La Paz. El presidente Evo Morales proclamó hoy la "muerte del Estado colonial" en Bolivia y prometió profundizar los cambios políticos y económicos, de línea indigenista y socialista, con un optimismo que pareció ignorar sus duros tropiezos de las últimas semanas.

En un informe de gestión, precedido por un colorido festejo indígena del primer año del llamado "Estado Plurinacional", el gobernante hizo un largo repaso de sus logros políticos y económicos, en respuesta a opositores y analistas que calificaron como fracaso a su medida estelar, la nacionalización petrolera.

Morales, quien completaba el primer año de su segundo mandato, dijo que el crecimiento y superávit sostenidos en los 5 últimos años, así como su popular política de bonos sociales, eran producto de la nacionalización de la industria que exporta gas a Argentina y Brasil, el principal negocio del país.

El mandatario indígena, en la que podría ser una nueva indicación de que pretende buscar una segunda reelección a fines del 2014, dijo que era presidente de "un Estado centralista que se va y un Estado con autonomía que llega", en alusión a su primera gestión del 2006/2009 y la que inició hace un año.

"Gracias a la rebelión de nuestros antepasados, de los indígenas en la colonia, de los obreros en la república y de algunos mestizos, llega esta revolución democrática cultural, para una descolonización definitiva", dijo Morales ante la Asamblea Legislativa, repleta de oficialistas.

Antes del mensaje presidencial, coloridas delegaciones indígenas se apoderaron de la plaza principal de La Paz en un desfile y un festival con ofrendas a la Madre Tierra.

"Hay muchas cosas que festejar, éste es un gobierno de las mayorías (...) y de los errores lo que tenemos que hacer es aprender", dijo Máxima Condori, una comerciante informal.

El optimismo de la ciudadana, coincidente con el Gobierno, contrastaba con nuevas señales de desgaste de Morales, cuyo desempeño es seguido tanto por Brasil y Argentina como por Venezuela y Cuba, cuyos gobiernos le dan un abierto respaldo.

Una encuesta de Ipsos Apoyo publicada el sábado por el diario La Razón indicó que la aprobación a Morales cayó a 36 por ciento a principios de enero, la cifra más baja en sus cinco años de Gobierno y poco más de la mitad de lo detectado hace dos meses.

La caída fue atribuida en gran parte a un fallido reajuste de precios de combustibles hace menos de un mes, que enfrentó al Gobierno con los sindicatos y otras entidades sociales.

Tras cinco años en el poder, Morales descabezó a los partidos tradicionales de centro y de derecha con una seguidilla de triunfos electorales y procesos judiciales, abriendo en cambio las puertas del poder a los indígenas, en un proceso que la oposición denunció como "totalitarismo".

El mandatario mostró en su informe el avance del régimen de autonomías y una generosa reforma de pensiones, arropados por una economía en expansión, aunque centrada todavía en la explotación de materias primas, que permitió aumentar el producto per cápita anual a US$1.810, casi el doble que en el 2005.

Pero reconoció las dificultades políticas que enfrentó a causa de un fallido "gasolinazo" de fines del 2010, con el que quiso poner fin a una costosa subvención y alentar inversiones petroleras, aunque insistió en que esa medida debía ser tomada en algún momento futuro.

Dijo que se vio forzado a anular esa medida luego de sólo 5 días, por duras protestas populares, escasez de alimentos y caos de precios, y ratificó que consultará con los movimientos sociales, su principal sostén político, sus planes de apertura a inversiones extranjeras.

También pesaba sobre Morales otro revés político de última hora: el asilo dado por Paraguay al gobernador opositor Mario Cossío, que huyó para evadir un juicio por presunta corrupción."Fue la peor derrota política externa de Morales", dijo el analista Jorge Lazarte.