Managua. El presidente izquierdista Daniel Ortega ha logrado acallar a muchos críticos en Nicaragua con un exitoso plan para atenuar la pobreza y políticas promotoras de negocios en la nación más pobre de Centroamérica.

Pero muchos nicaragüenses temen que la selección de sus amigos en el extranjero esté dañando la reputación del país y enfrentándolo innecesariamente con Estados Unidos y otras naciones occidentales.

Ortega, un ex guerrillero marxista y enemigo de Washington durante la Guerra Fría, asumió la semana pasada su segundo periodo consecutivo de gobierno tras ganar las elecciones de noviembre con más del 60% de los votos.

Fue por mucho el mayor apoyo que ha recibido desde mediados de la década de 1980, cuando encabezó el gobierno sandinista en una guerra civil contra rebeldes apoyados por Estados Unidos.

Ortega perdió las elecciones en 1990 y pasó 16 años en la oposición. En el 2006 fue electo como presidente de Nicaragua.

El mandatario sustituyó su retórica marxista con mensajes cristianos y ha trabajado con campesinos y también con líderes empresariales que alguna vez fueron sus críticos más feroces.

Pero su política exterior es muy similar a la de los años de la Guerra Fría, cuando Nicaragua estaba aliada con Rusia y Cuba.

Actualmente, su aliado más cercano es el presidente socialista de Venezuela, Hugo Chávez, quien ha utilizado ingresos petroleros para ayudar a financiar programas para combatir la pobreza de Nicaragua.

Nicaragua se mantiene cerca de Cuba y ha fortalecido sus lazos con líderes antagonistas a Estados Unidos, como el presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad.

La semana pasada, Ortega asumió en un acto multitudinario, al que asistieron Chávez y Ahmadinejad. En su discurso, criticó la "ocupación" estadounidense de Irak y Afganistán, condenó el asesinato del ex presidente libio Muammar Gaddafi y recordó al derrocado líder iraquí Saddam Hussein.

La ayuda financiera de Chávez a Nicaragua ha impulsado un crecimiento económico de la nación centroamericana y una reducción de la pobreza a alrededor del 57% de la población desde alrededor de dos terceras partes en el 2005.

Analistas estiman que Venezuela da cada año a Nicaragua US$500 millones, una suma elevada para una economía valuada en unos US$6.500 millones en el 2010.

Los nicaragüenses están contentos por eso.

"Hay más trabajo y los salarios han subido mucho. Es todo mucho mejor que antes", dijo Jaime Valverde, un despachador de gasolina de 22 años.

Pero algunos creen que Ortega realmente no está al mando.

"Si Chávez dice 'siéntate', Ortega se sienta. Si dice 'ponte de pie', Ortega se pone de pie. Ortega hace lo que le manda", opinó Esau Martínez, estudiante de 26 años.

Hay quienes desconfían de Chávez.

"Chávez tiene demasiados intereses acá. Hay electricidad, agua. Incluso construye viviendas para los pobres", comentó Juan Carlos Reyes, de 30 años, residente de Managua.

¿Sin beneficios? Irán también ofreció una importante inversión que aún no se materializa. Tras la victoria del 2006 de Ortega, Ahmadinejad prometió ayudar a financiar un nuevo puerto de US$350 millones, construir casas y colaborar en un proyecto hidroeléctrico.

El escaso avance ha despertado dudas sobre el beneficio que obtiene Nicaragua de su amistad con un gobierno que ha generado tensiones globales al amenazar con bloquear el Estrecho de Ormuz -una ruta crucial para las exportaciones de crudo- en represalia por advertencias de Occidente de imponer nuevas sanciones a Teherán por su programa nuclear.

"Estamos dejando a Dios por el Diablo", comentó Larry Ferrey, de 38 años, quien es empleado en un hotel en Managua.

Diarios locales destacaron que durante su visita la semana pasada, Ahmadinejad no respondió a peticiones de Nicaragua de condonar una deuda de más de US$160 millones.

Durante su discurso, Ortega aclamó a Irán como una gran civilización y urgió a Israel, nación que alguna vez Ahmadinejad dijo que debía ser borrada del mapa, a destruir sus armas nucleares, diciendo que bloqueaban la paz en Oriente Medio.

Las declaraciones ocurrieron días después de que el gobierno de Estados Unidos dijera que estaba dejando absolutamente claro a países de todo el mundo que no era hora de fortalecer lazos con Irán, ni de seguridad ni económicos.

Las postura de Ortega no ha hecho mella en el amplio entusiasmo en Nicaragua por Estados Unidos, donde viven decenas de milenes de nicaragüenses que envían remesas a su país.

La firma encuestadora CID Gallup dijo que un estudio mostró que los nicaragüenses están cada vez con mejor disposición hacia Estados Unidos, pese a las alianzas de Ortega.

Un sondeo de la firma Latinobarómetro mostró que 65% de los nicaragüenses tenía una opinión positiva de Estados Unidos y que el presidente Barack Obama es tan popular en Nicaragua como Chávez.

Otra encuesta de Latinobarómetro dijo que votantes en Latinoamérica colocaron a Ortega como el peor líder junto con Fidel Castro de entre 18 líderes en el continente y España, tres sitios más abajo que el año anterior.

El congelamiento de ayuda de Washington a Nicaragua tras acusar a Ortega de fraude electoral en elecciones locales del 2008 no ha tenido un gran impacto en la opinión de los nicaragüenses sobre Estados Unidos, en parte debido a la ayuda no gubernamental aún fluye al país centroamericano.

Mauricio Toledo, un ex sandinista de 50 años, dijo que Ortega ha aislado a Nicaragua.

"Daniel Ortega ha sido un amigo de Gaddafi. Ha sido un hermano de (Saddam) Hussein. Ha sido un hermano de todos estos asesinos. No necesitamos amigos como ellos", dijo.