones, generar empleos y construir escuelas.

- Al presentar el documento Elementos para la Construcción de una Política de Estado para la Seguridad y la Justicia en Democracia, los universitarios demandaron el regreso de los militares a los cuarteles mediante una “hoja de ruta” con tiempos precisos.

- El documento sugiere un pacto político y social de base amplia que permita reorientar a nuestras instituciones de seguridad y justicia para hacer frente a la crisis de violencia que enfrenta el país.

- La propuesta fue resultado de la Conferencia Internacional sobre Seguridad y Justicia en Democracia.

- El documento plantea establecer un Registro Nacional de Víctimas de la Guerra en Contra del Crimen Organizado, profesionalizar a los cuerpos policiacos y llevar a su “máxima intensidad” la persecución del lavado de dinero.

- El documento presentado también señala que el Consejo de Seguridad Nacional debe tener participación de ciudadanos, realizar un diagnóstico del sistema carcelario mexicano, y establecer programas eficaces para la reinserción de presos en la sociedad.

- El rector de la UNAM, José Narro Robles, señaló ese día que “lo que pretendemos es convocar y pedir el apoyo de todos los actores, invitar a que unidos y bien articulados derrotemos juntos al crimen, al delito y a la injusticia”.